Por Observatorio de jóvenes, comunicación y medios

Un contexto político adverso y la falta de apoyo económico obligaron a la Comisión de Investigaciones Científicas de la provincia de Buenos Aires (CIC) a introducir modificaciones en su programa de becas. Ante estas circunstancias, Contexto entrevistó a su presidente, Armando De Giusti, para preguntarle qué lugar le asignará la CIC a los jóvenes investigadores y, más importante aun, cuáles serán las estrategias a adoptar considerando las dificultades presupuestarias; es decir, si continuará ampliando las políticas de promoción de la investigación y de estímulo de la vocación científica o dará inicio a una etapa de retracción y expulsión de dichos trabajadores de la ciencia.

En febrero de este año, el Directorio de la CIC decidió aplazar seis meses –pasó de la segunda quincena de marzo a igual período de agosto– la apertura de la convocatoria 2017 de sus Becas de Entrenamiento, dirigidas a estudiantes avanzados de grado (cursando los últimos años de la carrera y con el 60% de las asignaturas aprobadas) que deseen experimentar y capacitarse en los aspectos operativos e instrumentales de la investigación científica y tecnológica. Aunque la nueva convocatoria mantiene el plazo de duración (un año) y las exigencias a los becarios (supone una dedicación de quince horas semanales, sólo compatible con un cargo de ayudante alumno), se modificaron las fechas de inicio y finalización de las tareas.

Los alumnos universitarios postulantes a los que se les otorgue la Beca de Entrenamiento comenzarán así sus actividades formativas de investigación recién el 1º de abril de 2017 y las culminarán el 31 de marzo de 2018, cuando tradicionalmente el período era octubre/septiembre. De esta forma, la CIC unifica el calendario de sus Becas de Promoción de la Vocación Científica con las Becas de Estudio y Perfeccionamiento (destinadas a graduados universitarios admitidos en programas de doctorado), de manera que todas se empalman con el inicio del ciclo lectivo del nivel superior.

Esta última modificación, llamativamente, también se dio en las Becas de Estímulo a la Vocación Científica (EVC) que otorga el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) para estudiantes universitarios de grado que deseen iniciar su formación en investigación en disciplinas científicas, humanísticas, tecnológicas o artísticas. Las Becas CIN-EVC, en el ámbito local, son responsabilidad de la Secretaría de Ciencia y Técnica de la UNLP (realiza la evaluación de admisibilidad, ejecuta el otorgamiento y administra los estipendios). Aunque en diálogo exclusivo con Contexto De Giusti aseguró que no existía ningún tipo de relación entre ambas decisiones, el ascenso de Guillermo Tamarit demuestra lo contrario: el rector de la Universidad Nacional del Noroeste de la provincia de Buenos Aires (UNNOBA) es miembro del directorio de la CIC y, desde principios de abril, fue elegido presidente del CIN en el marco del 75º Plenario de Rectores. La figura de Tamarit evidencia una estrecha conexión entre ambas instituciones y, por qué no, un canal de diálogo para la consulta y asesoramiento en la definición de estas políticas científicas.

¿Ofertas solapadas y privatización del conocimiento?

La unificación de los criterios en las becas de promoción de la vocación científica en estudiantes avanzados de grado por parte de la CIC y el CIN podría significar a futuro una oferta bastante solapada entre ambos organismos e incluso terminar consolidando un único modelo de investigación con fuerte prevalencia de las ciencias duras y aplicadas, en desmedro de las ciencias básicas. Vale resaltar que en dichos campos de saberes prima una investigación individual y aséptica en detrimento de la intervención y la transformación. En términos concretos, acabaría por favorecer determinadas trayectorias de becarios para –a posteriori– ingresar a la carrera de investigador. Para evitar este tipo de superposiciones, lo más conveniente sería generar demandas de investigación diferentes, ampliando y orientando los temas de investigación con criterios de complementariedad.

