Llueve a cántaros en la ciudad. La dictadura cívico-militar gobierna a hierro y muerte. “Las que estábamos en Plaza de Mayo decidimos caminar. Nos estábamos llenando de agua pero no nos íbamos a ir. Dábamos vuelta antes de llegar al mástil, íbamos a la pirámide y así. Yo no sé si dimos una vuelta o más ese día, pero a pesar de la lluvia (y de todo) la gente pasaba y miraba. Pensamos: esto resultó”.

El recuerdo de Adelina nos quedó para siempre en el libro Guardianas de la Memoria como un testimonio del compromiso de no dar ni un paso atrás y seguir caminando siempre. Y así era Adelina Dematti de Alaye, fundadora de Madres de Plaza de Mayo, que este martes nos dejó y fue a abrazarse con su hijo Carlos Esteban.

Adelina Dematti de Alayes nació en Chivilcoy. Con su marido y sus dos hijos –Carlos y María– vivieron en Carhué, en Azul, en Brandsen y finalmente se mudaron a La Plata. Ejerció como maestra, preceptora y directora de un jardín de infantes. En mayo de 1977, su hijo Carlos Esteban, de veintiún años, desapareció. La búsqueda la llevó a Capital Federal y en la Capilla de la Santa Cruz conoció a Azucena Villaflor y a Hebe de Bonafini en los inicios de la Asociación. Desde ese día es Madre.

La noche del martes una multitud la despidió en el Rectorado de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), casa que le otorgó el premio Dra. Honoris Causa en 2010. Adelina se quedó dormida al mediodía y ya no despertó. La noche del martes parecía dormida en el centro del salón donde se realizó el velatorio. Estaba rodeada de decenas de personas. Todos los que la querían. A sus pies, con un ramito de rosas, la despedía su amiga Chicha Mariani.

Adelina registró toda la búsqueda de su hijo. Siempre estaba con su máquina poquet de fotos, era la Madre de la cámara. Al principio lo hacía para mostrarle a su hijo lo que había pasado cuando volvieran a encontrarse. Cuando cayó en la cuenta de que ya no se verían, siguió igual. El resultado fue un archivo que desbordó su garaje y que fue declarado de interés por la Unesco. Allí está la investigación sobre el Cementerio de La Plata y los médicos de la morgue que firmaban certificados de defunción truchos en la dictadura, que unificó en su libro La marca de la infamia.

En los cuarenta años de búsqueda, Adelina participó en la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), fue secretaria de Derechos Humanos de La Plata, la declararon Ciudadana Ilustre en la capital bonaerense, en la provincia y en Chivilcoy.

La anemia crónica que sufría desde 2014 le había sacado fuerzas. Estaba cansada, solía decir. Y salía poco de la casa. A sus 89 años permanecía excepcionalmente lúcida. Siempre había sorprendido a todos con la precisión de su memoria, capaz de rescatar detalles mínimos de la niebla del recuerdo. Ni la edad ni la enfermedad lograron quitarle esa capacidad. Tampoco su amor. Anoche, todo el cariño que brindó regresó en lágrimas de despedida.

Hasta siempre, Adelina. Siempre estará presente en las batallas del pueblo y en nuestros corazones.

El año pasado, en Contexto hablamos con ella y nos contó su historia. La historia de una Madre en lucha, que hoy elegimos compartir como homenaje:

http://perio.unlp.edu.ar/~diariocontexto/2015/03/24/adelina-de-alaye-la-historia-de-una-madre-en-lucha/