Por Roberto Álvarez Mur

Los tarifazos energéticos causados por el “sinceramiento” macrista y la apertura de importaciones golpean al conjunto de pequeñas y medianas empresas locales que lograron resurgir de las cenizas luego de 2001. Hoy, las cooperativas vuelven a enfrentar políticas de liberalismo económico que llevaron a la industria argentina a la quiebra a finales de los noventa. El caso crítico de Cooperativa Industrial Textil Argentina (CITA) La Plata, primera cooperativa del país inaugurada durante la segunda presidencia de Juan Domingo Perón, es el ejemplo central de las consecuencias del cambio.

“Para que haya una idea de lo que sucede: pasamos de pagar 5 mil de gas a pagar 50 mil”, dijo a Contexto el gerente de CITA, Marcos Silveira, quien hoy se encuentra en pleno debate junto a miembros de otras Pymes y asociaciones para impulsar un plan de rescate de esta situación.

“Nosotros somos sobrevivientes de la década del noventa, de la libre importación que hubo, y a partir de 2003 volvimos a trabajar la materia prima. El tarifazo de luz y gas nos pone fuera de competencia, y si esto no se resuelve a través de una tarifa social no sabemos qué podría pasar.”

“De 18 mil pesos de luz pasamos a pagar 60 mil. Los números son inmanejables en un contexto donde se están abriendo las importaciones, están entrando compras de ropa manufacturada, es decir, con la tela inclusive. Por lo tanto, el panorama es difícil porque no sólo no estamos recibiendo ayuda del mercado en sí mismo por las condiciones en las que se está liberando, sino que el tarifazo está terminando de hacer inviable nuestro trabajo”.

CITA es una empresa recuperada convertida en cooperativa en el año 1952 gracias a los trabajadores que, con el aporte de sus indemnizaciones, en el plazo de tres años pagaron la planta y se convirtieron en los dueños absolutos. A partir de los noventa, por las políticas neoliberales, la cooperativa tuvo que hacer frente a una competencia desleal y abierta. Es así que, para el año 1998, se encontraba casi en una total parálisis productiva que la llevó a la cesación de pagos y con ello al borde de la quiebra. El consejo convocó a su propio concurso de acreedores abierto por el juez. La cooperativa se avocó a renegociar sus deudas y, con la debida autorización del juez, a realizar la venta de activos improductivos. Esto le permitió lograr el pago del 50% del pasivo.

La crisis financiera actual en CITA pone en riesgo el futuro de treinta familias cuyo único ingreso es por la producción textil de la cooperativa, donde afirman estar “en uno de sus peores momentos”: pasaron de vender 70 mil metros de tela a 30 mil.

Además de su tarea como gerente de CITA, Silveira es vicepresidente de la Federación de Cooperativas de Trabajo de la República Argentina, organismo donde el golpe económico se siente con mayor intensidad en la pequeña y mediana empresa.

“Somos una federación integrada por 120 cooperativas de trabajo industrial y hoy una buena parte de nuestras empresas están en jaque por el tema tarifario. A esto hay que sumar la recesión que hay en el mercado. La gente consume menos. Todo este contexto pone a las pymes, que abordan el 70% de la economía nacional, al borde de la extinción”, dijo Silveira.

Y subrayó la delicadeza del actual escenario financiero a nivel regional y global: “Nosotros hoy tenemos un mundo vendedor. China, los países asiáticos, tienen sobrestock, prácticamente a costo cero, y con un mercado que todo lo regula es imposible competir contra todos esos monstruos. A eso se suma un Brasil, que tenemos aquí nomás pegado, con un 70% de pequeñas empresas también en jaque a raíz de su propia crisis. El panorama debería ser de cuidar el mercado interno, ya que el mercado internacional está hostil hacia nosotros. Eso hubiera significado salvaguardar el trabajo, pero al parecer estas nuevas políticas económicas no están apuntando a nada”.

En la última semana, Fecootra se sumó a una multisectorial para discutir políticas de amparo del actual conflicto económico que atraviesan. “No está fracasando el modelo cooperativo, sino las condiciones macroeconómicas del país”.

Por su parte, la Unión Papelera Platense, otro caso emblemático de fábrica recuperada de los noventa y reconvertida en cooperativa, también manifiesta su preocupación por la macroeconomía desplegada por el Gobierno. “Volver a lo mismo de 2001, de eso se trata. Financieramente estamos con la soga al cuello”, dijo a Contexto Pedro Montes, titular de la cooperativa que comenzó con veinte trabajadores y hoy sostiene los puestos de sesenta personas. “Incluso todavía tendríamos que sumar a diez más, pero esta situación no nos lo permite”.

Montes aseveró: “Los tarifazos y los costos altísimos de mercado traen aparejado que en vez de tener todos los días de producción, estamos teniendo la mitad. Y nosotros sobrevivimos si todos los días se produce. Produciendo la mitad estamos destinados a retroceder dieciséis años atrás”. Unión Papelera Platense comenzó produciendo papel higiénico con una máquina que había estado parada por dos años hasta formar su propia cadena de clientes.