Por Ana Victoria Carbonetti*

Se aproxima el 3 de junio, fecha que se coló en el calendario de 2015 con una fuerza poderosa bajo el lema #NiUnaMenos. Vale preguntarse si ese hito fue el que abrió un proceso de concientización sobre el fenómeno social y global de los femicidios, que golpea de lleno en la vida cotidiana de las mujeres, o si fue la apertura a la banalización mediática de las violencias ejercidas sobre nuestros cuerpos. Lo cierto es que la llegada del 3 de junio en 2016 es inminente y los matices de la heterogeneidad de esta convocatoria ya empiezan a verse.

En junio de 2015 se movilizaron más de 300.000 personas en Argentina para abrazar las puertas de un Congreso que se iluminó morado, en sintonía con el despliegue escenográfico y la estética de la multitud. Muchas de ellas luego marcharon a Tribunales y las recibió una plaza sin luces, en sombras. En Chile, un centenar de personas se reunieron frente al Palacio de la Moneda. Ambas movilizaciones protestaron por la misma causa: que no haya más víctimas de violencia de género.

“Queremos trascender la virtualidad y que esta movilización genere propuestas y políticas públicas para frenar la violencia de género”, dijo Ingrid Beck, directora de la revista Barcelona, una de las periodistas impulsoras de la marcha. “Es un año electoral. Todo el mundo se está sacando la foto con la convocatoria, pero no queremos que quede en la foto, queremos saber qué proponen y cómo se van a comprometer”, agregó en una entrevista a Télam en 2015.

Está claro que es necesario trascender la virtualidad. No hay lucha posible que no sea en las calles, recuperando el espacio de lo público, espacio que en tiempos políticos de censura y represión tiene un doble valor. Pero fundamentalmente porque el espacio de lo público es un lugar de disputa constante, arena de lucha, espacio prevalente para la expresión del pueblo.

Una de las imágenes que está circulando por estos días dice:

“TU ABUELA TE DIO A TU MADRE; TU MADRE TE DIO LA VIDA; TU SUEGRA TE DARÁ A TU ESPOSA; TU ESPOSA TE DARÁ A TUS HIJOS; ¿NECESITAS OTRO MOTIVO PARA RESPETAR A LAS MUJERES? –NI UNA MENOS–”

Esta campaña gráfica –acompañada de mujeres sosteniendo carteles con esa leyenda– no es parte de una campaña oficial nacional. Aunque no existe, en verdad, una campaña oficial. Justamente, una de las características del Ni Una Menos tiene que ver con que no existe un solo lugar de anclaje, una representación, una síntesis de una expresión aun más grande. Quizá eso haga a la amplitud y la capacidad de convocatoria, aunque no vamos a detenernos allí.

Más que números muertos

Entre 2008 y 2015, la Casa del Encuentro (Argentina) registró 2.094 femicidios, y entre el 1 de enero y el 31 de diciembre del año pasado, 286 femicidios y femicidios “vinculados”, personas (hijxs, vecinxs u otrxs familiares) que son asesinadas por el femicida. Pero si los números abruman y arrojan a ciertos sectores a la indiferencia como única alternativa, entonces hay que hacerla corta: una mujer es asesinada cada treinta horas en Argentina.

Lo que nos desvela no es solamente el creciente número de femicidios y de todo tipo de violencias. Porque en las estadísticas figuran los números, y los números son muertos. No hablan, no dicen, no representan. No hay identidad en los números. Los números son el después de la muerte. Y después de la muerte está la nada.

Lo que nos quita el sueño son los sentidos que se producen sobre las mujeres vivas antes de que lleguen a ser números, antes de ser mujeres muertas. Parafraseando a Rita Segato, lo más fácil es contar muertes.

Ingrid Beck señala la necesidad de saber qué proponen quienes se subieron a la campaña mediática del Ni Una Menos, y cómo se van a comprometer. Por si Beck, o alguna de nosotras, todavía no se ha enterado, lo que propone Marcelo Tinelli –uno de los referentes televisivos que aportó, según dicen, a la masividad de la convocatoria– es cortar tangas de las mujeres que refuerzan los estereotipos de mujeres en tetas, de mujeres en culo, de mujeres objeto.

Todo eso en hora pico, hora en que se corta la tanga, y es la tanga cortada, la exposición de esas mujeres, la que genera los picos de rating. ¿Es responsabilidad de quienes miran y hacen que los niveles televisivos suban por las nubes al momento en que aparecen en pantalla esas mujeres?

No podemos culpar a las audiencias; no se trata de culpas, esto no es un tribunal ni un juzgado. Pero sí existe una innegable responsabilidad por parte de quienes formulan esos contenidos, de quienes producen y diagraman las propuestas televisivas. Por eso la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual –recientemente derogada por decreto presidencial–, junto con todos los organismos que funcionaban articuladamente con ella, era tan importante.

