Por Antonio Mangione* 

Esta vez, la entrevista es a Marina Cuello, psicóloga, docente universitaria en la Universidad Nacional de San Luis, auxiliar de primera en el Curso Psicología Política de la Facultad de Psicología, becaria doctoral de CONICET a unos pocos meses de finalizar su tesis doctoral, investiga las representaciones sociales de la política y de la democracia y la participación política de jóvenes en el ámbito universitario.

En esta entrevista recorremos la génesis de su proyecto de investigación, las motivaciones, su forma de ver la ciencia, en qué y en quiénes piensa cuando hace investigación. Marina es crítica y consciente de la responsabilidad que conlleva hacer investigación y rescata los procesos que la conducen desde el replanteo metodológico hasta el epistemológico, el político y el ético.

-¿En qué momento de tu carrera pensaste en otros elementos, factores y variables por fuera de lo estrictamente académico o de la vocación por la psicología?

La carrera lo hace a uno en el sentido que se van modificando mucho las intenciones, los objetivos y los sueños originales conforme a condiciones estratégicas de ciertos momentos. Mi entrada fue muy autobiográfica en algunos aspectos y muy contextual en otros.

De joven sostenía algún tipo de participación estudiantil, y cuando terminé de cursar y comencé a pensar el plan de tesis se dio en simultáneo con la participación como estudiante del cogobierno de la Facultad de Ciencias Humanas a la que pertenecía en ese momento. Para esa época –se refiere a 2007– me tensionaba mucho los discursos de apatía respecto de la participación política.

Me tensionaba pensar cómo interpelar, movilizar al estudiantado y a quienes yo representaba. La situación era que yo emperecé la universidad con dieciséis años, es decir, vote en la Universidad antes de votar a presidente. Eso para mí fue muy conmovedor, porque me sentí muy reconocida cuando yo todavía no lo había vivido en el ámbito de la política general. Esta fue una experiencia fundante para mí. Participé de talleres de vida universitaria en el ingreso y esto me ayudó a salir del termo en el que uno vivía. Lo que para mí resultaba en algo muy sencillo como un cálculo de ponderación o las funciones de un consejero estudiante en el Consejo Directivo, uno se encontraba con que no había registro entre los estudiantes.

-¿Esto te llevó a tu investigación?

Es a partir de esta y otras experiencias que me motivan a indagar, a ver qué pasaba con la participación política en el ámbito estudiantil, en tanto se tiene una mirada idealizada de las juventudes como actores sociales en los que hay una responsabilidad especial, pero en el sentido de “juventud, divino tesoro”. Por ejemplo, cuando se busca trazar una historia de la participación estudiantil, se remite al Cordobazo, a la Reforma del 18 o al Mayo francés. Sin ninguna duda tienen mucha historia y mucha participación; sin embargo, quedaron en el campo de la idealización, casi inalcanzables, sin un análisis o desgranamiento de las condiciones del momento, qué estaban haciendo, qué es ser joven, inclusive desde un lugar socialmente privilegiado.

Mariana Chaves, investigadora del CONICET, habla de los jóvenes en el centro y en la periferia de lo político, lo social, lo económico y la academia y se pregunta cuáles son las oportunidades de acción política de esas juventudes a las que se las ve como destinatarias de programas sociales del Estado, pero no cómo protagonistas.

-¿Por qué estos temas son campo de la psicología política y no de la sociología o la antropología, por ejemplo?

-La psicología política, si bien tiene una larga historia –tiene sus orígenes a mediados del siglo XIX–, no siempre ha sido debidamente reconocida. Rescata componentes o rastros de lo político en la subjetivaciones humanas o analiza los componentes psicológicos en las acciones políticas. Como consenso mínimo, la psicología política es reivindicar el lugar del conocimiento psicológico en los esquemas explicativos de los fenómenos y acciones políticas. Nos comportamos, sentimos y actuamos no únicamente por las variables que explican desde la sociología y la antropología o las ciencias políticas. Por otro lado, también intenta sostener un espacio dentro de la psicología. Un poco desde la psicología del conocimiento. A veces las ciencias políticas sostienen o reclaman tener técnicas y muchas veces están desprovistas de contenidos teóricos. Sería una suerte de resistencia.

­-Las investigaciones de este tipo ¿pueden convertirse en políticas públicas?

Podrían ser conocimientos para la confirmación de políticas públicas no sólo en cuestiones de acción política, sino también en socialización temprana, educación, en cuestiones de acceso a otras políticas públicas. Por ejemplo, el modo en el que concibo que voy a ser recibido o atendido o cualquier situación que condicione o me indique la predisposición con la que voy a ser recibido en ese espacio, la pesadez o liviandad del recorrido burocrático, van a condicionar la forma en la que los ciudadanos se acerquen a esa práctica política.

