Por Héctor Bernardo

En la madrugada de este jueves el Senado brasileño terminó de concretar el golpe parlamentario contra la presidenta Dilma Rousseff. Pocas horas después, uno de los autores intelectuales de la destitución de la mandataria, el vicepresidente Michel Temer, asumió el control del poder Ejecutivo.

La toma de posesión mostró a un Temer que parecía que hubiera ganado una elección y asumía triunfante. El clima era de fiesta. Los parlamentarios que aprobaron el impeachment saludaban y aplaudía al sonriente presidente interino.

Cabe recordar que Temer era parte de la formula presidencial, junto a Dilma Rousseff. Primero fue vicepresidente, en el período 2010-2014. Luego volvió a acompañar a la presidenta en la fórmula que consiguió la reelección en octubre de ese mismo año.

La fórmula, compuesta por una alianza entre el Partido de los Trabajadores (PT) y el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), hacía suponer que los dos eran parte de un mismo proyecto político.

Para hacer un paralelo muy simple, es como si, en Argentina, destituyeran a Mauricio Macri y, su vicepresidenta, Gabriela Michetti, festejara el hecho de tener que remplazarlo.

Temer era parte del Ejecutivo porque era parte de esa alianza. Pero, el 29 de marzo de este año, el líder del PMDB anunció que el acuerdo entre los dos partidos se había terminado. Sin embargo, no renunció a su a su cargo de vicepresidente. Ya había tomado la decisión, junto a su socio, el entonces presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, de quedarse con el gobierno de Brasil. Solo dos semanas después comenzaba el proceso para aprobar el impeachmente en Diputados y menos de un mes después el Senado dio el último paso para el golpe parlamentario. Rousseff fue destituida y Temer asumió como presidente interino.

En su toma de posesión, el mandatario interino dijo que en un primer momento no pensaba dar un discurso, sin embargo ya hacía más de un mes, exactamente una semana antes de que se vote el impeachment en Diputados, que se había filtrado un audio en el que ensayaba un discurso para el momento de la asunción. Cuando se hizo público, ese audio circuló en las redes sociales y, al enterarse, la presidenta Dilma Rousseff afirmó que ya se habían caído las máscaras de los golpistas y dijo que Temer era “el jefe de los conspiradores”.

El líder del PMDB dio un discurso en el que anunció un plan de gobierno totalmente distinto al de la ex presidenta. Rousseff fue votada por 54 millones de brasileños. A Temer lo pusieron en el poder 367 diputados y 55 senadores.

Según una encuesta de la empresa Datafolha, solo el 2% de los brasileños votaría por Temer si se postulara a presidente. ¿De qué otro modo este abogado de 75 años podía llegar ocupar el despacho presidencial si no era a través de un golpe?

El mandatario de facto anunció la fusión de ministerios, cambió ministros y planteó profundas reformas. Según señaló el portal argentino ElCronista.com, el proyecto que implementará Temer tendrá como ejes: “Una fuerte reducción del gasto público, un giro en la política exterior hacia los Estados Unidos y la firma de acuerdos para recuperar la confianza de los mercados”.

No llama la atención, entonces, que el primer gobierno en felicitar “al nuevo mandatario” haya sido el argentino, presidido por Mauricio Macri.

Según señaló la cadena de noticias CNN en español, en un artículo titulado “5 cosas que debes saber sobre Michel Temer”, la primera y principal es que “A Wall Street le gusta”, la segunda es que “a la mayoría de los brasileños, no”.

De los otros tres aspectos que señala la cadena, 2 podrían ser dejados de lado (que “Su esposa es una exreina de belleza que lleva a Temer tatuado en su cuello” y que “sus padres son migrantes libaneses”). Sin embargo, el quinto punto es que “no ha sido investigado en el escándalo de corrupción… hasta ahora”. Hace muy bien la cadena en señalar que “hasta ahora” no ha sido investigado, porque las denuncias contra él por corrupción y por su participación en el escándalo de Petrobras han sido frenadas por sus socios en las Cámaras y en la Justicia.

Entre otras acusaciones, está la declaración del “arrepentido”, Delcidio Amaral, quien afirmó que Temer nombró personalmente a dos directivos de la petrolera estatal que fueron condenados por el fraude.

La voluntad popular decidió que Rousseff gobernara hasta el 31 de diciembre de 2018. Un grupo de parlamentarios, la mayoría de ellos involucrados en denuncias de corrupción, decidieron que Temer sea el nuevo presidente.

Durante 180 días Dilma Rousseff estará suspendida y será sometida a un juicio político que, a simple vista, es una gran farsa donde todo está definido. Temer intentará gobernar hasta fines de 2018, quedará en el pueblo brasileño saber que nivel de resistencia al golpe puede ejercer.


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