Porque daba cuenta no sólo de una perspectiva de género transversal en su formulación, sino además contaba con dispositivos receptores de denuncias ciudadanas si las compañías televisivas no respetaban la normativa vigente. Tal es el caso de la Defensoría del Público, que además de haber sido una instancia de reclamo, también desarrolló investigaciones que dan cuenta de los niveles de sexismo que prevalecen en los medios de comunicación.

En el informe anual de 2014 “Monitoreo de los noticieros de la televisión de aire de la ciudad de Córdoba”, la Defensoría sostiene que “es constante la distribución por género de los columnistas en los distintos monitoreos. El espacio de las columnas especializadas es prácticamente masculino. Mientras tanto, en los tres canales, existe una clara tendencia a hacer de Espectáculos un tópico femenino, es decir, presentado casi en exclusiva por mujeres”.

Esa presentación a la que alude el informe no es una mera afirmación. La ridiculización devenida en violencia simbólica hacia las mujeres, específicamente en el plano del espectáculo, es un fenómeno transversal de la mediatización argentina.

La foto de la hipocresía

Mauricio Macri, durante su candidatura presidencial, también adhirió a la convocatoria, aportando desde el ambiente político su foto en las redes sociales bajo el lema #NiUnaMenos #BastaDeFemicidios. No es que haya sido Macri el único referente político que acompañó la iniciativa, sino que lo relevante del caso es ver, en sintonía con lo que se refiere Beck, de qué modo Mauricio Macri venía aportando o no a la lucha por erradicar la violencia de género. Y más aun –electo presidente–, cuáles fueron las políticas públicas que desarrolló luego de haber asumido el máximo cargo de la jerarquía política.

Repasemos su accionar en la materia como jefe de Gobierno en CABA:

  1. En el ámbito de la ciudad de Buenos Aires no se cumplieron nunca ni la Ley Nacional 26.150 de Educación Sexual Integral (ESI) ni la Ley 2.110 de Educación Sexual sancionada por la legislatura porteña.
  2. En ocho años, se redujo el presupuesto de la Dirección General de la Mujer casi a la mitad, pasando del 0,1% en 2007 al 0,06% para 2015.
  3. Vetó la Ley de aborto no punible Nº 4.318, que venía con el aval del fallo de la Corte publicado en febrero de 2012 y con aprobación parlamentaria de la Legislatura porteña.
  4. El bloque del PRO votó en contra de la Ley de Matrimonio Igualitario, en la Ley de Identidad de género y en la Ley contra la trata de personas. Y se abstuvo en la votación de la Ley de Fertilización Asistida.
  5. Vetó la Ley N° 3.360 para la adopción de medidas para el tratamiento periodístico de la violencia de género en los medios de comunicación públicos de la CABA.

La lista puede seguir, pero no es necesario. Creamos por un momento que la campaña #NiUnaMenos movilizó, tocó alguna fibra del complejo entramado humano y transformó algo que se proyecte en el accionar político, siempre en la búsqueda de propuestas concretas y políticas públicas para batallar en contra de la violencia de género.

Desde la asunción del actual Gobierno nacional a esta parte, las acciones de la alianza Cambiemos en relación con las mujeres fueron las siguientes:

  1. Cerró el Programa de Atención a Víctimas de Delitos Sexuales que funcionaba en CABA y echó al equipo y a la coordinadora María Elena Leuzzi, presidenta de la ONG Ayuda a Víctimas de Violación (Avivi), dejando sin asistencia estatal a decenas de personas sobrevivientes de abusos sexuales.
  2. La Secretaría de Género de la municipalidad de La Plata despidió a tres trabajadoras, dos jefas de hogar y una compañera trans, que inició acciones legales respaldada en el cupo laboral trans. Existe la mesa local que hasta el momento no ha elaborado estrategias de abordaje para dar respuesta a los casos de violencia. Si hoy hay un caso de violencia en la ciudad de La Plata, no existen puertas donde llamar.
  3. Derogó por DNU N° 267 la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, anulando toda posibilidad de lucha contrahegemónica desde una perspectiva de género y de derechos humanos.
  4. Vació y desfinanció el Programa de Salud Sexual y Reproductiva que apuntaba a promover la igualdad de derechos, la equidad y la justicia social, así como contribuir a mejorar la estructura de oportunidades para el acceso a una atención integral de la salud sexual y reproductiva. En este caso, el programa no fue derogado ni cerrado públicamente, pero no cuenta con presupuesto ni está produciendo materiales comunicativo-educativos ni funciona activamente como lo hizo desde su creación en 2002.

No sólo son las políticas que han llevado y llevan adelante desde la Casa Rosada, sino también –y es allí donde circulan los sentidos producidos, que devienen luego en políticas públicas de una ferocidad pocas veces vista sobre las mujeres– las declaraciones públicas de sus funcionarixs. Fundamentalmente, en lo dicho fuera de campaña.

