Por José Manuel Welschinger Lascano

Seis meses le alcanzaron a Cambiemos para demostrar en qué consiste su gestión de Gobierno. Sin embargo, con el deterioro de la gobernabilidad se abren nuevos desafíos. Consultado por Contexto, el politólogo y coautor del blog Artepolítica Nicolás Tereschuk consideró que no cabe esperar una mayor sorpresa por parte del Gobierno de Cambiemos. “Si bien todavía es una incógnita qué traerá de distinto este segundo semestre del Gobierno, en general los analistas opinan que la inflación bajará algún punto, pero permanecerá alta, y la actividad económica proseguirá su caída”.

“Desde su mirada muy estrecha de lo que es la macroeconomía, sólo se piensa en las variables de la inflación”, agregó. Para el politólogo, una economía sana no puede dejar de atender qué sucede con los distintos sectores, ver cómo evoluciona la actividad y por qué, observar las pymes y el empleo, precios relativos, comercio, productos y valor agregado.

“Son las variables a las que debería atender un examen macroeconómico”, sostuvo, pero agregó: “Desde la mirada neoliberal, la economía está sana si la inflación es baja, y la Argentina cuenta ya con una experiencia de diez años (1991-2001) con inflación baja pero toda una serie de problemas: inflación baja con deuda alta, inflación baja con desempleo, etcétera. Esos son los próximos desafíos del PRO para el semestre que viene; y ya veremos cómo los maneja, si es que decide manejarlos, o cómo no los maneja, si no los quiere manejar”.

Este escenario, en el que Macri podría gobernar el país sin necesidad de solucionar la crisis económica causada por la desregulación y la transferencia de recursos hacia los grandes capitalistas, estaría dentro de las opciones posibles. “Es una posibilidad que permanece abierta –explicó Tereschuk–, porque algo que me parece muy importante detallar para el análisis es que existen modelos políticos que son socialmente excluyentes pero económicamente exitosos: no siempre el crecimiento se acompaña de redistribución, pero sí siempre debe gestionarse políticamente cualquiera de esos casos”.

“existen modelos socialmente excluyentes pero económicamente exitosos: no siempre el crecimiento se acompaña de redistribución, pero sí siempre debe gestionarse políticamente cualquiera de esos casos.”

Acerca de los posibles objetivos políticos del Gobierno para el segundo semestre, el especialista opinó que seguramente se acoten a la desarticulación de la protesta social. “En los últimos meses la cuestión de la gestión política vuelve a emerger como un punto de interés muy notable, porque hemos visto mucha movilidad social nucleando sectores que, como en el caso de la Universidad, hace al menos quince años que no se reunían. Cabe pensar que el Gobierno trabajará para desunir esas alianzas coyunturales, y utilizará estrategias que vayan en ese sentido”.

Finalmente, respecto de la gran promesa del Gobierno de Cambiemos, el empréstito y la entrada de inversiones, Tereschuk se mostró escéptico: “La entrada de capitales debe pensarse en función del uso que se le dará, y los sectores concentrados de la economía argentina, ya se sabe, tienen la tendencia a fugar dinero en lugar de invertirlo”.

El politólogo señaló la evasión como un rasgo de estos sectores, o un problema estructural de la economía del país. “Son fugadores seriales; fugan con crecimiento, con crisis, con inflación alta o baja, y fugan también con las certidumbres políticas que reclamaban”.

Según reconoce Tereschuk, las grandes entradas de dinero en la historia reciente del país sólo se dieron cuando existía el dato anticipado de una devaluación, o cuando se privatizaban importantes activos del Estado: “Una entrada fuerte de capitales, se dio con las privatizaciones de 1993, porque entraban a comprarse todo a precios regalados; pero, una vez que se acabaron las joyas de la abuela, el Gobierno de Menem se tuvo que endeudar cada vez más porque los capitales no ingresaban y el 1 a 1 se tenía que mantener”.

