Por Roberto Álvarez Mur

En vísperas de cumplir diez años de existencia, el Centro de Salud Sandra Cabrera de La Plata está en riesgo de desalojo por no poder pagar el alquiler. La institución contaba con un subsidio estatal para afrontar gastos que desde la llegada del macrismo al poder dejó de recibir. Cabe destacar que el Centro Sandra Cabrera es un espacio de promoción y atención de la salud orientado, de manera primordial, a garantizar el derecho a la salud de las trabajadoras y trabajadores sexuales, y es la primera experiencia dentro de este ámbito en el país, co-gestionado por la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR) y el Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires.

“Es el único Centro, no sólo en Argentina sino también a nivel regional, co-gestionado entre nuestra organización y un Ministerio, y nace de la necesidad y la problemática manifestadas en encuestas realizadas hace diez años atrás. La situación de estigma y discriminación a la que eran expuestas la compañeras en los hospitales hizo que pensemos una manera de integrarlas a la salud pública”, dijo a Contexto Georgina Orrellano, secretaria general de AMMAR a nivel nacional.

“DESDE DICIEMBRE DEL AÑO PASADO, EL CENTRO DEJÓ DE ACCEDER A UN SUBSIDIO BIMENSUAL DE 30 MIL PESOS CON EL QUE SE CUBRÍA ALQUILER Y GASTOS DE SERVICIOS. DURANTE DIEZ AÑOS MANTUVIMOS EL MISMO PRESUPUESTO. AHORA MANTENEMOS UNA DEUDA MUY GRANDE.”

“En enero tuvimos una reunión con la nueva gestión donde manifestamos una serie de inquietudes al respecto, y nos dijeron que consideraban este lugar como un gasto. Es decir, la salud de las trabajadoras sexuales es un gasto. Lo ven como un gasto y no como política de inclusión”, dijo Orellana, y agregó: “Desde diciembre del año pasado, el Centro dejó de acceder a un subsidio bimensual de 30 mil pesos con el que se cubría alquiler y gastos de servicios. Durante diez años mantuvimos el mismo presupuesto. Ahora mantenemos una deuda muy grande”. La referente de AMMAR explicó que la única alternativa que se les ofreció fue la municipalización del Centro, pero que ello haría perder el objetivo inicial de la institución donde, en la actualidad, concurren personas de toda la provincia.

Si bien luego se abrió hacia cualquier persona que necesitara asistencia, en principio el Centro fue destinado de manera exclusiva a trabajadoras y trabajadores sexuales. “Eso fue para que la sociedad dejara de mirar a la trabajadora sexual con una mirada peyorativa, negativa y estigmatizante”, dijo Orellana, quien remarcó que el Centro llegó a asistir a unas ochocientas trabajadoras por año.

El Centro contaba con infectólogos y ginecólogos, en principio, y luego incorporó asistente social, psicóloga, médico clínico, obstetra y pediatra. “Tiempo después, la asistencia de las compañeras mermó, no por algo relacionado por la calidad de atención del lugar, sino por el desplazamiento generado por la persecución de las zonas rojas y los lugares de trabajo de las compañeras, en especial en La Plata”.

“ESTE NUEVO GOBIERNO VE LA SALUD COMO UN COSTO, VE eL SALARIO DE LOS TRABAJADORES COMO UN COSTO, VE A LOS TRABAJADORES COMO ÑOQUIS. HAY UNA PERSECUCIÓN A LA ORGANIZACIÓN SINDICAL. NUESTRAS COMPAÑERAS TODO EL TIEMPO NOS DICEN QUE ENFRENTAN SITUACIONES A DIARIO CON LA POLICÍA QUE ANTES NO SE VIVÍAN Y AHORA SON UN HECHO COTIDIANo.”

A lo largo de estos años, el Centro se transformó en una referencia en la atención de grupos vulnerables, con el desarrollo de una tarea que incluso excede a la ciudad de La Plata, y extiende su área de influencia al sur del conurbano bonaerense. Además de su tarea asistencial, realiza prevención en salud a través de promotores, brindando información y manteniendo un seguimiento de los grupos con los que trabaja. Realiza un trabajo en red con escuelas, hogares de menores y centros de salud, brindando charlas y apoyando la detección de potenciales pacientes.

“Este nuevo Gobierno ve la salud como un costo, ve el salario de los trabajadores como un costo, ve a los trabajadores como ñoquis. Hay una persecución a la organización sindical. Nuestras compañeras todo el tiempo nos dicen que enfrentan situaciones a diario con la Policía que antes no se vivían y ahora son un hecho cotidiana”, dijo Orellana, y añadió: “Lo que sucede con Milagro Sala, con Hebe o con Cristina viene a marcar un precedente de cómo va a tratarse a las mujeres en un contexto neoliberal”.