Por Silvia Montes de Oca 

La convocatoria del movimiento de Científicos y Universitarios Autoconvocados (CyUA) logró que más de quinientas personas se reunieran en una cita a la que no faltó nadie. El reconocido biólogo molecular Dr. Alberto Kornblihtt habló en representación del colectivo Ciencia y Técnica Argentina (CyTA) y varios de sus integrantes participaron de las sesiones de trabajo.

El primer fin de semana de julio estuvo gris y temperamentalmente lluvioso en Buenos Aires. Sin embargo, la asistencia al Encuentro Nacional de Ciencia y Universidad superó todas las expectativas de participación. La sede fue la Universidad Nacional de Avellaneda, donde estudiantes, graduados y científicos participaron de paneles y plenarios. Debatir, conversar y consensuar acciones e ideas fue el trabajo durante dos días completos, sobre la base de un diagnóstico común: “Estamos frente a una película que es mala, que todos conocemos y que termina aun peor. Frente a eso, nos reconocernos como un actor político y en esa constitución queremos poner sobre la mesa lo que tenemos para decir respecto de cómo la alianza Cambiemos viene llevando adelante una ofensiva en un tiempo récord, dentro de un contexto que es también latinoamericano, regional y continental. Tenemos conciencia de este momento como un hecho histórico que solamente se puede confrontar y articular en la lucha, con acción y en unidad”.

El trabajo en comisiones, divididas por temática –Ciencia-Universidad y Sociedad; Ciencia-Universidad y Estado; Historia y actualidad de las políticas científicas y universitarias; Condiciones de trabajo en la ciencia y la Universidad–, tuvo un momento para repudiar el golpe asestado al Gobierno de Dilma Rousseff en Brasil y consecuentemente a las políticas en CyT. Un espejo que se mira con atención.

Los “autoconvocados” (CyUA) son un actor nuevo en el panorama de la ciencia y la Universidad argentinas. Nuevo en cuanto a su temporalidad, porque nació hace siete meses. Pero quienes lo integran representan a las generaciones que pasaron la Noche de los Bastones Largos, en el 66, la pasada dictadura y la crisis de 2001. En conjunto, traen consigo una tradición asamblearia, su bagaje de práctica política y sus distintas experiencias de participación.

En esto coinciden los doctores en Antropología Nuria Giniger y Hernán Palermo, y la Dra. en Sociología, Paula Lenguita, que tuvieron a su cargo tanto la apertura como el cierre del masivo encuentro y fueron parte principal de la organización. Los tres son investigadores en el Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (CEIL), una de las unidades ejecutoras del CONICET que pertenece al área de ciencias sociales.

-¿Cómo caracterizan esta época y el modelo de intervención que ustedes proponen?

P.L.: Por un lado, Autoconvocados tiene una vida propia y a la vez de mediano plazo. Pero, sin ser ingenuos, creemos que se necesita una reconfiguración de la militancia, de la lógica del dirigente, de nuevas formas de acercamiento, más generosas, que permitan acercarse a aquellos que sentimos o vemos como distintos para construir acuerdos en unidad porque no tenemos más margen. Dimos un salto cualitativo porque en este encuentro se acortaron las distancias generacionales y las jerárquicas.

H.P.: Por eso coincidimos en que hay que correrse de las mezquindades: políticas, ideológicas, personales. Tener un gesto de grandeza y entender que al macrismo se lo enfrenta en unidad: con todos los espacios, con todas las organizaciones, con todos los investigadores, con las listas de graduados y estudiantes, con todos los gremios. Ese es nuestro norte y a la vez implica un doble juego: por un lado, romper las barreras del propio espacio corporativo científico que son estamentarias, feudales… tenemos hasta esto del prestigio. Reconocernos como trabajadores de la ciencia y la Universidad es un esfuerzo gigante para muchos. Tuvimos a un (Roberto) Salvarezza (ex presidente del CONICET – Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) o a un Jorge Aliaga (ex decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA) –ambos pertenecientes al colectivo CyTA: https://cienciaytecnicaargentina.wordpress.com/acerca-de/)– debatiendo en comisiones con un investigador asistente o un simple becario, en situación de horizontalidad absoluta. Para nosotros, esa es una de las claves del diálogo.

