Por Alejandro Palladino

Para el discurso PRO, la clase media fue malcriada por el kirchnerismo y ahora tiene que pagar los platos. Ese es uno de los avales para hacer el ajuste. Mientras tanto, los sinceramientos le llenan los bolsillos a los sectores concentrados, como los agroexportadores, los fondos buitre y las empresas de gas y de luz. El lunes, rodeada de nenes y nenas, en el gimnasio de un club de barrio de Lomas de Zamora donde asistió junto al presidente Mauricio Macri, la gobernadora María Eugenia Vidal lo dijo de la manera más cruda: “En estos meses hemos tenidos que tomar decisiones difíciles diciéndole a los argentinos que era mentira que podían tener calefacción, que podían tener electricidad, que podían tener servicios si no había tarifas reales, y sabemos que es difícil y que es un camino duro para muchas familias. Hubiéramos preferido no tener que tomar estas decisiones, pero tenemos que sincerar muchas situaciones”.

El intelectual Eduardo Jozami habló con Contexto sobre la coyuntura política actual: el discurso PRO sobre el “sinceramiento” como único camino por lo que dejó la “herencia” y los dilemas de sectores de las clases medias que se autoboicotean y asimilan esas explicaciones.

-En la línea de Javier González Fraga, Vidal dijo que “era mentira que los argentinos podían tener calefacción, que podían tener electricidad, que podían tener servicios si no había tarifas reales”. ¿Cómo lee sus palabras, considerando que fue ministra de Desarrollo Social del PRO, rasgo que utilizó para caer bien durante la campaña?

-Este es un Gobierno tan reaccionario y tan ideológico que todos los funcionarios tienen el mismo discurso. Hay un ministro de Gobierno (por Triaca) que sin salirse del libreto general del Gobierno hace alguna declaración de vez en cuando diciendo que estaría bueno impulsar alguna reivindicación en los trabajadores, o que sería bueno una mejora de los salarios. Pero tenemos un ministro de trabajo que ha dicho que los salarios de la Argentina en los últimos tiempos han sido más altos que la media de los salarios latinoamericanos. Uno debería esperar que eso lo dijera con alegría. Él lo dijo con preocupación, y acto seguido que había que moderar esa tendencia de los salarios al alza porque de lo contrario el crecimiento de la economía iba a tener problemas. Con Vidal ocurre lo mismo. Están tan convencidos de que hay que retirar al Estado, de que hay que favorecer al privado, que es difícil que tengan una política coherente en materia de desarrollo social, porque es una política que tiende a tapar conflictos que puedan producirse pero de ninguna manera ahí hay una vocación por expandir el gasto del Estado de manera de poder llevar adelante políticas que vayan más allá de la coyuntura.

– El Gobierno toma medidas económicas, como el caso del tarifazo a las boletas de gas y luz, como si eso fuera un camino ineludible por “la pesada herencia”. ¿Son realmente ineludibles?

-El neoliberalismo se presenta como una lógica incuestionable, como un saber científico. Es el modo de convalidar sus políticas de distribución regresiva del ingreso en perjuicio de los sectores populares. Entonces, todo lo que signifique expansión del consumo, mejoras en los salarios, beneficios para los sectores más populares, es necesariamente visto como algo peligroso, necesariamente provisorio, y que a la larga va a tener efectos negativos. Esto no lo podían decir mientras la gente estaba beneficiándose por los resultados de estos años de distribución del ingreso que caracterizó al kirchnerismo. De alguna manera lo señalaban, pero ahora lo enfatizan más porque es el modo de justificar las políticas que llevan adelante. La falacia de la herencia recibida y esta afirmación de que no se podía sostener el consumo son dos caras del mismo discurso. Es decir, el discurso justificatorio de que no había otra posibilidad de hacer lo que se hizo y que entonces la inflación no es consecuencia de la devaluación y de la eliminación de las retenciones y del aumento de las tarifas, sino que en última instancia es consecuencia de la irresponsabilidad con la cual el kirchnerismo expandió el consumo y el gasto público.

