Por Leandro Gianello

La asistencia financiera con la que cuentan una veintena de comedores de la región, a través de los programas alimenticios en convenio con organismos nacionales, sufre un retraso que pone en la picota el funcionamiento de los establecimientos que se encargan de la ayuda social en los barrios de la periferia platense.

Así lo indicó Susana Gómez, encargada del Hogar Pantalón Cortito del barrio de San Carlos, quien ante la consulta de Contexto aseguró “no saber qué es lo que sucedió con el depósito del dinero mensual utilizado para financiar las viandas”.

Los fondos a los que hace referencia Gómez dependen de un convenio entre Desarrollo Social y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), mediante el cual se reserva una partida de dinero para que los comedores atiendan las diferentes necesidades sociales en sectores carenciados.

“Estamos viendo qué medidas vamos a tomar”, expresó Gómez ante la situación. “Hace más de un mes que deberíamos haber recibido la plata, y debido a la ausencia de una respuesta formal debimos dar de baja a una tanda de viandas que distribuíamos en otros barrios”, indicó.

Al igual que otros comedores de la zona, “teníamos firmado el convenio correspondiente, pero desde Desarrollo Social no nos supieron informar a qué se debe el retraso ni cuándo podría estar solucionado”.

“Hay otros comedores que están en la misma situación. Nosotros atendemos a más de trescientas personas entre el establecimiento en San Carlos y el barrio El Peligro, pero ahora hay alrededor de setenta que quedaron fuera de asistencia”, explicó la encargada.

“Hace más de un mes que deberíamos haber recibido la plata, y debido a la ausencia de una respuesta formal, debimos dar de baja a una tanda de viandas.”

Ahora “queremos juntarnos con otros comedores para protestar y llevar adelante un reclamo, ya que hay veinte establecimientos padeciendo la misma situación”, advirtió Gómez, un panorama complicado al que se suma el desfasaje presupuestario en el Programa de Unidad de Desarrollo Infantil (UDI), que no se actualiza financieramente desde hace dos años.

Para paliar un poco el desconcierto sobre la llegada de la ayuda, “buscamos articular con otros establecimientos, pero es complejo por la cantidad de personas que dependen de su funcionamiento. Tenemos mucha gente enferma y necesitada, y la mayoría son chicos”, concluyó Gómez.

“En menos de un mes, pasamos de atender a 120 personas a más de 200, y mientras tanto no tenemos novedades sobre los fondos.”

Si bien hubo que cancelar raciones, los encargados del espacio aún pueden asegurar un plato de comida a más de doscientas personas, pero el retraso en los pagos puede hacer peligrar esa seguridad en el corto plazo.

“Una situación complicada”

Por su parte, Rogelio Canciano, referente del comedor Quom Llalacpi de la localidad de Romero, dijo a Contexto que “estamos en una situación complicada porque cada día hay más gente con problemas laborales” que asiste al establecimiento.

“En menos de un mes, pasamos de atender a 120 personas a más de 200, y mientras tanto no tenemos novedades sobre los fondos” que distribuye Desarrollo Social.

“Fuimos al Banco de Alimentos, pero lo que tienen disponible no nos sirve del todo, porque es en su mayoría productos dulces, y nosotros necesitamos fideos, arroz o carne”, agregó Canciano.

Además, “el Banco ahora cobra mucho más por los productos que retiramos. Por ejemplo, la última vez que fuimos pagamos 1.300 pesos más 400 de flete para llevarnos 30 litros de leche, yogur y galletitas”.

De cualquier manera, “compramos lo que podemos y recibimos de otros organismos, pero necesitamos solucionar el problema y para eso ya planteamos la idea de reunirnos los referentes de los comedores para ver qué se puede hacer”, sentenció el miembro del establecimiento ubicado en 151 y 35 bis.