Por José Welschinger Lascano

El nombre es una referencia al gato de Schrödinger, un experimento demasiado curioso mediante el que un físico austriaco intentó postular la naturaleza de las paradojas. El proyecto, un sitio web con artículos, investigaciones propias y gran cantidad de contenido multimedia. Se trata de El Gato y La Caja, una propuesta que invita al público a dialogar y discutir sobre temas de actualidad desde un enfoque científico. Pablo Gonzáles, uno de los fundadores del blog, conversó con Contexto acerca de los motivos y los objetivos de su proyecto, además de plantear su actividad como parte de una toma de posición política.

-¿Cómo nació la página?

-Nosotros empezamos El Gato porque era un contenido que queríamos consumir y que no existía. En un principio, le apuntamos a un público que inicialmente nos imaginábamos como nuestros pares, con intereses y cosas en común. Pero con el tiempo encontramos que la riqueza del asunto estaba en romper ese marco, y empezamos a tratar de abrir ese mundo para compartir eso que nos volvía locos, que es la ciencia como una forma de ver al mundo y dialogar sobre lo que nos pasa.

Al principio eramos dos biólogos y un diseñador, y la propuesta fue llevarlo hacia algo que no se circunscribiera a un ámbito formal de la investigación. Nos preguntamos cómo podíamos compartir esto con la mayor cantidad de personas posibles, y ahí fue donde perdimos la noción de recortar un público. Entonces, nuestra prioridad fue poder hablar apasionada y desenfadadamente sobre lo que nos interesaba.

-¿Quiénes leen, entonces, El Gato y La Caja?

-Hay una curva que nos dice que tenemos lectores que, en promedio, están entre los dieciocho y los veinticuatro años, pero nos llegan constantemente mensajes y fotos de abuelos, padres e hijos leyendo la página; por eso, lo que vemos es que lo que hacemos no tiene que ver con una franja etaria o de educación, sino particularmente con gente que es curiosa y tiene una forma de ver el mundo distinta, que necesitaba acceder a un contenido que no estaba. Quienes nos leen son sencillamente personas a las que les interesa mezclar el mundo de la ciencia con todos los aspectos de la cultura, y que coincidían en esta perspectiva del descubrimiento científico como el producto de un sujeto relacionado con todas las cosas, no como algo objetivo separado de lo demás.

El poder real de la ciencia, en definitiva, no creemos que esté en los objetos que estudia, sino en cómo modifica al sujeto. Si el proyecto creció, fue justamente porque hicimos todo lo posible por no recortarlo; pero si le llegamos más que nada a los jóvenes es porque nosotros somos jóvenes y tratamos de ser lo más transparentes posible, lo que evidentemente genera esa empatía.

-¿Puede decirse entonces que son un proyecto de investigación y divulgación?

-Nosotros nos entendemos como un proyecto de comunicación pública, y no como un proyecto de divulgación, que es algo relacionado a los orígenes de la institución académica y que significa hablarle al vulgo. Para nosotros no hay vulgo, sino diálogos, y creo que lo que define al proyecto es su horizontalidad. Queremos hablar de un tema, y para hacerlo utilizamos las herramientas que nos interesan, aceptando que pueden ser falibles, y sabiendo que leemos a gente que sabe muchísimo. Nuestra intención está en redirigir la atención hacia lo que hace esa gente para desentramar y compartir el universo, como el dedo que apunta a la luna.

-¿Y la herramienta que encontraron para hablar sobre la realidad es la ciencia?

-Hemos descubierto el método científico como una forma excelente de atacar la realidad para poder hablar de ella. Eso nos habilita a ver la ciencia como algo más que una institución que produce cosas útiles, y a usarla contemplativamente para encontrar mucha belleza en el universo y en cómo nos relacionamos entre nosotros. Nos da la capacidad de comunicarnos por encima de las meras opiniones, tratando de fundamentar lo que decimos para desnudar nuestra subjetividad.

En una realidad llena de discursos que tratan de ocultar sus intenciones, la ciencia sirve para tirar del piolín y preguntarnos constantemente por qué decimos lo que decimos; nadie se ofende por eso. Ningún científico se enoja porque le preguntes de dónde saca lo que afirma; y si disponemos de un método que nos permita hacerle decir al Gobierno y al político por qué dice lo que dice, seguramente podamos llegar a una mejor realidad, una que sea mejor cada vez para más personas.

