Por Alejandro Palladino

Mientras el macrismo promete la llegada de inversiones internacionales como si fuera el arribo de un mesías salvador que sacará adelante la economía argentina, el sector industrial de las medianas y pequeñas empresas (pymes), motor importante en lo que hace a la generación de empleo, sufre una baja considerable en su producción. Un reciente informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), que relevó el estado de situación de 250 pymes del país en el mes de abril, sostiene que la producción cayó 4,7% en ese lapso frente al mismo mes del año pasado y acumula un retroceso anual de 3,9% en el primer cuatrimestre del año; además, la producción de un 54% de las empresas consultadas dio en baja y sólo un 22% en alza.

Los datos son de la Encuesta Mensual Industrial realizada por la CAME. Ahí los números también indican que, de cara a lo que viene, sólo un 15% de las empresas tiene planes para este año, y el 88% no tiene pensadas inversiones nuevas para lo que resta de 2016.

Un ejemplo concreto que contribuye a graficar el escenario que viven las pymes y cómo esa situación afecta el empleo es el de la Constructora Roldán S.A., una mediana empresa surgida en la ciudad de Berisso hace cuarenta años.

Es históricamente ejecutante de obras públicas en distintos puntos del país, aunque sobre todo en la región del Gran La Plata y provincia de Buenos Aires. Debido a su marcado crecimiento en los últimos diez años, donde pasó de ser una pequeña a una mediana empresa y adquirir así alcance nacional, pudo ingresar a los negocios privados en la construcción de edificios de vivienda hasta alcanzar un 50% de obra pública y un 50% de obra privada.

Si antes era mejor negocio comprar un departamento, hoy es más negocio meterlo en el banco. Hay un contexto donde se propician más las inversiones financieras que las productivas.

Su ejemplo sirve para dar cuenta sobre cómo la caída de sus ventas acarreó una baja significativa en el empleo. Como último eslabón en la cadena productiva de la construcción, como ejecutante de la obra, su rol es aportar la mano de obra.

“El 2015 fue altamente positivo para nosotros. Estamos en un 30% del nivel de facturación promedio del año pasado. Eso se explica porque no hay obra pública”, dijo a Contexto Pedro Roldán, uno de los socios. “Si no hay obra pública, se cae la estructura de la industria. Las inversiones dinamizan la construcción, algo que no está ocurriendo. Si no hay inversiones por parte del Estado en infraestructura, no hay obra y el negocio privado también empieza a caer”, agregó.

Un informe de Roldán S.A. arroja que en el primer cuatrimestre de este año, respecto del mismo período en 2015, la empresa facturó por debajo del 30%, y, en comparación con 2014, por debajo del 50%. Como efecto directo, esto influye en el empleo: en 2014 dio trabajo a 110 empleados, contra 75 del año pasado y 30 para este. Esta disminución de trabajadores es sólo de la planta de operarios (obreros de la UOCRA). El personal administrativo y el fijo no se vio afectado.

“Si cae la actividad en nuestra empresa, que tiene el recurso humano, cae la cantidad de mano de obra que se necesita”, afirmó Roldán. Al perder productividad, utilidad y rentabilidad, la constructora genera menos trabajo. Una muestra sobre cómo el macrismo destruye el mercado interno. Hay menos productividad y por lo tanto menos trabajo.

Asimismo, la Cámara Argentina de la Industria de la Construcción informó que entre diciembre de 2015 y abril de 2016 hubo 54 mil puestos de trabajo menos en el rubro. Además, la proyección para diciembre de 2016, de continuar esta tendencia, arribaría a 150 mil puestos menos.

La cantidad de obras simultáneas en las que construye Roldán S.A. también da pistas sobre cómo decayó la actividad. En la actualidad son dos, sólo de obra privada. Distinta coyuntura para un 2014 con seis obras (50% pública y 50% privada) y un 2015 también con seis (50% pública y 50% privada)

Las pymes fueron un actor relevante en el crecimiento del trabajo y de la producción en los últimos años. “Esta situación reduce algo que nosotros hemos fortalecido fuertemente, a modo inaugural como pymes, y que es nuestra capacidad de desarrollo, de crecer. En los últimos diez años, nuestra empresa cambió radicalmente de escala, con una capacidad de crecimiento y desarrollo como nunca en los cuarenta años de historia de la empresa hemos tenido. Tenemos cuerpo, recursos, infraestructura y capacidad financiera para ser proveedores directos del Estado”, afirmó.

La realidad de esta pyme, de su prosperidad productiva y de fuente de trabajo, desmiente el relato macrista que justifica sus políticas de ajuste económico como consecuencia ineludible de la “herencia kirchnerista”.

Como proyección a futuro, Roldán sostuvo que su pyme no se fundirá por el alcance que obtuvo producto de su crecimiento. Aunque, como indica su informe, se achicó notablemente su ascenso. “Vemos un panorama incierto. Nuestros asesores nos dicen que se va a destrabar este parate porque van a llegar inversiones que van a generar obra. Nuestra lectura política, sin embargo, es que eso puede llegar a pasar, pero lejos de los niveles de intensidad que nuestros asesores imaginan, y lejos de sostener los niveles de los últimos años”.

Roldán lee el nuevo cuadro de situación económica en relación con el crecimiento del sector financiero en desmedro del productivo: “Pagamos la deuda a los buitre para tomar más deuda y eso ubicarlo en la inversión pública. Ahora pasó lo de los buitre, pero los capitales son más para la inversión financiera, por las altas tasas financieras que tenemos. Entonces, el dinero, en vez de derivarse al sistema productivo, resulta más rentable y conveniente volcar el capital en el sistema financiero. Si antes era mejor negocio comprar un departamento, hoy es más negocio meterlo en el banco. Hay un contexto donde se propician más las inversiones financieras que las productivas”, evaluó.

“hoy tenemos el peor de los escenarios, que es ingresos a la baja producto de la pérdida de poder adquisitivo del mercado interno.”

Por su parte, Vicente Lourenzo, secretario de prensa de CAME, sostuvo a Contexto: “Hoy tenemos el peor de los escenarios, que es ingresos a la baja producto de la pérdida de poder adquisitivo del mercado interno; y un aumento explosivo de los costos. La concurrencia de ambos afecta seriamente la rentabilidad, que es la razón de ser de toda empresa”. “Lo que hay que revertir es esa ecuación, porque de continuar con esos signos controvertidos, unos a la baja y otros a la alza, no hay muchas pymes que tengan espalda para aguantar hasta fin de año con esta situación”.

Las cifras del Indec

Tras su cese de actividad estipulado por el Gobierno, retornaron los datos del Indec. Según sus números, que fueron publicados anteayer, la construcción retrocedió 24,1% en abril en comparación con el mismo mes de 2015. Las causas son la merma de la actividad económica, la devaluación que incrementó los costos de los insumos, la inflación y los tarifazos que restaron poder adquisitivo a los salarios y la falta de inversión pública y privada, como demuestra el caso de la Constructora Roldán.

Con 40.187 puestos de trabajo menos que el año pasado, lo que representa un 11% de disminución del empleo, en estos cuatro meses la construcción conlleva un retroceso de 10,3% en comparación con el mismo cuatrimestre del año pasado.