Por Roberto Álvarez Mur

El ensayista francés George Steiner supo acuñar la siguiente idea: lo que no se puede nombrar, no existe. Tal concepto parece tomar cuerpo en la insistencia de Cambiemos por borrar del imaginario social cualquier marca de la década kirchnerista.

En los últimos días, la gestión del municipio entrerriano de Viale, bajo la intendencia del macrista Uriel Brupbacher, decidió quitar el nombre Néstor Kirchner de la entrada al parque industrial homónimo en esa ciudad. Esta acción se suma a iniciativas similares que diferentes funcionarios oficialistas alentaron en instituciones públicas, calles, monumentos y obras realizadas en la última década, y que fueron bautizadas con el nombre del fallecido ex presidente. Incluso, vale recordar la intención que circuló el año pasado de cambiar el nombre del propio Centro Cultural Kirchner, que luego pasó a nominarse a secas CCK y –en algunas ocasiones– se lo refirió como el Centro Cultural del Bicentenario.

“Borremos el pasado, que no quede nada que nos remita a los avances en cuanto a derechos políticos y sociales previos, la intención parece ser esa”, dijo a Contexto el historiador Claudio Panella, quien observa en la tendencia del actual Gobierno la huella de acciones similares a las que la llamada Revolución Libertadora aplicó con la figura de Perón: “Esto tiene anclaje en el liberalismo. Recortar derechos, recortar avances que ha habido en la distribución del ingreso. Y la connotación simbólica de esto es: borremos esos nombres, esas placas, esos monumentos que se hicieron en la década pasada. Esto se relaciona con lo sucedido luego de la primera década peronista, donde se llegó incluso a la destrucción física cuando se demolió la residencia presidencial y la ciudad infantil hecha por Eva Perón en el barrio de Palermo”, explicó el especialista con respecto al histórico Decreto-Ley 4.161 que prohibía toda referencia al gobierno peronista.

Respecto de esta avanzada cultural sobre la marca del kirchnerismo y el campo nacional popular, el politólogo Mariano Fraschini había anticipado a Contexto: “Es una cuestión puramente simbólica en la que se trata de borrar de plano a figuras trascendentales del siglo XXI para la región”, y el planteo de fondo refiere a “una idea de ahistoricidad, pretendiendo anular la existencia del kirchnerismo y el chavismo”. Asimismo, Fraschini sostuvo: “Macri no está desubicado, está ubicado en un lugar que tiene esa linealidad histórica del neoliberalismo económico y político, y Néstor Kirchner y Hugo Chávez rompen con esa idea”.

Otro de los aspectos destacables de la particular revisión que encabeza Cambiemos se deposita en el argumento de restaurar a las figuras tradicionales de la historia argentina. Hacia abril de este año, en la provincia de Tucumán, el funcionario macrista Alberto Colombres Garmendia propuso eliminar el nombre Néstor Kirchner de todas las calles y edificios públicos y, en su lugar, el ex vicegobernador de la provincia, Julio Díaz Lozano, propuso reinstaurar el nombre de Julio Argentino Roca como “uno de los fundadores del Estado argentino y, además, como el único tucumano que fue elegido dos veces presidente de la Nación”. En este gesto, Panella observa la posible búsqueda de volver a elevar figuras de la Argentina oligarca del siglo XIX, en detrimento de una historia enfocada en los sectores populares: “Esto puede ir, de ahora en más, en un sentido de una identificación con valores tradicionales, como la Argentina de la generación del ochenta oligárquica; un pasado anclado en los personajes del neoliberalismo como Mitre, Sarmiento, Rivadavia”, dijo y agregó: “Cambiemos tiene un posicionamiento, podríamos decir, antipopulista. Lo cual conlleva un fuerte antiperonismo, antikirchnerismo, antichavismo. Una mirada crítica de lo que son los movimientos nacionales y populares que, como sabemos, han avanzado en democratizar a las sociedades. Eso está históricamente comprobado: ha habido avances en cuanto a lo material y lo simbólico cuando hubo Gobiernos nacionales y populares”.

Por otro lado, el historiador aseveró que, si bien el rumbo a seguir del actual Gobierno muestra rasgos de remplazar el pasado cultural del kirchnerismo por otra versión histórica, existe la posibilidad de que no se asuma ningún discurso particular y el espacio quede en blanco. “Otra opción posible es la negación directa del pasado. Es decir: no apelar a nada, por ejemplo, como en los billetes que en lugar de próceres ponen animales. Entonces no hay identificación de pasado específico y eso permite una laxitud que se adapte a cualquier cosa. Borrar y no poner nada a cambio. No definirse por nada también es una decisión política”.

Mientras tanto, al tiempo que Cambiemos se encarga de restaurar la patria liberal de las viejas oligarquías criollas, se encarga día a día de borrar toda evidencia del nombre y apellido que se propuso combatirlas.