En manos de la lógica financiera: la debacle anunciada

En manos de la lógica financiera: la debacle anunciada

Primera parte de la entrevista con Agustín D’attellis. Cumplidos los diagnósticos que realizó para Contexto en febrero, el economista explicó en esta oportunidad la relación necesaria entre el aumento de la inflación y la fuga de capitales

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Por José Manuel Welschinger Lascano

La actual crisis económica generada por el Gobierno se ha convertido en un hecho irrefutable. Tal y como había anticipado el especialista Agustín D’attellis a Contexto en las primeras semanas del año, la situación del país giró 180°, regresando a un modelo económico diseñado para garantizar la especulación financiera.

“Lo que decíamos en ese momento, porque ya conocíamos a los hombres que están detrás de esta gestión económica –comentó D’attellis en esta oportunidad a este medio–, hoy quedó convalidado por los datos; tanto en los volúmenes de deuda interna y externa, como en los pagos a los fondos y los bonos que se emitieron, incluso desde las provincias”.

En suma, especificó el economista de La Gran Makro y fundador de E4D, son casi 38 mil millones de dólares emitidos en seis meses; un récord histórico para el país, y una locura.

“Durante el año pasado, el conjunto de las economías emergentes (con América Latina, Asia con China incluida, y todas las emergentes) colocaron en total 78 mil millones de dólares en los mercados internacionales; y Argentina sola, en medio año, colocó más de la mitad. Es, además, una cifra que supera las reservas declaradas por el Banco Central a principios de año, incluso contabilizando lo que este Gobierno había emitido en enero”.

Ese volumen de dinero representa compromisos que la sociedad argentina deberá enfrentar en las próximas décadas.

D’attellis prosiguió: “Entonces, lo que decíamos antes y que ahora comprobamos es que hoy estamos aumentando el nivel de deuda y financiando la fuga de capitales. Esto queda registrado en los datos del Banco Central: luego que desarmaran todos los mecanismos de control de inversiones, la balanza de pagos muestra que en los primeros cinco meses de este Gobierno salieron más de 5 mil millones de dólares de salida de capitales. En transferencias de empresas, sólo durante el primer trimestre se fueron 375 millones de dólares; cuando el promedio del año pasado había sido prácticamente cero”.

“Luego que desarmaran todos los mecanismos de control de inversiones, la balanza de pagos muestra que en los primeros cinco meses de este gobierno salieron más de 5 mil millones de dólares de salida de capitales.”

Este giro en el esquema productivo del país ya se ha visto reflejado en los análisis internacionales. El martes, tanto el FMI como la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) debieron redoblar sus malos augurios, prediciendo que durante 2016 el Producto Bruto Interno argentino sufrirá una contracción estimada en –1.5%. El año anterior, el máximo organismo de crédito internacional también había corregido sus estimaciones, sólo que en el sentido inverso; anunciando que la economía argentina crecería para 2015 casi el doble de lo que sus consultores venían calculando.

Sin embargo, el Gobierno insiste en disimular la íntima relación entre el aumento de la inflación y el crecimiento de la fuga de los grandes capitales.

“Hoy estamos en esta situación”, explicó Agustín D’attellis a Contexto: “Se perdieron todos los controles sobre los actores económicos formadores de precios con el paquete de medidas de la eliminación de retenciones, y los sectores concentrados del agro junto a unas pocas grandes industrias están trasladando sus costos a los precios, y tienen una rentabilidad muy fuerte que transforman en dólares para enviar al exterior”.

Para el especialista en macroeconomía, lo que está primando no es la lógica ortodoxa, sino la estrictamente financiera. “Los mismos economistas ortodoxos están criticando al Gobierno, porque aumentaron drásticamente el déficit fiscal (más de un 130%); y lo único que cambiaron es que, en lugar de financiarlo con políticas internas como antes, ahora lo hacen con endeudamiento externo”.

“Se perdieron todos los controles sobre los actores económicos formadores de precios con el paquete de medidas de la eliminación de retenciones.”

No se trata de un pensamiento neoliberal típico, sino una agenda de prioridades financieras. D’attellis comentó: “Haciendo un listado de los principales asesores de lo económico (no sólo en el Ministerio de Economía, sino en todas las áreas relativas), vemos que más de treinta vienen de bancos internacionales: y está claro que su cometido está en hacer pronto sus grandes negocios para el capital internacional”.

La fuga de capital

Regresando a la mecánica de la multimillonaria fuga de capitales que la sociedad está sosteniendo con la pérdida de su poder adquisitivo, D’attellis explicó: “Pensemos que Argentina hace un par de años que no genera dólares a través del intercambio comercial, y entonces el Banco Central limitaba la fuga de divisas con muchos mecanismos. Ahora, como los dólares no están y son necesarios para que se pueda generar esa renta extraordinaria de los sectores concentrados, el Gobierno los obtiene endeudando al país”. En la actualidad, el Gobierno nacional y las provincias están saliendo a comprar dólares a tasas muy altas para sostener ese negociado. “Es un esquema económico destructivo”, sostuvo el especialista.

Para finalizar, consultado por una lectura para los próximos meses, D’attellis comentó: “Luego del desastre del primer semestre, con los peores indicadores económicos que se han visto, el segundo ya no puede empeorar al mismo ritmo; porque no se puede seguir ajustando y aumentando tarifas, así como tampoco el consumo puede caer mucho más rápido de lo que ya cayó”.

De todas formas, advirtió, “que no decaiga al mismo ritmo tampoco significa que la economía esté repuntando”. Y, al respecto de cómo quedará el país cuando finalice la política de Cambiemos, el economista consideró: “Al final del camino, sólo vamos a encontrar una Argentina más endeudada, pero con un dinero que no se usó ni para mejorar la competitividad, ni para mejorar la capacidad de pago”.


 

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