Homenaje a Adelina, la Madre que construyó un tesoro de la memoria

Homenaje a Adelina, la Madre que construyó un tesoro de la memoria

Familiares, compañeros y compañeras de militancia homenajearon a Adelina Dematti de Alaye, fundadora de Madres de Plaza de Mayo, y la recordaron a un mes de su muerte. El legado que dejó con su archivo, declarado “Memoria del Mundo”.

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Por Alejandro Palladino

A un mes de su muerte, familiares, organismos de derechos humanos, militantes, miembros de la comunidad universitaria de la UNLP y diputados provinciales homenajearon a Adelina Dematti de Alaye, fundadora de Madres de Plaza de Mayo La Plata, en un acto realizado en el Auditorio Anexo de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, en La Plata (53 entre 8 y 9).

El panel fue elegido por María, la hija de Adelina y hermana de Carlos Esteban, militante de la JUP, secuestrado y desaparecido de las calles de Ensenada el 5 de mayo de 1977 por el terrorismo de Estado, hecho que transformó la vida de Adelina.

En la mesa se sucedieron la palabra el juez Carlos Rozanski, el diputado por el FpV de la provincia de Buenos Aires Miguel Funes, también presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados, organizador del homenaje. También expusieron Florencia Saintuot, concejala del Frente para la Victoria de La Plata y decana de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP; Julián Axat, titular del Programa Atajo del Ministerio Público Fiscal; Elena Mariani y Marta Ungaro, militantes de los derechos humanos; y Rosana Merlos, del gremio docente Suteba.

Funes afirmó que “esta actividad se enmarca en el deber moral de recordar la trayectoria de una compañera que es un ejemplo”.

El juez Rosanski, al tomar el micrófono, evaluó: “La paradoja es cómo un proceso de terror de esa envergadura pudo generar tanto amor”, y continuó: “Esta mañana me preguntaba por qué razón venir a participar de un homenaje como este no me ponía triste. Esto es llamativo y hay que atribuírselo a Adelina, que tenía ese plus que era su alegría, porque desarrolló a lo largo de su vida una posibilidad de amor tan enorme que no llega a generar tristeza. Y esto es lo que me queda de Adelina y de las Madres”.

Rozanski concluyó: “Una madre nunca muere, en todo caso descansa”.

Considerada Ciudadana Ilustre de la ciudad de La Plata por el Concejo Deliberante en 2014 y galardonada por la UNLP con un Honoris Causa en 2009, Adelina integró la Comisión Provincial por la Memoria y participó de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH). Maestra, preceptora y directora de un jardín de infantes, durante su incesante militancia como Madre, construyó un archivo personal con fotos, documentos, volantes, habeas corpus, notas periodísticas y otros materiales que fueron declarados por la Unesco como “Memoria del Mundo”.

Ese tesoro de la memoria lo entregó al Archivo Histórico de la provincia de Buenos Aires y está abierto a quien lo quiera consultar. “Me comprometo a que ese material se acerque a las escuelas, a las manos de los estudiantes”, dijo Rosana Merlo, de Suteba.

Con su militancia, Adelina logró que represores como Jorge Videla, Orlando Agosti, Emilio Massera, Albano Harguindeguy, Ramón Camps, Eduardo Viola y Juan Carlos Herzberg declaren ante la Justicia militar en La Plata.

“Los movimientos por los derechos humanos son los más importantes de los últimos cuarenta años en Argentina. La fuerza producto del desgarro del dolor que convirtió en energía Adelina hizo que sea militante por los derechos humanos, por ella, y es el mejor título que tuve”, sostuvo Elena Mariani.

Minutos antes, Julián Axat leyó un poema suyo dedicado a Adelina y titulado Mater Nostra, tomando la estructura de la oración “Padre nuestro”. En uno de sus tramos leyó para la sala colmada: “Venga a nosotros la esperanza que anida Madre, y colócanos en tus entrañas y cárganos en tus huestes de 180 rondas y eterno retorno de semblanza a tus nietos, a tus tátaras, a los que siguen tus centenas”.

Un proyector transmitió fotografías que atravesaban su trayectoria como militante seguidas de una serie de entrevistas a Adelina de los últimos años. En una de ellas explicaba que su vocación por la fotografía, que serviría para armar su archivo, comenzó cuando le desaparecieron a su hijo Carlos. “Hacía todo para mostrárselo a él. Hasta que en el 78 creí que no volvía”.

La concejala Florencia Saintuot apuntó a la idea de la memoria asociada a la lucha como legado de las Madres y de las Abuelas, opuesta a las posturas que miran al pasado desde una perspectiva conservadora: “La memoria era algo distinto antes de las Madres y las Abuelas. La memoria muchas veces está asociada a la idea del recuerdo. Cuando se cuenta lo que sucedió de manera banal, sin política, sin lucha, sin historia, se recuerda para olvidar”, y añadió: “Se puede recordar en un sentido folclórico, como van a intentar hacer con nuestros juicios. Van a decir: ‘Está bien, eso pasó, pero está muerto. Recordemos sin nombres ni lucha’”.

“Las Madres –prosiguió Saintout– han construido otra idea de la memoria desde la lucha y la política contra el olvido”, y cerró: “El archivo de Adelina tiene ese afán claro de no olvidar, de ir al rescate de aquello que se espera que quede tapado para siempre sin nombre, sin poder articularse con los que vienen”.

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La sonrisa de Adelina, por el juez Carlos Rozanski

 

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