“La CIC en particular, si uno dijera ¿cuál es el foco? Es un poco distinto que el CONICET. El foco tendría que estar en los problemas reales de la provincia. Hay que saber armonizar la asignación de los recursos y encontrar los mecanismos para efectuar la distribución entre las áreas temáticas que cubren las comisiones asesoras. Una estrategia equilibrada en esto permite avanzar con todas las áreas”, explicó el presidente de la CIC reconociendo la tensión existente entre las distintas disciplinas científicas por la asignación de recursos. Y agregó: “En cuanto a las áreas temáticas que se vayan a apoyar, no va a haber cambios sustanciales. De todas maneras, nosotros hemos hecho un pedido bastante firme [al Gobierno de Vidal] para poder ampliar las Becas de Entrenamiento”.

Una de las estrategias para incrementar la cantidad de Becas de Entrenamiento a otorgar en la convocatoria 2017 es “potenciar la vinculación con las Universidades nacionales con sede en la provincia por medio de la implementación de becas cofinanciadas”, adelantó De Giusti. Este tipo de articulación necesita previamente de la firma de convenios con cada Casa de Estudios para aumentar la cantidad de recursos humanos en las áreas temáticas que acuerden como prioritarias entre las partes. El tiempo demandado para suscribir estos instrumentos de cooperación es uno de los factores que explicaría el retraso en la apertura de las postulaciones, según consignó a Contexto el presidente de la CIC.

Otra vía planteada por De Giusti es recurrir a “un mecanismo aprobado en la CIC anteriormente, pero muy poco usado, con el cual las empresas cofinancian Becas de Entrenamiento. En general pagan una parte de las becas a jóvenes que se desempeñan en una unidad de investigación. Obviamente en la temática de la empresa; y le da una salida laboral casi automática a los alumnos que las hacen”. Esta figura suele ser muy utilizada por aquellas firmas ligadas a los Servicios Basados en el Conocimiento (SBC), principalmente en áreas vinculadas a las tecnologías de la información.

“Debemos ser muy cuidadosos con que no sea simplemente darle mano de obra a las empresas, sino más bien que sean empresas con alguna avanzada tecnológica o temática representativa para la provincia o que genere más trabajo”, advirtió De Giusti. Este punto es clave para no financiar desde la CIC a un trabajador del sector privado, lo que significaría avalar tanto una forma de precarización laboral –bajo la figura de la tercerización– como el usufructo privado de un conocimiento producido desde las instituciones universitarias públicas.

Los números importan

Durante la entrevista con Contexto, De Giusti expresó su intención de mantener en la convocatoria 2017 los mismos números respecto de la anterior y, en lo posible, aumentarlas, dependiendo de cómo prosperaran las negociaciones para implementar el cofinanciamiento. En este sentido, se mostró partidario de ampliar las bases de la “pirámide de formación en investigación” de la CIC.

Para dimensionar el alcance de las Becas de Entrenamiento (BENTR), van algunos números: en 2008 eran únicas en su tipo entre todos los organismos de Ciencia y Técnica del país, se otorgaban por una duración de nueve meses y la renta era de 660 pesos mensuales. En ese año se adjudicó a cuarenta estudiantes universitarios. En 2015, el Directorio resolvió asignar un total de 144 BENTR por el plazo de un año y el estipendio mensual recibido por los becarios fue de 3.093 pesos. Como se observa, en los últimos ocho años se triplicó el número de estudiantes que accedieron a este tipo de beca y los montos percibidos registraron un aumento de más del 400%.

Respecto a los estipendios para este año, el Directorio de la CIC informó recientemente una suba del 20% para las Becas de Entrenamiento (3.715 pesos mensuales), aunque no aclaró si el monto quedará congelado por un año o habrá una actualización de los valores en agosto, tal como venía sucediendo en la gestión de Daniel Scioli. De todos modos, el estipendio vigente desde el 1° de abril resulta insuficiente frente al grave deterioro salarial producido desde diciembre de 2015 a partir de la devaluación, los ajustes de tarifas (electricidad, gas, transporte y combustibles) y una escalada de precios que ya amenaza con convertirse en estanflación. En este caso, los afectados son un grupo de jóvenes investigadores que dependerán de la solidaridad de la comunidad científica para hacer oír su reclamo y obtener una recomposición digna de sus ingresos.