-¿Cómo podríamos mejorar la sociedad mediante la ciencia?

-Actualmente, el método que estamos usando para entendernos no es el mejor, y podríamos mejorarlo decidiendo que tenemos que tomar las decisiones desde una perspectiva un poco más científica, porque la ciencia es política. O sea, la ciencia se puede usar para hacer política, y la política circunscribe lo que la ciencia hace. Nadie puede negar que el norte de la investigación científica está marcado u orientado por la conducción política, y sería muy lindo poder empezar a revisar esa ida y vuelta; parar un toque la pelota y pensar cuándo decidimos enfocarnos en estas investigaciones, o si todo tiene que apuntar hacia fines prácticos como la industria. Ver si la investigación básica la hacemos realmente sobre cualquier cosa, o si tomamos la decisión política de apuntar hacia un conocimiento que regrese a la sociedad, mejorando la calidad de vida de las personas. No sólo con las cuestiones del mercado, sino pasando por encima de ellas para revisar la salud pública, la medicina basada en evidencia o el sistema educativo.

Si la vemos como una herramienta política para mejorar nuestra vida, no podemos dejar que la ciencia continúe siendo ajena a la política; no podemos permitir que un legislador siga votando sin llamar a la discusión científica para ver en qué se basa. Esa relación, que se ha revisado muchas veces, todavía sigue siendo necesaria de profundizar, especialmente porque el carácter subversivo de la ciencia no permite el principio de autoridad, y además porque generalmente suele ir en contra de intereses hegemónicos. Muchas veces el pensamiento científico destruyó nociones que daban seguridad, riqueza o inercia a sectores de poder.

-Ustedes en la página ensayaron investigaciones sobre el tema.

-Nos metimos con un enorme abanico de temas, como una manera de no tenerle miedo a nuestras preguntas. Hicimos trabajos usando como tema las elecciones de diciembre para ver cómo nuestra manera de tomar decisiones puede ser engañada. Concluimos que, además de la política, muchos procesos de decisión incluyen confabulaciones, momentos en los que nos engañamos a nosotros mismos para creer que nuestras decisiones fueron individuales cuando en realidad hubo un determinante condicionamiento ajeno. Quisimos ver cómo podemos mejorar nuestra forma de decidir.

-¿Qué rol les parece que cumple la Universidad pública a la hora de impulsar esa transformación de la sociedad?

-Los tres fundadores salimos de la Universidad pública, yo particularmente vengo del conurbano y pude estudiar gracias a muchos esfuerzos míos y de mi familia. Por eso sentimos tanto afecto y agradecimiento por la Universidad, más allá de cualquier falla o defecto que todavía tenga. Apoyamos los procesos de transformación que la siguen refinando, y nos encanta que su forma se pueda discutir.

La verdad, sería hermoso poder tener hoy una meritocrácia, pero para eso es necesario asegurar que todos partimos desde la misma base, que además es una vara muy alta. Si no tenemos las mismas condiciones, no es serio plantear la existencia de una meritocracia; porque una persona que no sabe si va a comer, ¿cómo puede ejecutar su meritocracia?, ¿cómo hace, ponele, para convertirse en un gran ingeniero? Sería hermoso, pero para llegar a esa posibilidad es necesario elevar la calidad de vida de las personas hasta que el que menos tenga pueda realmente jugar de igual a igual con el que nunca le faltó nada. Recién ahí empezaría, y por eso la Universidad pública es indispensable especialmente para el que menos tiene, aunque ya sabemos que nos tenemos que preguntar si realmente es accesible a todo el mundo. Queremos una Universidad abierta y con recursos.

-Entender la ciencia como herramienta política ¿implica entender al científico como un colectivo?

-Sí, entendemos al sujeto científico como un colectivo, también porque el mundo ha cambiado muchísimo; y cada vez hay más complejidad en las construcciones científicas, es más interdisciplinaria e involucra cada vez más grupos de investigadores. Todavía existen los genios solitarios, pero principalmente los que destacan son los enormes equipos de trabajo, que trascienden la idea de que alguien pueda hacer cosas fantásticas estando solo.