Por Fernando M. López

La primera baja en el gabinete macrista de la provincia de Buenos Aires fue Carlos Mahiques, un ultracatólico, antiabortista y defensor de jueces de la última dictadura que se había tomado licencia en la Cámara Nacional de Casación en lo Criminal y Correccional de Capital Federal para asumir como ministro de Justicia de María Eugenia Vidal.

Tras seis meses en el cargo, la justificación oficial de su renuncia vino precisamente por ese lado: “La inminencia del vencimiento, el próximo 10 de junio, del plazo de la licencia otorgada por el Poder Judicial de la Nación me persuaden de la necesidad de retomar la función a la que me he dedicado más de cuarenta años de mi vida”, adujo en una carta a la gobernadora.

Distintas fuentes argumentaron otras razones, como ciertos cortocircuitos con la propia Vidal, ineptitud para la gestión y hasta una presunta “promesa” incumplida de reemplazar a la procuradora María del Carmen Falbo.

Los trabajadores judiciales, que conocieron la noticia horas después de cerrar la paritaria con el 32,5% de aumento salarial hasta agosto, interpretaron la dimisión como consecuencia de un conflicto que se alargó “innecesariamente”.

“Mahiques fue el fusible que saltó en esta crisis de varios meses”, dijo a Contexto Hugo Blasco, ex titular de la Asociación Judicial Bonaerense (AJB) y actual secretario general de la Federación Judicial Argentina (FJA).

Para Blasco, el ex ministro “se equivocó al pensar que teniendo un buen diálogo con un sector de los magistrados iba a resolver el problema salarial en la Justicia”.

“La AJB le demostró no estar dispuesta a aceptar cualquier cosa, como pretendía el Gobierno desde un primer momento”, sostuvo el gremialista, y agregó que “Mahiques tiene algunos prejuicios, algunas ideas estereotipadas, como la de creer que el Poder Judicial son los jueces”.

“Los trabajadores somos el 90% del Poder Judicial. Por lo tanto, ignorar o despreciar la representación del sindicato es una actitud suicida para cualquier funcionario”, completó el dirigente.

A pesar de las distintas versiones e interpretaciones que circulan por estas horas, no deja de llamar la atención que la renuncia de Mahiques se haya concretado tras el viaje de Vidal a Estados Unidos, donde también estuvo el ministro de Justicia de la Nación, Germán Garavano, para reunirse con la fiscal general Loretta Lynch y el director del FBI, James Comey.

Dos días después de su regreso a Buenos Aires, la gobernadora puso al frente de la cartera judicial a Gustavo Ferrari, quien se desempeñaba como titular de la Asesoría General de Gobierno desde la última etapa de la gestión de Daniel Scioli.

Ferrari es un abogado y empresario que comenzó su carrera política de la mano de Francisco de Narváez. En 2009 asumió como diputado nacional por el partido Unión Celeste y Blanco, y en 2013 se acercó al sciolismo. A partir del triunfo de Vidal, tejió fuertes lazos con Daniel Angelici y se convirtió en secretario general de Boca Juniors.

Al igual que Mahiques, Ferrari tiene vinculaciones con el Opus Dei a través de Universidad Austral, pero lo que determinó su designación como nuevo ministro de Justicia bonaerense fueron sus nexos con la Embajada de Estados Unidos. Desde allí, articulará con el titular de la cartera de Seguridad, Cristian Ritondo, y el jefe de la Policía Bonaerense, Pablo Alberto Bressi, quien llegó a ese cargo gracias al dedo de la Administración para el Control de Drogas (DEA). Tres pilares para poner en marcha los planes del Imperio en la provincia de Buenos Aires.