-Otro eslogan es que los niveles de consumo eran imposibles de sostener. “Se terminó la fiesta para la clase media”, dicen.

-Si uno lo quiere ver desde una perspectiva más teórica de la visión de la economía, esto tiene que ver con una idea prekeyneseana, una idea neoclásica, que es como si los recursos fueran escasos y entonces si se consume más queda menos para la inversión pública o privada. Esto no es cierto, porque se ha demostrado que el consumo, como estímulo de la demanda, genera más inversión. De ningún modo se puede decir que no se podía sostener ese nivel de consumo o menos todavía que ese nivel de consumo sea el responsable de las medidas que el Gobierno ha tomado. ¿Quién establece que hay que devaluar de la manera en la que se devaluó? Son justificativos que, en realidad, lo más agraviante es que en el fondo muestran una visión absolutamente clasista, elitista y antipopular de la sociedad.

-Lo que le dicen a la clase media es que ahora va a tener que gastar menos. En el caso de las boletas, lo llamativo es que amplios sectores de la clase media reproducen que la culpa es del Estado pasado que no invirtió, como dice el macrismo, que ahora le quita los subsidios y deja toda la ganancia para las empresas. ¿Cómo entiende que ese discurso lo asimilen las clases medias, tan desfavorecidas en lo material con la medida?

-Hay dos aspectos ahí. Por un lado, hay un imaginario neoliberal que siempre piensa que el Estado no debe distribuir ni intervenir, que ha tenido más vigencia durante estos años a pesar de que parecía que hubiera entrado en crisis en 2001. Yo creo que algo para reflexionar es cómo por debajo de todo este proceso de crecimiento, de empoderamiento y distribución del ingreso, hubo sectores importantes de la población, en particular la clase media, que siguieron manteniendo esa mirada que parecía haber entrado en crisis.

Lo segundo es que también se sigue pensando, o el Gobierno quiere que se siga pensando, que siempre el responsable es el Estado. Cuando gasta, porque gasta mucho, cuando no gasta, porque no gasta, pero en realidad habría que preguntarse por qué no invierten las empresas privadas. Porque, en realidad, en el caso de la luz y el gas, los titulares de las empresas son privados.

Además, la clase media vive una contradicción, una paradoja que no resuelve. Tiene un gran apego a los valores de las clases altas y tiene un gran temor de que los sectores más pobres ocupen su lugar cuando se producen períodos de crecimiento y de distribución del ingreso. Importantes sectores de la clase media tienen esta visión reaccionaria, pero en realidad ellos terminan siendo los grandes perjudicados cuando a la larga se hacen políticas como las de Menem, Martínez de Hoz o la que se inicia ahora.

-El macrismo justifica que a la larga el tarifazo implicaría inversiones en el sector privado…

-Pensemos que las empresas obtuvieron utilidades importantísimas cuando existía el uno a uno, antes del inicio del Gobierno kirchnerista, y tampoco invirtieron en ese período. Quiere decir que hay que explicarse la falta de inversiones menos por la actitud del Estado que por la actitud de las empresas privadas que en los períodos de bonanza transfieren recursos al exterior y no invierten, y cuando la rentabilidad es baja obviamente reclaman subsidios del Estado. Me parece que en el centro del problema está esa relación que se establece con las empresas privadas. Y, en última instancia, estos grandes consorcios son subsidiados por el pueblo argentino. Hubo dos posturas: o es como los años anteriores, con un subsidio directo que recae sobre el presupuesto del Estado y por lo tanto lo pagamos todos, o es con aumentos de tarifas, como en este caso, que descargan la eliminación de los subsidios con consecuencias sobre el conjunto de la población. Lo que hay que poner en cuestión acá es la relación del Estado con estas grandes empresas privadas, que es precisamente lo que el Gobierno trata de evitar.