P.L.: Por otra parte, tuvimos que aprender a ponernos en un lugar distinto, porque los científicos tienen sus propios lenguajes. Un físico tiene una mirada del mundo que no es la de un antropólogo o un biólogo. El otro desafío, más que unir esos lenguajes para llegar al diálogo, es poder compartir y articular esas cosmovisiones originalmente muy diferentes: de la política, del otro, del pueblo, de lo popular. Diálogos que a veces se dan en tensión, pero que estamos pudiendo entablar y que forman parte de encontrarse en la diversidad.

N.G.: Lo que finalmente nos une es la política y eso también te acerca al lugar de trabajador de la ciencia y de la Universidad, dos sistemas que crecieron enormemente los últimos años. No es lo mismo formar parte de un organismo de 1.500 personas que uno de 25 mil, donde la dimensión del trabajo cambia rotundamente. Si cuando tenías 1.500 podías seguir pensando que eras más parecido a un juez que a un trabajador, con 25 mil esa visión se pone en jaque. Las Universidades públicas, nacionales y provinciales, también crecieron en estos años y con ellas, las peleas docentes, las de los sindicatos. Hoy, como científicos, como universitarios y como trabajadores tenemos un elemento de unidad: el tremendo ajuste hacia nuestro sector y hacia el conjunto de la sociedad, dentro del cual nosotros somos un sujeto más con especificidad propia. Y eso nos obliga también a construir un lenguaje que nos identifique, porque nosotros estamos pagando el costo de ser el “paraguas” de muchos sectores. Existen distintas concepciones del momento histórico y eso hace que por mezquindades, sectarismos o lecturas diversas tengamos gente que aún no se suma al espacio o se corre. Este encuentro del 2 y 3 de julio fue nuestra carta de presentación y necesitamos que muchos de los que no estuvieron nos acompañen. Nosotros vamos a seguir insistiendo en que a la mesa de diálogo entre todo el mundo, porque esa es nuestra iniciativa y nuestro ADN.

-¿Cuál es la lectura política que hacen de las razones de estos corrimientos o falta de incorporaciones al espacio, si bien la lectura de adhesiones en el inicio del encuentro tomó cerca de cinco minutos?

P.L.: Al principio teníamos miedo a cierto voluntarismo y a las iniciativas constantes e inerciales de nuestra parte. Sin embargo, vemos y leemos el proceso histórico desde un lugar con responsabilidad, por eso nos interesa tener diálogo con todos los sectores. Para nosotros, desde lo particular y desde lo colectivo, lo “popular” no forma parte de otra cosa ni está en otro lado. Pero nos debemos un balance respecto del tiempo que pasó. Como diría el vicepresidente de Bolivia, (Álvaro) García Linera, debemos pensar en “redistribución con politización”. No se trata de tener discursividad sino organización. Si se redistribuye la riqueza pero se despolitiza a la sociedad, la derecha recupera la ofensiva. Por esa misma razón nos autoconvocamos en tiempo real, en ese mes que transcurrió alrededor del balotaje, porque no encontrábamos dirección en medio de un escenario que sabíamos lo que traería. Sobre esa vacancia cabalgamos ahora. Si estamos pensando que hay que politizar, eso implica necesariamente organizar.

-¿Cómo incide la diferencia generacional en la visión histórica?