Volviendo al presente, el politólogo señaló que la verdadera cuestión es para qué van a entrar los capitales prometidos por Macri. “Entonces el tema es para qué entran, con qué incentivos y objetivos. Hace veinte años entraron para eso, para quedarse con los activos del Estado. En esta instancia, ¿para qué van a entrar?, ¿para invertir en sectores extractivos, quizás? Hay que pensarlo”.

“En este blanqueo, según se comenta, hay poco incentivo para que el dinero entre: lo van a declarar pero no repatriar, ¿se entiende? Quizás entren capitales; pero los momentos de la historia que conocemos, los últimos 35 años, muestran que son contados los períodos con fuertes flujos de capitales ingresando. La regla es que sucede cuando se conoce que habrá una gran devaluación, como hizo Duhalde con el 3 a 1; y también obviamente cuando hay privatizaciones muy rentables, para comprar los activos del Estado a bajo precio. Los dineros nunca entran por la mera confianza, sino para hacer negocios concretos”, amplió.

El enigma de la tradición

La cuestión de la identidad, uno de los aspectos que más apartan al PRO de partidos tradicionales como el socialismo, el radicalismo e incluso el justicialismo, continúa siendo una incógnita a definir. Aportando sobre esta cuestión, Tereschuk arrojó algunas luces sobre la ensombrecida cuestión.

“Son fugadores seriales; fugan con crecimiento, con crisis, con inflación alta o baja, y fugan también con las certidumbres políticas que reclamaban.”

Tereschuk comentó a Contexto que, para comenzar a hablar del nuevo Gobierno argentino, viene muy bien conocer el esquema planteado por el politólogo Pierre Ostiguy, según el cual nuestra política no sólo se divide en izquierdas y derechas, sino también en alta y baja. “La idea de dividir el espectro en cuadrantes aporta conceptos muy interesantes. Ostiguy establece que lo alto tiene que ver con discursos recurrentes de nuestra historia en los que se asocia lo modernizador con la apertura hacia el mundo, y poniendo la mirada en los procesos externos en lugar de sobre los internos. Por oposición, lo bajo viene a ser lo popular con sus distintas formas, que es donde encuentra sus mayores problemas la tradición política del PRO”.

Para el politólogo de la UBA, la tradición en la que abreva su identidad el joven partido que ostenta el gobierno argentino ya puede ser identificada con la alta política. “Desde que comenzó su gestión, terminó por quedar claro que busca su afinidad con esa política alta y tecnocrática, perfilándose como el Gobierno de los CEO, como algo que resuena (más allá de los contextos incomparables) a la nueva derecha de Krieger Vasena sobre finales de los años sesenta: un representante del capital industrial, muy vinculado con ese sector, y que importaba el estereotipo del ejecutivo moderno”.

“Desde que comenzó su gestión, terminó por quedar claro que busca su afinidad con esa política alta y tecnocrática, perfilándose como el gobierno de los CEO.”

No obstante, esta consonancia entre las figuras del Gobierno con las del empresariado no significa de por sí una reducción del Estado. “No hay que entender esta cuestión como un tema de más o menos Estado”, explicó el especialista, “ya que, si bien ellos efectuaron el recorte del gasto público y el ajuste, tenemos que pensarlo como un giro en la política respecto de lo que fue el kirchnerismo, donde hay otros sectores (los más concentrados) que pasaron a ser los beneficiarios de las políticas públicas”. Así, la participación en la ganancia del producto bruto no es el único eje de la disputa, sino que también deben considerarse otras cuestiones de orden institucional. Tereschuk resumió: “Durante el período kirchnerista, utilizando palabras de Cristina, las empresas la levantaron en pala; pero esos sectores lo que recibieron por parte de Macri no sólo fueron ganancias, sino certidumbres. Por oposición, aquellos sectores que tenían más certidumbres durante el kirchnerismo, gremios y sindicatos, por ejemplo, vieron cómo el escenario se les daba vuelta”.