En 2012 se viralizó un video donde Miguel Del Sel (dos veces candidato a gobernador por la provincia de Santa Fe, en 2011 y 2015, diputado en 2013 y 2015, y actual embajador argentino en Panamá) “bromea” sobre “traer putas” a un asado con obreros en uno de sus spots. Se refirió, en varias ocasiones, a la ex presidenta Cristina Fernández, llamándola “hija de puta” y “vieja chota”. Y, para rematar, afirmó que “aumentó el embarazo de pibitas de doce, de trece, de catorce años que se embarazan para cobrar la Asignación Universal”.

En 2014, Mauricio Macri dijo que “en el fondo, a todas las mujeres les gusta que le digan un piropo aunque les digan ‘qué lindo culo tenés’”. Y antes de asumir como presidente de la nación señaló “No haré cadenas nacionales para que las señoras puedan ver la novela”. En la misma sintonía, María Eugenia Vidal, actual gobernadora de la provincia de Buenos Aires, declaró que “la provincia de Buenos Aires necesita amor de madre”.

Las mujeres morimos dos veces

Es el lugar sexista, machista, misógino del que hablan sobre las mujeres. Es la violencia, la degradación y la humillación de la mujer en sus discursos. Pero es también la concepción político-histórica que habita en estxs sujetxs que hoy nos gobiernan –ya lo dijo la revista Noticias–, del “regreso de la mujer decorativa”. Y así como la mujer decora una casa lujosa –que mantiene siempre limpia y en orden, a la espera de su hombre– o un estudio de TV calefaccionado –gesto que deberíamos agradecer– para que cuando se le pida salir al aire en bolas no pase frío, o una tapa de la revista Gente abrazada en joyas, también decoramos las estadísticas de la muerte.

Existe entonces un doble crimen: el del femicida y el mediático. En ninguno de los dos casos se logra hacer justicia. En el primero, las mujeres somos revictimizadas, desoídas, violentadas hasta por las propias instituciones que deberían defendernos.

En el segundo, los medios de comunicación gestaron, a lo largo de toda la historia, una línea editorial sexista que es transversal en todos sus programas. Salvo contadas excepciones –que resisten hoy en un ambiente mediático mucho más hostil–, casi la totalidad de la programación que circula en la grilla televisiva manejada a gusto y piacere por el Grupo Clarín, carga con niveles de misoginia dignos de liderar el podio de los machos irredentos.

La violencia sobre las mujeres que día a día despliegan –primero en sus horarios oficiales y luego en los programas berretas que hablan del residuo que quedó de los anteriores– “lxs famosxs” de la televisión argentina es el insumo primario de las estadísticas de la muerte, es la antesala del femicidio, el escenario perverso en el que se regodea el femicida antes de matar.

La categoría de femicidio en los noticieros, que desplaza a los titulares que hablaban de “crimen pasional”, ha sido una concesión del patriarcado a través de su plataforma mediática. Porque lo cierto es que ahora lxs periodistas hablan de femicidios pero bajo esa categoría siguen ejerciendo un juicio de valor sexista sobre cómo vestían, cómo vivían y en qué medida –aunque no lo expliciten– un poco esas mujeres devenidas en estadísticas se merecían su muerte.

Habría que reflexionar entonces cuáles son los “beneficios” –si es posible que existan en este marco– de estxs personajes sacándose la foto del #NiUnaMenos, convocando a marchar y hasta marchando ellxs mismxs. Porque no sea cosa que nos comamos la curva del patriarcado, como las mujeres de esa campaña que se pregunta qué otros motivos –además de estos cuerpos depositarios de madres, esposas, hijas, suegras y abuelas– necesitan ustedes, los hombres, para no matarnos.

No podemos volver a asistir a la banalización de nuestras propias luchas, a la que nosotras mismas dimos lugar. No es la unión ni la masividad a cualquier precio, hay lugares irreconciliables. El femicidio no es una cuestión de “epidemia”, como una enfermedad o un accidente de las conductas humanas, sino una perversa planificación de la muerte de las mujeres.

A pocos días de la segunda edición de una de las movilizaciones más masivas de la Argentina, tendremos que seguir reflexionando sobre nuestras prácticas y sobre los modos de arribar a una consciencia social colectiva que haga del #NiUnaMenos –más que un hashtag o una saga de las series que marcan tendencia– una realidad efectiva. Pero para eso, antes, deberemos tomar la decisión –de una vez y para siempre– de rendir honores a nuestras muertas en la lucha y no en el circo de la televisión. Porque vivas nos queremos.


* Secretaría de Género, Facultad de Periodismo y Comunicación Social, Universidad Nacional de La Plata.