Por José Welschinger Lascano

El programa televisivo 678 se erigió como la cara de un proyecto que le disputó a los medios oligopólicos su legitimidad, exponiendo la parcialidad del autodenominado periodismo independiente. Finalizado su pasaje por ese espacio, los periodistas Carlos Barragán y Luciano Galende comentaron a Contexto es el motivo por el que 678 se hizo un lugar permanente en la cultura argentina.“Hacer 678 fue algo revolucionario, completamente incorrecto, muy contracultural, porque encarnamos nuevamente el mito de David contra Goliat, donde David no gana”, comenzó Carlos Barragán, haciendo un balance de lo que significó la experiencia de ese proyecto. “Pero lo pudimos pelear, y mostramos que no es invencible, porque hoy quien lleva un Clarín en la mano ya sabe que no está llevando la verdad, sino lo que elige creer. Fue fantástico, porque además nos hicimos amigos; pero también fue intenso y agotador, e incluso atemorizante. Nos castigaron muy duro, y espero que dejarnos fuera de los medios haya sido el castigo final”.

Luciano Galende, a su vez, resaltó el rol que jugó el afecto colectivo como ingrediente indispensable del programa. “Cuando estás en el baile de hacer la televisión, yendo toda la semana como a cualquier laburo, es muy difícil tener pleno registro de lo que está pasando con lo que hacés”, comentó. “Me acuerdo que la primera vez que vi un cartel de 678 fue en una foto que nos acercaron al programa, y estaba sacada en un barrio muy pobre; entonces entendí que estábamos en el buen camino, porque si ellos nos bancaban eso quería decir que alcanzábamos nuestro objetivo de comunicar para todos. Esa no es una huella en la arena, seguramente con el paso del tiempo veremos cómo influye en la gente, y, más importante todavía, cómo hará revitalizar esta cuestión del periodismo y los medios”.

Más allá del éxito del programa, Galende valoró la existencia de 678 como un referente empírico al que la televisión no podrá ignorar en el futuro. “En todo caso, lo que hicimos fue algo que se notó como diferente, y por eso digo que la referencia va a perdurar”.

El moderador de 678 se expresó en este sentido como algo que sucede en todos los ámbitos de la cultura, ya sea en el cine, la radio o cualquier medio. “Hicimos un producto contracultural, antisistema, contestatario y re quilombero, que fue recibido tanto por un pueblo como por una dirigencia política que entendió lo que le estaba pasando”, sostuvo, y agregó: “Antes parecía que todo el periodismo es independiente y plural, pero luego resultó que pensaban todos igual; entonces fue inevitable que se marcara el contraste con 678, porque nosotros fuimos independientes y plurales, pero pensábamos distinto”.

Pensando en los aportes del programa, Galende aseguró: “Finalmente, 678 le queda al pueblo como una referencia, tanto a los que estaban a gusto con el programa, como a los que hoy dicen ‘esto no va a ser 678’. Antes, la cuestión de qué lugar le corresponde a la comunicación era exclusiva de las aulas, de la Universidad; pero luego de 678 queda algo dando vueltas que nadie quiere ignorar, esta cuestión del análisis de la verdad y la mentira en los medios. Esos saberes ahora se hicieron más populares en nuestro país, y ya no son temas estrictamente teóricos”.

El amor después del amor

Reflexionando sobre qué es lo que 678 le dejó a la gente, y qué es lo que sus panelistas continúan recibiendo por parte de la gente, los periodistas comentaron cómo el vínculo con el público perduró tras la disolución del espacio.

“Nos dejó mucho amor, y los que salimos frente a las cámaras todavía recibimos el afecto de muchísima gente, algo que es muy particular tratándose de un programa periodístico”, comentó Carlos Barragán.

“Hoy vino a saludarnos una joven que nos quería acercar el agradecimiento y el cariño de su familia por el programa, y eso a veces hace que uno se pregunte qué habrá hecho para recibir tal amor. Creo que la gente nos valora por haber puesto la cara, y eso es cierto; no somos más que gente que dió la cara por lo que pensaba y sentía, algo que nos trajo mucho amor y mucho odio”.

Barragán comentó por qué 678 tuvo un poder transformador tan grande sobre la sociedad, comenzando por quienes hacían el programa. “Además de política, la experiencia del kirchnerismo fue profundamente pasional”, explicó. “Obviamente, uno no es el mismo luego de haber hecho 678. En estos años en los que tuvimos la experiencia del kirchnerismo, muchos de nosotros hicimos de eso algo íntimo, personal, que nos acompañó hasta nuestras casas y nuestras vidas cotidianas. Yo, por ejemplo, todavía no termino de procesarlo; porque además de todo me convertí en un militante, que es algo un poco extraño, en el sentido en el que no es algo que pude dejar o evitar”.

Según comentó Barragán, luego de esa experiencia no es posible para un profesional creer que puede buscar un refugio de objetividad. “Cuando ganó Macri, sabiendo que el país iba a convertirse en lo que ya todos pueden ver que se está convirtiendo, me superó el enojo y quería mudarme, irme al campo. Claro que a los cinco minutos ya se me había pasado, porque no podés poner el cuerpo para defender lo que vos creés que es lo mejor para la vida de tu gente sin sentir mucho dolor al ver que eso peligra”.

Para Luciano Galende, el afecto del público fue notable desde los comienzos. “Se sentía la pasión, se notó desde el principio, cuando fue el único programa por el que la gente se autoconvocó para respaldarnos mientras el programa estaba saliendo; y también cuando ya no se pudo seguir viendo. La gente marchó en 2010, luego en el obelisco; y hoy se escucha a la gente cantar 678 en las marchas”.