Por Gabriela Calotti

Bajo la consigna “Pase a planta, sí se puede” que dejaron inscripta en las paredes exteriores de la Secretaría de Cultura provincial, trabajadores del Teatro Argentino y de otros ámbitos de la cultura provincial, como la Comedia de la Provincia, se concentraron ayer frente a ese organismo para reclamar la derogación del decreto 618/16 firmado a fines de mayo por María Eugenia Vidal. Ese decreto congeló por un año el pase a planta permanente y las designaciones transitorias en todas las jurisdicciones y organismos de la Administración pública, excepto el personal docente, la Policía y el servicio penitenciario.

“Queremos que nos den una respuesta sobre el pase a planta. Nosotros deberíamos estar integrados en el tramo referido a la educación”, explicó a Contexto Carlos Poblete, delegado de la junta interna de la Secretaría de Cultura provincial y técnico del Teatro Argentino desde hace dieciséis años, al referirse a las excepciones del dichoso decreto.

El Gobierno bonaerense justificó su decreto en que busca “superar las insuficiencias de recursos económicos y financieros tendientes a sanear el déficit fiscal”. Con fecha del 30 de mayo, dicho decreto consideró lisa y llanamente que se preservarán “siempre los servicios esenciales”, que al parecer no contemplan a los trabajadores de la cultura.

“Hemos pedido reuniones con el secretario de Cultura provincial, Alejandro Gómez, y no nos dan audiencia. Ni siquiera nos llaman a una mesa técnica”, aseguró Poblete en la esquina de 5 y 47, frente a la Secretaría de Cultura, antes de precisar que en esta ocasión los recibió la “telefonista y nos dijo que tenemos que volver a presentar un pedido formal de reunión”.

El delegado indicó que en el Teatro Argentino, que cuenta en total con unos novecientos trabajadores, entre músicos, cantantes, bailarines, actores, escultores, pintores, escenógrafos, técnicos, administrativos y trabajadores de mantenimiento, “460 deberían pasar a planta permanente porque ya revisaron sus expedientes”, que “están sanos y limpios y no son ñoquis”, sostuvo. “Otros sesenta compañeros contratados siguen trabajando pero desde diciembre no cobran”.

“Estamos denunciando la falta de planteles, de estructura y de regulación”, explicó por su parte Julio Ricciardi, quien desde 2004 trabaja en el Taller de Escultura del Teatro Argentino.

Ricciardi recordó que al anunciar en diciembre pasado la creación de la Secretaría de Cultura de la Provincia en reemplazo del Instituto Cultural bonaerense que dirigía por entonces Jorge Telerman, cuyo nombre circulaba este miércoles como posible sucesor de Darío Lopérfido en el Ministerio de Cultura porteño, el propio Gobierno macrista “se dio un plazo de seis meses para crear los planteles y la estructura” del Teatro Argentino.

“Ese plazo ya está agotado”, sostuvo Ricciardi, quien reivindicó la tarea del Argentino como un teatro de producción propia “a la altura del Teatro Colón”, poniendo en escena obras de altísima calidad, pese a la situación laboral de sus trabajadores.

Entre los manifestantes se encontraban varios integrantes de otro destacado espacio de la cultura bonaerense, la Comedia de la Provincia, que desde enero fueron trasladados a la Biblioteca provincial. ¿Y qué hacen en la Biblioteca de la provincia?, preguntamos. “Leemos textos, tratamos de ensayar un poco, nos ayudamos con algunos proyectos que desarrollamos por nuestra cuenta, pero no estamos preparando ninguna obra”, explicó consternado Marcelo Allegro, reconocido actor de la Comedia que funciona en la calle 12 entre 63 y 64.

“Estamos haciendo el aguante”, aseguró Allegro luego de explicar que los ocho actores permanentes de la Comedia –entre los cuales figuran docentes, directores de teatro y dramaturgos– fueron designados por ley, pero la actual gestión dio marcha atrás. “Presentamos una cautelar y la sentencia fue favorable, pero no se cumple y desde fines de diciembre no cobramos”.

Los trabajadores de la Cultura que se concentraron frente a la secretaría, cuyo responsable no se encontraba en el edificio, también protestaron por los descuentos por los días de paro que llevaron a cabo.

“Es muy frustrante –agregó Allegro–, porque no se toma ninguna resolución, pese a que propusimos muchísimos proyectos a la Secretaría”, en cuyas paredes se pintaron globos negros en lugar de los típicos amarillos que identifican al macrismo y a su “revolución de la alegría”.

El Teatro Argentino, un proyecto que arrancó a fines del siglo XIX y se convirtió en una de las salas de estilo renacentista más célebres de la región, presentó su primera obra en 1890. En 1977, en plena dictadura cívico-militar, un misterioso incendio lo destruyó por completo. En 1999 volvió a abrir sus puertas, pero con un estilo arquitectónico completamente diferente y para nada acorde al estilo de los edificios públicos de la ciudad. Cuenta con una superficie de 60.000 m2 con salas independientes, áreas de ensayo, camarines y talleres. Al menos los espacios abiertos al público, los últimos años mostraron un franco deterioro de uno de los teatros más importantes del país y de América Latina.