P.L.: Nos duele que el 60% de los jóvenes, primera generación de estudiantes universitarios en la familia que accede a las aulas de las Facultades que se crearon durante el anterior Gobierno, hayan votado a Macri. Pero algo no se supo decir, no se escuchó o no convocamos. Y es ahí donde hay que hacer un esfuerzo concreto. No se trata de una cuestión ideológica o altruista, sino de llegar a quienes no entienden lo que implica tener una Universidad, un proyecto, una oportunidad…

H.P.: Yo soy docente de la Universidad de Florencio Varela. Cuando discutíamos en la previa de las elecciones presidenciales de 2015 la intención del voto, con mis alumnos hicimos un simulacro con urnas y todo. Ganó Vidal. Cuando les pregunté si imaginaban que podían perder el libre acceso a la Universidad, así como otros derechos, decían que no. Son muy jóvenes y ni siquiera recuerdan el estado de sitio que imperó en 2001. Ellos, a diferencia de nosotros, no tienen ese recuerdo en la memoria. Y no entra en su comprensión que se puedan perder derechos que ellos ven como adquiridos para siempre. Que la Universidad se privatice, se desfinancie o desaparezca. Desde 2011, si algún chico dejaba de ir a clase, la Facultad tenía previsto todo un andamiaje para evitar la deserción del alumno. En la primera parte de este año ya quedó fuera la mitad de mi curso, algo que no había pasado hasta ahora. Ya sea porque perdieron el trabajo, porque ir a la Universidad es costoso, porque hay que pagar los apuntes o tener plata para un refrigerio. Entonces, ahí hay un problema: no haber visto que la idea de un cambio podía incluir la pérdida de derechos.

N.G.: Y también ahí está la clave. Los derechos no son cosas dadas. Los derechos se conquistan a través de la lucha y se defienden. Se convierten en ley y eso sólo se logra con organización. El hecho de poder comprender que los derechos se defienden y se hacen efectivos en la medida que la organización crece es un elemento que no está y que hay que seguir trabajando en el sentido común. De hecho, estamos discutiendo nuevamente cosas como el ingreso irrestricto o la gratuidad de la enseñanza. Nuestra generación se acostumbró a militar con el Estado como enemigo. Nos infiltraban, nos sacaban fotos… –Estábamos como a la intemperie, agrega Paula–. Luego, durante muchos años se militó con el Estado al lado, como estructura, y muchos compañeros de esa generación hoy están desorientados.

-¿A quiénes les falta sumar?

N.G.: Todavía, hay una parte del movimiento sindical universitario que no nos acompaña. Algunos centros de estudiantes sí están participando. Son actores centrales con los que hay que acercar posiciones, tenemos que dialogar. Hay un montón de estudiantes que aún están desorganizados, sueltos.

P.L.: Con independencia de cómo continúe en el tiempo nuestro trabajo, hay que organizarlos “desde abajo”. Llegar a los chicos y llegar a estas primeras generaciones de universitarios. Que entiendan su lugar en la historia. Curiosamente, se invierte lo que está en el imaginario respecto de que son los más jóvenes los que tienen la urgencia por modificar este estado de cosas. Ellos se muestran ahora más mesurados que los científicos con más años dentro del sistema.

H.P.: Porque, encima, si miramos hacia la dirigencia, hay más desconcierto que otra cosa. Por eso es un trabajo en varias dimensiones. Mirando hacia los costados pero construyendo desde abajo.

-¿Lo piensan como base de sustentación?

N.G.: No en términos de asumir que hay un “arriba” y un “abajo”. Sí en términos de una construcción que a modo de pared de ladrillos se levante entre las políticas de ajuste y el pueblo argentino.

P.L.: A la vez, no podemos ser ingenuos y hay que ver qué se hace electoralmente. Si vemos una silla vacía la vamos a ocupar, pero no es ese nuestro objetivo principal. Se trata de organizar a quienes aún no encuentran pertenencia. Y hay que construir ese puente porque no estamos en condiciones de despreciar nada.

-¿Cuál es la estrategia en el corto plazo?

