Por José Manuel Welschinger Lascano

Entre los principales informes que anticipan las tendencias de la economía, el posible crecimiento de la conflictividad social todavía no aparece como un factor a considerar, o como un elemento que pudiera llegar a influir sobre el devenir de las finanzas. Sin embargo, algunos analistas ya comienzan a advertir que, con el agudo crecimiento de la pobreza y el desempleo, y sin perspectivas de la llegada de políticas públicas que la contengan, la sombra del conflicto social podría regresar a la cotidianidad del país.

Reflexionando sobre la situación, el economista Agustín D’attellis comentó a Contexto: “Quizás esto tenga que ver con el sesgo ideológico de quienes hacen los informes, o con la noción de que los sindicatos que movilizaron contra Cristina Kirchner en 2015 para reformar las escalas del impuesto a las ganancias en realidad lo hicieron por su afinidad con los espacios que hoy ocupan el Gobierno”.

Para el especialista en macroeconomía, no se comprende por qué con los actuales márgenes de desempleo, la pérdida del poder adquisitivo y el desplome de los salarios, esos mismos sectores opten ahora por mantenerse en la inacción.

“Se sobreentiende que el Gobierno está negociando con los dirigentes, así como está negociando en las provincias con los gobernadores; pero esas son negociaciones muy caras para una gestión que aumentó el déficit fiscal en la medida en la que lo hizo Cambiemos, y no se pueden sostener durante todo un mandato.”

“Ya se está sintiendo en ciertos puntos del país cómo está regresando la convulsión social. Muchos intendentes del conurbano me han comentado que se incrementó drásticamente la demanda de asistencia.”

Uno de los datos comentados por el especialista está en la inminente reapertura de las negociaciones salariales para varios sectores de trabajadores. “En cuanto a los sindicatos, recién ahora están reabriéndose las paritarias; y con las nuevas cifras de inflación, reconocidas por el mismo ministro de Hacienda, van a tener que sentarse a discutir cómo resolver esa situación”.

“Ya se está sintiendo en ciertos puntos del país cómo está regresando la convulsión social. Muchos intendentes del conurbano me han comentado que se incrementó drásticamente la demanda de asistencia social, comedores, y la presencia del Estado; y si esa cuestión no es atendida, podría llegar a convertirse en uno de los principales problemas de 2017”, agregó.

Para D’attellis, si efectivamente se atienden estas demandas sociales, la medida tendría un efecto muy positivo sobre el consumo, la reactivación productiva y, por lo tanto, del empleo.

Sin embargo, advirtió: “De todos modos, está claro que el Gobierno jamás va a alcanzar los registros que ha declarado querer alcanzar en materia de recuperación. Prat-Gay dijo que la inflación iba a estar en 1.5 puntos para finales de año, y sabemos que eso es imposible de hacer. Pero ahora están allí, dirimiendo qué es lo que prefieren: una conflictividad social muy elevada o ceder algo de terreno a los sectores que sólo se vieron desfavorecidos con este Gobierno; a costa de un llegar a un déficit fiscal muy alto, o a costa de perder gobernabilidad”.

“ahora están allí, dirimiendo qué es lo que prefieren: una conflictividad social muy elevada o ceder algo de terreno a los sectores que sólo se vieron desfavorecidos con este gobierno.”

Además, el especialista consideró que las próximas elecciones legislativas serán el primer exámen para la alianza de Mauricio Macri; y que si el Gobierno llega demasiado desgastado, lo más lógico sería que cediera en las paritarias.

La cuestión sindical

Hasta el momento, Cambiemos ha conseguido evitar que la oposición se agrupara contra su Gobierno, gestionando acuerdos con las principales figuras partidarias. De todos modos, el empeoramiento de la calidad de vida se ha vuelto palpable para la mayor parte de la sociedad argentina, y esos acuerdos podrían no ser suficiente para garantizar la gobernabilidad del país.

“Por motivos políticos –opinó D’attellis–, la cuestión sindical pareciera estar aún calmada, pero si pensamos que el año pasado teníamos 25 puntos de inflación y se lo vendía como una catástrofe, mientras que hoy bajar hasta esos 25 puntos es el objetivo del Gobierno, entonces no parece que los trabajadores hayan hecho un buen negocio en las últimas elecciones”.

Para D’attellis, está claro que el Gobierno va a tener que encontrar, antes de las elecciones legislativas, el punto de equilibrio entre los intereses del pueblo y los de los sectores concentrados a los que viene beneficiando.


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