En el espacio que manejé yo en el campo de las representaciones sociales se abre un espacio amplio para conocer cómo las personas construimos el conocimiento sobre cualquier aspecto social del mundo. Por ejemplo, al mundo lo construimos a través de prácticas, lo sentimos, lo hacemos, lo reproducimos y lo enseñamos a través de prácticas cotidianas. Eso es una representación.

-En este sentido, ¿un militante político en España es lo mismo en términos de sus prácticas y concepciones acerca de la participación que un militante de Berazategui, San Luis o de cualquier otro pueblo o ciudad de la Argentina?

No. Puede haber prácticas comunes, vivencias y sentidos compartidos. Pero se puede desagregar de diversas formas. La militancia en un ámbito democrático no es lo mismo que en un ámbito autoritario. Por cuestiones de posibilidades, riesgos y esfuerzos para superar los obstáculos. En algunos casos conlleva riesgo físico la participación política. A partir de ahí se puede desagregar en particularidades de los sistemas políticos que hacen que en algunas acciones tenga sentido o no invertir esfuerzos o no. Se pueden reconocer también particularidades individuales que explican fenómenos colectivos como organizaciones sociales. Puede haber grupos que generan identidad política, al mismo tiempo que no todas las agrupaciones de personas generan movimientos sociales.

Entonces, uno se pregunta dónde está la diferencia, qué ocurrió, y de ahí la necesidad de estudiar desde el punto de vista individual, con encuestas por ejemplo. Hay diferencias en los comportamientos electorales. Sin embargo, mientras en Estados Unidos el voto es voluntario, aquí es obligatorio, y aquí tenemos una tradición cumplidora. Esta gran variación determina que tenga o no sentido poner el esfuerzo en tal o cual actividad. Las variables contextuales a nivel sistema político y régimen político determinan las diferentes acciones que las personas tienen disponibles y que consideran que van a ser efectivas como para comprometerse emocionalmente.

-¿Nos das un ejemplo?

-Silvina Brussino y Hugo Rabbia, del equipo de Psicología Política de la Universidad Nacional de Córdoba, realizaron un estudio muy interesante entre jóvenes de Córdoba capital y Marcos Juárez. Ahí se ve que las acciones que llevan a cabo jóvenes en Córdoba frente una situación de reclamo y lo que hacen los jóvenes de Marcos Juárez son diferentes.

En Marcos Juárez hay una tendencia a las acciones de contacto directo. Por ejemplo, buscar la reunión, el contacto con el intendente o con el responsable a cargo. En Ciudad de Córdoba es imposible. La burocracia, la espera, hace que sean más frecuentes las acciones expresivas. Esta expresividad se les ha asignado a los jóvenes. Sin embargo, está condicionada por lo que se puede o no se puede o se sabe hacer. Son los recursos que manejan, por ejemplo, los recitales.

Es decir, hago esto porque no puedo hacer otra cosa o porque son las cosas que hago. Los panoramas entonces son bastante más complejos de lo que un listado de medidas políticas podría indicar.

-¿Dónde te ubicás en términos políticos a la hora de hacer ciencia?, ¿en una concepción de ciencia liberal donde cada investigador o grupo hace lo que quiere o en una de un Estado presente, que interviene y fija políticas en ciencia y tecnología?

-Soy partidaria de la segunda, siempre y cuando haya una buena retroalimentación. Me parece que debe haber apoyo e intervención del Estado, con retroalimentación. Adhiero mientras se pueda evaluar y también aceitar la vía ascendente en términos de analizar lo que va surgiendo en términos de vínculos con la sociedad para revisarlo y cambiarlo si es necesario.

-¿Hacés ciencias pensando en alguien?

¿Para quién? Pienso que se traza casi como en un horizonte utópico en sentido que uno intenta acercarse, pero también se traza en un horizonte ideológico. Me preocupa mucho quién lee nuestras producciones, nuestros informes y manuscritos, que la mayoría de las veces los escribimos más pensando en sobrevivir al referato y que sean publicados en una buena revista. Además, los escribimos en forma muy endogámica. Me pregunto qué pasa cuando el texto es incomprensible para un público más amplio y qué pasa cuando lo que escribo ya no es leído.

Ahora, ¿qué pasa si lo que escribo cae en manos de alguien con ínfulas de asesor político y dice “fulana dijo que se hace esto o no se hace esto” a partir de lo que yo dije? El punto sensible de esto, por las temáticas que te toca, es que se puede asimilar a una cacería de brujas

-Eso parece precisamente hacer ciencia pensando en quién…

-Pensando en quién y pensando también en que uno no sé si puede hacerse cargo de todas las consecuencias, en principio por inimaginables, pero sí haciendo el ejercicio por lo menos. ¿Qué pasa con esto que he hecho, si se transforma en un insumo principal de ideas totalmente contrarias a las que inicialmente me inspiraron? Porque la perversidad y flexibilidad de los datos que a veces son nuestros amos es que si uno aprieta lo suficiente dicen lo que uno quiera y si uno los depura y descontextualiza pueden decir cualquier cosa.


Docente de la Universidad Nacional de San Luis.