Mario Oporto es conocido públicamente por haber ocupado, en los últimos doce años, altos cargos en la política argentina, como ministro de Educación bonaerense, primero, y diputado nacional por el Frente para la Victoria, después. Pero también es profesor de Historia, escritor e intelectual del campo popular. Con todo eso a cuestas, fue autor de De Moreno a Perón. Pensamiento argentino de la unidad latinoamericana, donde repasa cómo fueron las ideas de integración regional con el correr del tiempo, desde 1810. Desde esa perspectiva, fue consultado por Contexto sobre el Bicentenario de la Independencia.

-¿Qué se discutía en aquel momento?

-Para recordar aquella gesta hay que tener en cuenta algunos datos clave. En primer lugar, paradójicamente, el Congreso de Tucumán se inicia un 24 de marzo, 160 años antes del golpe militar no sólo más sangriento sino el más contrario a las ideas de la Independencia que se recuerden. En segundo lugar, hay que marcar que, hasta que se declare la independencia, las dos cuestiones que se discutían son la unidad territorial y la forma de gobierno a adoptar.

-¿Ya se pensaba en lo regional?

-Cuando se hablaba de territorialidad, se pensaba en algo más grande que los Estados nacionales actuales. Había delegados del Alto Perú. Estaba San Martín, que era gobernador de Cuyo y que con sus diputados proponía la independencia mientras preparaba el avance hacia Chile.

-Por ese entonces, poco se hablaba de Argentina.

-Cuando se habla de independencia argentina hay reduccionismo. Por eso hay que leer el acta, donde se expresa la voluntad de no depender de ninguna potencia extranjera por parte de las provincias unidas de Suramérica. Era plantear la independencia de un territorio mayor al que hoy pensamos. Vale la pena decir que esa acta luego se discutió con los pueblos y se hicieron impresiones en tres lenguas, en castellano, quechua y aymara. Me parece que el anticolonialismo y el sudamericanismo es lo que marca la esencia de aquella acta independentista.

-¿En qué medida el 9 de julio fue una continuidad del 25 de mayo de 1810?

-Los patriotas leían a los europeos desde lo criollo, desde un españolismo, y la revuelta de 1810 tuvo mucho de altoperuano, de criollo, de mestizo, porque los protagonista habían estudiado ahí, como Moreno, Castelli y Monteaguado, y después eso va seguir en 1816 con San Martín, con Belgrano, que proponía una monarquía incaica. Pero lo fundamental es que, después de la caída de Napoleón y la restauración monárquica, se dan cuenta de que no pueden seguir gobernando en nombre de Fernando VII y peleando contra Fernando VII.

-San Martín juega un rol muy importante, un rol político y no militar.

-La historia mitrista construyó un San Martín militar, sin política, como construyó una Argentina sin pasado indígena, una Argentina blanca, europea, con poca visión latinoamericana. Y eso se transmitió a lo largo de la construcción de la nacionalidad argentina. Sí, San Martín ahí actúa como un político, está gobernando Cuyo, está con una estrategia para liberar a Chile y a Perú. Y después va a llegar hasta Lima, va a gobernar el Perú.

-¿Qué período se abre después de la declaración de la Independencia?

-En 1816 comienza una pelea por la forma de Gobierno que en los diferentes países va a tener diferentes formas: unitarios y federales, blancos y colorados, liberales y conservadores. También comienzan las guerras de emancipación, las guerras civiles, las guerras entre países y los enfrentamientos antiimperialistas. Eso se da en el marco del debate de cómo construir una sociedad moderna. En ese momento es muy importante el aporte que hace el interior, con la idea del federalismo, de la industria nacional, más ligada a la región que los centros de poder mundial.

-¿La época que arranca en 1880 es donde más retrocede esta idea gestada en Tucumán?

-Se consolida el capitalismo dependiente, con la ocupación de territorio nacional completo con la llamada Conquista del Desierto. Se consolida un modelo agroexportador. Es el momento donde mejor se expresa esa antinomia puerto de Buenos Aires-interior. Con la llegada del radicalismo aparece un reformismo democrático. Por eso la paradoja es que ahora ese partido que nació contra los conservadores sea un aliado del PRO. Lo mismo pasa con el Partido Colorado en Uruguay.

-¿Con el primer peronismo aparece otra vez con fuerza la idea de soberanía?

-Es que la cuestión nacional, la posibilidad de lograr mayores márgenes de autonomía o de independencia, se tiene que resolver con la unidad continental. Pero antes, la generación de 1900 había sido antiestadounidense, y los muchachos de FORJA más adelante iban a ser más antiingleses. Por eso la independencia no es una fecha o una conmemoración histórica, sino que es una continuidad de doscientos años que está vigente. Porque no hemos logrado la independencia ni la unidad regional como aquella acta lo pedía. El pasado está muy vigente, no cómo pasado sino como programa.

-Hace poco también se vivió un período de mucha intensidad con respecto a las ideas de integración.

-Uno no puede mirar la historia como una meta que, cuando se alcanza, se termina. Sino que la lucha de los pueblos se va dando con conquistas lentas de las que es difícil hacerlos retroceder. Se van dando avances y retrocesos. Igualmente, han quedado cosas que no van a poder borrar un par de gerentes, como por ejemplos la recuperación de derechos que se dió en casi todos los países de la región.

-¿Cómo será este Bicentenario?

-Este Gobierno tiene una visión de la historia aunque quiera aparecer indiferente hacia al pasado. Este Gobierno recuerda los momentos cuando la Argentina era una floreciente colonia. El macrismo maneja la idea de colonia próspera, a pesar de lo contradictorio de esta propuesta. Este Bicentenario no se plantea la anticolonialidad y tienen una idea de imitar a los países exitosos de espalda a Sudamérica. Lo que pasa es que esos países fueron exitosos porque tuvieron colonias y no creo que nosotros podamos hacerlo ahora.