Por Carlos Ciappina

Hace 43 años, un 25 de mayo de 1973, el peronismo volvía al Gobierno. Tras dieciocho años de revancha oligárquica, represión político-social creciente, incluyendo torturas, fusilamientos, proscripciones políticas y sindicales, luego de una campaña de altísima movilización popular, sindical y, sobre todo, juvenil, un odontólogo de Mercedes e histórico del peronismo llegaba al Gobierno (Juan Domingo Perón seguía proscripto por obra y gracia de la dictadura de Lanusse) y proponía en un amplio Frente (el FREJULI) recuperar y reconstruir la nación de la mano de las mejores tradiciones del Movimiento Nacional y Popular, donde confluían peronistas, ex radicales, grupos socialistas, sectores del partido comunista y hasta el conservadurismo popular junto a las organizaciones sindicales que habían resistido los dieciocho años de proscripción y un actor nuevo en el peronismo: la juventud peronista, secundaria, universitaria y sindical que se había transformado en la fuerza militante de la campaña electoral y conformaba una pléyade de organizaciones políticas que habían resistido a la dictadura cívico-militar.

Aires de liberación se dibujaban luego de dieciocho años de falta de democracia en la Argentina: en aquel 25 de mayo en donde asumía nuevamente un Gobierno popular, Cámpora estaba acompañado por el presidente de la Unidad Popular de Chile, Salvador Allende, y por el presidente de Cuba, Osvaldo Dorticós. Un millón (sí, todos los medios señalaron esa cifra) de personas se reunieron en la Plaza de Mayo para acompañar la asunción de Hector J. Cámpora. Por la noche, en un absoluto hecho de justicia, cientos de miles de personas se reunieron en la cárcel de Devoto y liberaron a los presos políticos que habían sido encarcelados por resistir la dictadura de Onganía, Levingston y Lanusse.

Uno de los primeros actos del nuevo presidente fue decretar la liberación de los presos políticos de todas las cárceles y dar una amplia anmistía a los luchadores y militantes populares encarcelados. Cámpora derogó todas las leyes represivas que ilegalizaban a las agrupaciones de izquierda y, para horror de la patria represiva, se reunió públicamente el 13 de junio con los dirigentes de FAP-FAR y Montoneros.

Se inauguró así, ese 25 de mayo, uno de los períodos más felices, más creativos y más esperanzadores de la historia argentina: el Frente Justicialista de Liberación en el poder desplegó rápidamente una política de reparación y reconstrucción que se centró en una política económica de recuperación salarial y laboral impulsada desde el Estado en lo que se denominó (de la mano de José B. Gelbard) un “Pacto Social”. En educación y salud se iniciaron proyectos innovadores (muchos de los cuales continuarían en 1974/1975) que pusieron por primera vez en la historia a los sectores populares como nuevos actores y participantes activos en los procesos de enseñanza-aprendizaje y atención de la salud. En materia de seguridad y justicia, el joven ministro de Justicia Esteban Righi inició el desmantelamiento del aparato represivo y la eliminación de la formación centrada en la doctrina de la seguridad nacional. Quedó al frente de la Universidad de Buenos Aires el profesor Rodolfo Puiggrós, intelectual de formación marxista que inició la democratización y liberalización de la enseñanza universitaria luego de dieciocho años de prolija “desperonización” y persecución ideológica en la Universidades nacionales.

Hubo también una gran renovación de los cuadros de la conducción política que le permitió a la Juventud Peronista estar a cargo de areas claves del Estado: Ministerios nacionales, tres gobernaciones claves como Buenos Aires, Córdoba y Mendoza; varias bancas en el Congreso y la mayoría de las Universidades nacionales.

Por primera vez en toda la historia argentina, durante el gobierno de Cámpora se estableció la más amplia libertad de prensa, expresión cultural, literaria, teatral, cinematográfica. Agobiado el país por varias dictaduras y semidemocracias durante dieciocho años, recibió con enorme satisfacción la posibilidad de leer cualquier libro sin restricciones, ver cualquier película sin censura, cantar y escuchar todos los temas sin limitaciones. La Argentina se constituía en el centro cultural más diverso y libre de América Latina.

El gobierno del Frente Justicialista de Liberación de la mano de Cámpora se extendió por apenas 49 días: al levantarse todas las proscripciones políticas, había un sólo presidente posible para la Argentina: Juan Domingo Perón. El presidente Cámpora lo entendió mejor que nadie y renunció para que se votara por tercera vez a aquel en nombre del cual había gobernado esos 49 días. Esa es otra historia.

Hoy, con la Plaza de Mayo vallada, desierta, con un Ejecutivo nacional que no puede organizar un acto público de nuestra fecha patria por temor a la repulsa popular, aquel 25 de mayo de 1973 se nos presenta en toda su dimensión nacional y popular. La dimensión nacional y popular que tuvo en 1810 y en cada festejo del 25 de mayo en los Gobiernos democrático-populares, masivamente, en la Plaza de Mayo, como en aquel 1973 o en el no tan lejano 2010.