N.G.: Participar en la marcha federal que está convocando la CTA y las organizaciones sociales y políticas y sindicales para el 17, 18 y 19 de agosto. El otro objetivo que surgió del Encuentro es la construcción de un Frente donde todos estos espacios de ciencia y Universidad confluyamos en una herramienta política; donde estemos todos en pie de igualdad, cada uno desde su trayectoria, su tradición y su experiencia, en un mismo espacio que pueda golpear sectorialmente y a nivel nación. El modo de participación en cada uno de estos espacios será como el colectivo resuelva. En principio salimos del Encuentro Nacional con esos consensos, pero la realidad es que se va haciendo camino al andar. Veremos cómo se tramita esa unidad.

Los científicos pueden articular políticas. Alberto Kornblihtt, del grupo CyTA: “necesitamos saber cómo salimos, cómo seguimos y como avanzamos”

El investigador reconoció durante la apertura del Encuentro: “Es reconfortante ver caras conocidas y una mezcla de generaciones, donde los más jóvenes están dispuestos a revertir situaciones complejas. Yo pertenezco a un grupo (https://cienciaytecnicaargentina.wordpress.com/acerca-de/) integrado por una serie de investigadores, tecnólogos y universitarios que se formó a comienzos de año como consecuencia de la asunción de este nuevo Gobierno. Muchos de nosotros estamos acá porque nuestro grupo convocó y adhirió a este encuentro”.

Kornblihtt aprovechó para leer unos tramos de la declaración del grupo CyTA a propósito del Bicentenario (https://cienciaytecnicaargentina.wordpress.com/2016/07/07/ciencia-y-tecnologia-en-el-bicentenario), tras lo cual afirmó: “El ajuste no sólo afecta a los sectores de menor poder adquisitivo, sino a los sectores de clase media, con nuestros salarios un 10 o 15% por debajo de las paritarias. Algo que el actual gobierno puede hacer porque cuenta con el apoyo del establishment nacional e internacional y la mayor parte de los medios concentrados, tanto escritos como audiovisuales. En esto, es instrumental la liquidación de la Ley de Medios. El apoyo de la corporación judicial, que es conservadora y que ha sabido cooptar legisladores supuestamente opositores y propiciar medidas restrictivas a las libertades públicas como es el nuevo protocolo de seguridad. En el tema de la corrupción tampoco miramos para el costado o no utilizamos el pensamiento crítico. No avalamos ni el robo ni el aprovechamiento delictivo de la función pública”.

También señaló que para el grupo CyTA el análisis de la actual coyuntura contempla tres aspectos. “Primero, un contradictorio autodesprestigio que se puede apreciar en el informe del Gobierno “El estado del Estado” (www.casarosada.gob.ar/elestadodelestado/cultura-innovacion.html#ciencia), en el cual las propias autoridades que participaban de la anterior gestión empiezan a hablar de la inviabilidad del CONICET, que no estaban tan apoyadas por el Gobierno nacional, sino que tenían dificultades para llevar adelante sus planes y que no recibían el apoyo económico correspondiente. Esto va de la mano con una autojustificación del ajuste que ya llegó al sistema de CyT, a través de la reducción del poder adquisitivo de las becas y de los salarios; tanto de investigadores y personal técnico-administrativo como en la actualización insuficiente de los subsidios, que ha caído a más de la mitad. Para los que hacemos investigación en laboratorio, los insumos que nosotros necesitamos son importados y están dolarizados”.

“Por otro lado –continuó Kornblihtt–, hay un discurso perverso que pretende cambiar las políticas de ciencia que tienen que ver con el desarrollo de empresas estatales por una ciencia y tecnología pensada como salida individual por parte de quienes se doctoran en ciencias, cuya expresión es el emprendedorismo”. Finalmente, el investigador del CONICET y Prof. titular de la UBA se refirió a proyectos cuyos recortes son los que consideran más perniciosos, como es el caso de ARSAT, el INVAP y los proyectos de energía. “Estos no sólo se acortan, sino que afectan la soberanía que tiene que ver con la ciencia y la técnica y el fomento del trabajo en las pymes y en las Universidades públicas”.