Por Franco Dall’Oste

Diego Hurtado es físico e historiador. También es un científico que, fuera de cualquier idea de observador imparcial, cuando se siente incitado a decir lo que piensa, dice lo que piensa: no tiene pelos en la lengua.

Es doctor en física con una beca del CONICET y profesor titular de Historia de la Ciencia en la Universidad de San Martín (UNSAM). Publicó, entre otros libros, La ciencia argentina y El sueño de la Argentina atómica. Política, tecnología nuclear y desarrollo nacional (1945-2006). Además, fue presidente del Directorio de la Autoridad Regulatoria Nuclear, puesto al que renunció cuando llegó la gestión macrista.

-En los medios se ha hablado de que en el proyecto de las Atucha hubo sobreprecios, que no hay presupuestos aprobados; básicamente lo de siempre: todo era un desastre, no había nada bien hecho. De tu experiencia, ¿qué opinás sobre esto? ¿Leés una intención de parar este proyecto? 

-En los medios se dijo que Kicillof ganaba 500 mil pesos como miembro del Directorio de YPF, que Máximo Kirchner tenía cuentas en bancos suizos y que Cristina mató a Nissman. Lanata se cansó de hacer denuncias de todos los colores que fueron reproducidas hasta el hartazgo; se habla de la ruta del dinero K y sólo vemos empresas en paraísos fiscales de miembros del Gobierno actual de las que nada dicen los medios. O peor, lo intentan naturalizar. Juegan a transformar la ciénaga en jardín. Te dejan ciego con la rosadita, pero cuando aparece un amigo o pariente del poder apagan el tema. Entonces, ¿a quién le importa lo que digan los medios? O, mejor dicho, ¿qué relación con la democracia tiene todo lo que aparece en los medios?

Para volver al tema, fijate las contorsiones que tiene que hacer el Ministro de CyT para poder justificar que sigue como ministro, pero tratando de ver cómo se oculta o tergiversa todo lo positivo del período anterior en ciencia y tecnología. Incluso, le sueltan la jauría de escribas a Paenza. Y llegan a decir que tiene que ir preso por no sé qué. Justamente la persona que llega a ser uno de los divulgadores de las matemáticas más importantes del planeta, se lo somete a todo tipo de canalladas sólo porque se animó a expresar sus ideas políticas.

Entonces, de un lado tenés un Paenza en divulgación científica, un CONICET que hizo crecer en número y calidad a su población de científicos y becarios, un plan nuclear reactivado que exporta tecnología de punta; dos satélites de telecomunicaciones hechos en el país; una Universidad para cada provincia; una YPF recuperada; una fábrica de vagones de ferrocarriles; una red de laboratorios para producción pública de medicamentos que estaba en proceso de consolidación; el tendido de fibra óptica que ahora se lo van a regalar a Clarín, etcétera. Y del otro lado, la subtemetrocleta y a Majul, número 9.328 en el ranking de periodistas políticos mundiales, tratando de desprestigiar a Paenza, número uno en su rubro. Elegí.

Cuando en 2003 se decidió recuperar un modelo de economía industrial, el país era una ruina. Ahora es fácil decir “habría que haber hecho esto antes” o “aquello se tendría que haber hecho de otra forma”, pero la verdad es que el desastre también incluía la falta de capacidades para saber qué había que hacer, porque el Estado es la máquina organizadora de la que dispone una gestión de gobierno para construir políticas públicas e impulsarlas, y el Estado argentino estaba devastado y endeudado.

Fijate si será difícil, que hoy un partido político como el PRO llega al Gobierno luego de doce años de crecimiento, con un Estado reconstituido, y no tienen idea qué hacer. Saben a dónde quieren llegar, o eso dicen, pero no saben cómo. Entonces repiten como loros el mantra decadente de la herencia recibida. Son todos CEO que se supone que son expertos en hacer negocios, pero por ejemplo tienen una plataforma con dos satélites de telecomunicaciones para hacer negocios, son de ellos los satélites, y sólo se les ocurre ponerlos en manos de capitales extranjeros… Bueno, es cierto que todavía no hicieron esto, pero es lo que van a hacer.

Quiero decir, si esta gente no sabe cómo gobernar, porque es cierto que la Argentina es un país complejo, con poderes fácticos que nadie votó, que te quieren imponer condiciones o te destruyen si no cumplís, imaginate la tarea que significó este mismo desafío, pero en 2003. En ese momento tenías que construir un barco mientras se navegaba. Y la decisión política fue no tirar a nadie al mar.

-¿Cuál es la importancia de las Atucha y la energía nuclear para el país? ¿Qué características tuvo la recuperación de este proyecto por parte del kirchnerismo?

-En términos energéticos, el sector nuclear es importante primero para diversificar la matriz energética. Hoy tenemos alrededor del 80% de la energía basada en hidrocarburos y alrededor de un 5% de nuclear. Lo ideal sería llegar a un 10% de componente nuclear en los próximos años, además, claro, de incrementar otros componentes, como el hidroeléctrico, el eólico, el solar, etcétera. Ahora bien, el sector nuclear incluye además otras actividades, como medicina nuclear o producción de radioisótopos para la industria. Y la Argentina, luego de seis décadas de inversión sostenida, tiene capacidad de exportar tecnología nuclear, es un referente regional, logró construir junto con Brasil una alianza inédita a nivel global y mostrar cómo, trabajosamente, un país de la semiperiferia puede construir soberanía tecnológica. Y esto se logró con inversión pública. El sector nuclear es la gran escuela de tecnología de la Argentina, de allí salió INVAP, que es el ejemplo de lo que querríamos que fueran las empresas de capitales nacionales. También en nuestro país el sector espacial es un desprendimiento del sector nuclear. El actual presidente de la CONAE salió de la CNEA y fue quien lideró la creación de INVAP. La ciudad de Lima, donde están emplazadas Atucha I y II, es uno de los entornos industriales del país con mayor calificación laboral y salarios más elevados, y tiene un colegio industrial modelo. Es decir, en el caso de la Argentina, son innegables los efectos multiplicadores de la inversión en desarrollo nuclear.

