Por Héctor Bernardo

El Congreso de los Estados Unidos desclasificó 28 páginas de un informe que señala la participación uno de sus principales socios en Medio Oriente, Arabia Saudita, en el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York, sucedido el 11 de septiembre de 2001 y conocido como “11S”. La participación de la monarquía saudí, que habría financiado y entrenado a parte de los terroristas, se mantuvo oculta hasta la actualidad.

Según señaló la cadena de noticias TeleSUR: “El documento confirmaría las sospechas de que los 19 terroristas implicados en los ataques de 2001, de los cuales 15 eran ciudadanos saudíes, fueron financiados y recibieron apoyo de oficiales de inteligencia saudíes de alto rango”.

El vínculo económico y geopolítico con la monarquía saudí ha sido estratégico para Washington, que nunca condenó las constantes violaciones a los derechos humanos que se llevan adelante en ese país de Medio Oriente.

El gobierno Arabia Saudita fue acusado, en varias oportunidades, de financiar y fomentar el terrorismo, entre otros casos, reclutando mercenarios para combatir en Libia, durante el derrocamiento de Muamar Kadafi, mismos grupos que hoy estarían involucrados en los combates en Siria contra el Gobierno de Bashar al Asad. Acusaciones sobre las que los líderes norteamericanos han guardado un constante silencio.

Ahora, los documentos del propio Gobierno Estado Unidos vinculan al régimen saudí con los atentados del 11S. Sin embargo, los líderes de Washington siguen eligiendo mirar hacia otro lado. La teoría del autoatentado toma cada día más fuerza.

Jorge Kreynnes, periodista y analista político internacional, aseguró: “Hubo numerosas denuncias señalando que el ataque a las Torres Gemelas fue un autoatentado. Además, se sabe que la familia Bin Laden es de la élite saudí. La alianza entre Arabia Saudita y Estados Unidos es ampliamente conocida”.

“No hay que olvidar que, como consecuencia de ese ataque, Estados Unidos lanzó lo que denominó la guerra infinita y, con la excusa de combatir al terrorismo, se autoadjudicó el derecho a violar todas las leyes internacionales”, remarcó.

La excusa perfecta

Kreynnes también señaló: “Que hayan dejado pasar tanto tiempo para desclasificar esta información forma parte de la trama que, con la complicidad de los grandes medios de comunicación, armaron para justificar todo lo que vino después de los atentados”.

En la misma línea, el especialista en política internacional Rafael Araya Masry afirmó: “Este encubrimiento se inicia el día 12 de septiembre de 2001, al otro día del atentado, cuando más de ochenta miembros de la familia Bin Laden salen del territorio de los Estados Unidos y, en un vuelo secreto, regresan a Arabia Saudita”.

“Cabe recordar que en ese momento el espacio aéreo de los Estados Unidos estaba clausurado y controlado por la Fuerza Aérea norteamericana. Pero la familia Bin Laden era socia del entonces presidente George W. Bush en empresas constructoras y petroleras”, completó.

“La desclasificación de estos documentos es un paso adelante en la búsqueda de la verdad, que no es lo que nos han querido contar durante todos estos años. La verdad cruda indica que esto es una conspiración mucho más grande de lo que se nos ha querido vender, de esa versión que el Gobierno norteamericano prolijamente ha intentado imponer”, afirmó Araya Masry.

Luego agregó: “Hay que recordar que ese atentado fue la excusa perfecta que el Gobierno del presidente Bush encontró para ir a Medio Oriente por el petróleo, atacar Afganistán y luego contra Irak”.

Por último, Masry remarcó: “Entre Estados Unidos y Arabia Saudita hay un vínculo económico muy importante. Las grandes petroleras de Estados Unidos operan en las costas de Arabia Saudita y la monarquía saudí compró parte de los bonos del tesoro norteamericano”.

“De hecho, cuando se supo que el Congreso norteamericano exigía al presidente Barack Obama la descalcificación de estas 28 páginas del informe bicameral, el ministro de Relaciones Exteriores de Arabia Saudita amenazó al Gobierno norteamericano con exigir el cobro inmediato de esos bonos, lo cual sería un golpe duro para la economía norteamericana”, concluyó.