Por Samuel Gallego*

Con la firma de los acuerdos sobre el cese bilateral y definitivo de hostilidades, además de la dejación de armas, el Gobierno nacional y las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) han dado un paso definitivo e irreversible, con el que ratifican no sólo que no hay marcha atrás para la paz, sino que el anhelo de millones de colombianos de acabar más de sesenta años de guerra muy pronto será una realidad.

Ha pasado algo más de un año desde que en este mismo espacio se relataron las incidencias y las conclusiones del “II Foro por la paz de Colombia: Justicia social, democracia y soberanía. Por una Latinoamérica libre de militarismo”, evento que tuvo lugar en la ciudad de Montevideo (Uruguay) y cuyo objetivo fue precisamente dialogar sobre la importancia de alcanzar una paz estable, duradera y con justicia social, no sólo para Colombia, sino para toda América Latina. Dicho foro permitió evidenciar el amplio respaldo, apoyo y acompañamiento que todos los países de la región, y la mayoría de naciones del resto del mundo, han manifestado a los diálogos que se realizan en La Habana (Cuba) desde noviembre de 2012, así como la importancia de este suceso para el continente y el planeta.

Hoy, un año después de aquel encuentro en Uruguay, los hechos que han acontecido desde ese entonces nos dan la razón, porque más allá de las dificultades propias que trae dialogar en medio de la confrontación armada, las amenazas y las presiones hechas por aquellos que neciamente insisten en perpetuar una guerra absurda, valiéndose del miedo y la desinformación, las partes que están sentadas en la Mesa de Conversaciones y la mayoría de colombianos se han mantenido firmes en la convicción de que para lograr la transformación del país es fundamental silenciar las armas y terminar definitivamente este conflicto armado que ha acabado con la vida de miles de colombianos.

Por esta razón, al saber que las delegaciones de paz del Gobierno colombiano y las FARC han logrado acuerdos en temas definitivos como el cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo, la dejación de armas, las garantías de seguridad para que los ex combatientes puedan hacer su tránsito a la vida civil y el fenómeno de la violencia no se repita con la conformación de nuevos grupos armados, además de la refrendación de los acuerdos que se han firmado y están por firmarse en La Habana, permite a los colombianos respirar un nuevo aire y llenarse de esperanza, para tener la certeza de que en Colombia ha llegado la era de la paz, con nuevos y mejores tiempos por vivir para que las nuevas generaciones puedan disfrutar de un país diferente, libre de violencia.

¡Cesará la horrible noche!

Evocando las letras del Himno Nacional de Colombia, sin temor a equivocarnos podemos decir con toda seguridad que este es el momento más importante de Colombia en los últimos años, pues, después de tantas décadas de tragedia y drama que han tenido que soportar los colombianos, la esperanza ha renacido para presenciar la agonía de la guerra y la entrada triunfante de la paz. Bien lo decía el célebre ex presidente uruguayo, José “Pepe” Mujica, cuando señaló hace más de un año en Montevideo que “En este momento, la paz en Colombia es políticamente el suceso más importante de América Latina, de nuestra América Latina”, para explicar la dimensión y el valor de los diálogos de La Habana, tanto para Colombia como para el continente y el resto del mundo.

Y es que precisamente, viendo el deseo y la esperanza de millones de colombianos, el respaldo de todos los presidentes y los pueblos latinoamericanos, el apoyo de las Naciones Unidas y las muestras de alegría y congratulación del resto del mundo, además de la inminencia de la firma del acuerdo final, es difícil entender cómo es que hay personajes, como el ex presidente Álvaro Uribe Vélez, que se han empecinado en mantener el odio, el resentimiento y desinformar a los colombianos para generar un ambiente de zozobra que sólo busca boicotear la reconciliación de todo un país.

Es tal la sed guerrerista de Uribe Vélez, que desde hace unas semanas lidera (por fortuna, con una respuesta poco contundente) una campaña de “Resistencia civil” que consiste en recolectar firmas de ciudadanos en diferentes partes del país para respaldar una serie de maniobras jurídicas que pretenden obstaculizar la implementación de los acuerdos de La Habana y perpetuar la violencia que tanto daño le ha hecho a Colombia, a sabiendas que sus argumentos se quedan cortos ante la contundencia y la equilibrada suscripción de los puntos que se han acordado hasta hoy, pero, más que nada, ante la proximidad del acuerdo final.

No obstante, contrario a las acciones y los débiles argumentos de Uribe respecto a la supuesta impunidad de los acuerdos y el sometimiento a lo que él llama “Terrorismo”, todo lo discutido y acordado hasta hoy en Cuba ha contado con el respaldo de los países garantes (Noruega y Cuba) y acompañantes (Venezuela y Chile), sumado al acompañamiento de las mismas Naciones Unidas, la Organización de los Estados Americanos (OEA), así como de otros Gobiernos y organismos internacionales, siendo esta una señal de confianza y legitimidad para el pueblo colombiano.

La confianza de los colombianos y quienes creemos en este proceso de paz está en que pronto esa “horrible noche” de la guerra terminará pronto. Los acuerdos de La Habana han sido dados a conocer oportunamente, lo que significa que la mayoría de colombianos están informados y saben qué y cómo se ha negociado en Cuba, lo cual blinda este proceso de paz de las intenciones y las pretensiones de Álvaro Uribe, sus secuaces y aquellos que reproducen su discurso y sus ideas, dados los intereses que tienen en que la guerra continúe.

Con el panorama actual, igual que en junio del año 2015, no nos puede caber duda alguna de que el fin del conflicto es inminente. Por eso, hoy nuevamente, llenos de plena confianza y esperanzados, decimos que no hay marcha atrás para la paz en Colombia.

¡Viva Colombia!, ¡viva la PAZ!


* Comunicador Social, periodista de Colombia. Especial para diario Contexto.