-¿Cuál fue la importancia del Ministerio de Ciencia y Tecnología y del CONICET en este sentido?

-En el contexto de reconstrucción o recuperación de un proyecto de país que demanda conocimiento, la ciencia y la tecnología fueron desplazándose a la primera línea de las políticas públicas. Si analizás la trayectoria del CONICET, desde su creación en enero de 1958, te vas a encontrar con una institución que históricamente produjo ciencia de calidad, pero desconectada de la realidad económica y social del país. Obviamente que hubo excepciones notables, pero hablo en términos de una orientación institucional colectiva. Esto no fue por culpa de los científicos, sino de modelos económicos que históricamente no demandaron conocimiento. Rolando García hablaba de que al CONICET le faltaba un proyecto de país que lo asimilara.

Desde 2003 esto comenzó a cambiar y el CONICET comenzó un crecimiento sostenido de su población de investigadores, becarios y personal de apoyo. Pero lo interesante fue el factor sistémico, porque en paralelo hubo inversiones en infraestructura y equipamiento, se crearon Universidades y se impulsaron sectores estratégicos que comenzaron de forma creciente a generar entornos o conglomerados de desarrollo.

En algún momento, a fines de 2007, apareció el MINCyT en escena con la tarea de organizar este crecimiento, darle orientación y, sobre todo, inserción en el sector productivo. Ahora bien, yo creo que a partir de 2012 se comienzan a notar limitaciones en este ministerio. Mientras el CONCIET hacía esfuerzos enormes por acompañar el crecimiento de los sectores demandantes de conocimiento y de reorientar las actividades de investigación hacia las agendas económicas y sociales, proceso complejo que es la clave del éxito de un proyecto industrial de mediano plazo, el MINCyT no fue capaz de hacer el trabajo político de coordinación con otros ministerios, de tender puentes entre el mundo científico y las actividades económicas. Esa era su tarea. Tuvo unos años iniciales muy positivos y luego el proyecto pareció quedarle grande. Por eso, si el Frente para la Victoria hubiera ganado las elecciones, se pensaba que el ministro de Ciencia debía cambiar.

-Y-TEC, Atucha, las represas Nestor Kirchner, ¿marcaron como una prioridad la soberanía energética?

-Argentina es un país semiperiférico, es decir, tiene una matriz económica agroexportadora con algunas capacidades industriales de baja y media intensidad tecnológica. Necesita tecnología para escalar en el proceso de industrialización. Los países centrales quieren que la semiperiferia se perpetúe en industrias dependientes o ciclos de industrialización inconclusos para que sigan siendo compradores de tecnología. Es decir, nos quieren freezar en nuestra condición semiperiférica, para que sigamos dependiendo de las economías centrales, ya sea a través de inversión extranjera directa, importación de maquinarias e insumos, pago de regalías, asistencia técnica. ¿Y cómo pagamos esto? Vendiendo soja y endeudándonos.

Por esta razón, organismos como la Organización Mundial del Comercio, los acuerdos TRIP o los tratados bilaterales de comercio con Estados Unidos sostienen una tendencia, desde los años noventa, de endurecimiento de las condiciones impuestas al juego de la competitividad económica. Dicho fácil: hoy las reglas de juego globales le prohíben a los países en desarrollo muchas de las iniciativas que pudieron emplear las economías desarrolladas para, justamente, desarrollarse, incluidas las tarifas, subsidios, protección de sectores o umbrales de acceso a know-how. A esto deben sumarse las iniciativas informales, que usan por ejemplo la sospecha: “yo creo que vos querés hacer una bomba atómica”, o “yo creo que vos no querés un lanzador satelital, sino un misil”, etcétera, argumentos utilizados para promover acuerdos internacionales que limitan la autonomía tecnológica de los países pobres, que siempre son los sospechosos. Otra estrategia es elevar, a veces enmarañar, las exigencias regulatorias.

Por esta razón, son necesarias las alianzas regionales y una política exterior que defienda los sectores estratégicos que necesita nuestro proyecto de desarrollo, explicando los fines pacíficos y no cediendo a las presiones que nos quieren devolver al país productor de soja, intenciones que, como imaginarás, encuentran poderosos aliados locales que hicieron de la soja un componente más de la especulación financiera. “Hay que salir a competir”, repiten los neoliberales del subdesarrollo. Pero la capacidad de competir remite a la necesidad de soberanía, entendida como influencia en la arena internacional y capacidad negociadora para defender un proyecto de desarrollo. Porque, desde la óptica de las potencias, el desarrollo económico de un país emergente significa para ellos el aumento de la competencia y la pérdida de algún segmento de alguna cadena de valor global. Y esto un país en desarrollo no lo consigue pidiendo perdón, sino construyendo legitimidad a partir de evidencias. Y la mejor evidencia material que puede mostrar un país sobre su decisión de ganar espacios en los mercados de alto valor agregado son los logros científico-tecnológicos.