Por Pablo Bilyk y Nicolás Bernardo

Mauricio Macri yo no te tengo miedo, no tengo armas, ni paramilitares, ni bombas. Sí tengo libros que jamas leíste, una mesa donde comerían mis hijos que militares asesinos a los que querés amnistiar se los llevaron, y tengo hambre y sed de justicia, cosas que no vas a conocer en tu puta vida, fascista asqueroso. Hebe de Bonafini, jueves 4 de agosto de 2016

Quisieron llevar a Hebe y no pudieron. Pero lo intentaron insistentemente. El rejunte gorila que denominaron Cambiemos ya despeja las dudas acerca de qué es: es el Gobierno de los Martínez de Hoz, de los Massot, de los Blaquier de los Saint Jean. Fascismo es una justa síntesis de esta calaña. Lo de ayer no se trató del arrebato de un juez aventurero que pretendió imponer justicia a cualquier precio en la lucha contra la corrupción. Plantear esto como lo hacen desde el propio Gobierno y desde algunos sectores de la izquierda partidaria es una muestra de cinismo y cobardía respectivamente.

Ayer presenciamos el accionar de los sectores del Poder Judicial, de la oligarquía agropecuaria, del empresariado, de la derecha política, encarnados en la Alianza, completando la tarea que dejaron inconclusa durante la dictadura. El cuadro, por supuesto, completado por las fuerzas de seguridad actuando como matones de la cuadra y no como servidores del pueblo. Aterradores recuerdos.

La persecución a Hebe es la continuidad del martirio que la dictadura les hizo vivir desapareciendo a sus hijos. Su respuesta siempre es la lucha, con la lucha nos forma y nos marca el camino para detener la avanzada fascista. Allí está nuestra fortaleza y poder indetenible. En medio del tumulto, a Héctor Recalde un compañero le preguntó “¿Qué tomás para estar tan joven?”. Recalde le contestó: “Militancia”.

Hace unos días, en la Facultad de Periodismo Alberto Sileoni recordó a Sartre: “No se combate el fascismo porque se le pueda ganar; se lo combate porque es fascista”. Esto es lo que nos enseña Hebe: nos enseña a luchar, y ayer nos dijo claramente cuáles son lo caminos para decirle a Macri “pará la mano”.

El intento de apresar a Hebe marca un signo de la matriz con la cual opera la avanzada judicial. Hebe, Cristina y Milagro Sala son víctimas de un poder misógino, clasista y cobarde. El proyecto de la derecha es la perpetuación de un poder de machos y patrones que estos meses ha dedicado sus mayores esfuerzos y su tiempo (porque para esto sí han sido veloces, para esto no piden paciencia) a la persecución de líderes populares mujeres.

Parafraseando a Néstor cuando se refería a la Alianza, este Gobierno decidió ser fuerte con los débiles y débil con los fuertes. Pero la democracia, las fuerzas populares, volvieron a demostrarle que su voracidad desatada tiene un límite y que “con Hebe no se jode”.