Barcelona vs. Pando: nuestro derecho a ser satíricos

Barcelona vs. Pando: nuestro derecho a ser satíricos

El fallo que obligó a la revista a indemnizar con 40 mil pesos a la dirigente ultraderechista reavivó la discusión respecto a la libertad de expresión. La tradición del humor político y los límites del discurso moral.

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Por Roberto Álvarez Mur

La imagen es contundente: una foto en sepia del ex presidente Néstor Kirchner con uniforme nazi y la mano levantada en evocación del saludo instaurado por Adolf Hitler. La figura, diseñada con cuidado, no pertenece a un desafortunado panfleto neonazi ni a la revista de periodismo humorístico Barcelona. Es la portada de la revista Noticias de abril de 2010. Salvo por algunas observaciones críticas realizadas por la DAIA, la editorial a cargo de la revista no fue sancionada ni apercibida bajo ninguna forma por el controversial montaje fotográfico. Como tampoco se hizo con decenas de portadas del mismo medio, donde se podía observar a Cristina Fernández de Kirchner crucificada o al periodista Víctor Hugo Morales con boina militar y un arma.

La condena dictada por la jueza Susana Nóvile que obliga a la revista Barcelona a pagar una indemnización a la activista de ultraderecha Cecilia Pando por la publicación de una foto editada con su rostro en 2010 marca un precedente crucial en debates por la libertad de expresión dentro de los medios de comunicación y los obstáculos impuestos para condicionarla en nombre de la moral pública.

“Podemos apelar y lo vamos a hacer esta semana. Nunca nos pasó esto, es el único juicio que tenemos. Al principio tuvimos cartas documento de la Fundación Felices Los Niños y no recuerdo ningún personaje público que se haya sentido ofendido”, declaró en radio la directora de la revista humorística, Ingrid Beck, respecto de su habitual lenguaje satírico para construir sus notas y fotografías.

El fallo de la jueza Nóvile argumenta que “el ejercicio del derecho de expresión de ideas u opiniones no puede extenderse en detrimento de la necesaria armonía con los restantes derechos constitucionales, entre los que se encuentran el de la integridad moral, el honor y la intimidad de las personas”.

La directora de Barcelona expresó: “Esto habla de ponerle un límite a la libertad de expresión. Esto es lo más importante, más allá de la condena. Una jueza no puede medir con qué se puede hacer humor y con qué no”.

“Hace lugar a la demanda civil por daño moral, dice que hay que resarcirla [a Pando] porque es docente, madre de seis hijos, católica y casada. Hay un razonamiento moral de la jueza que se me escapa. Nosotros no pensamos en jueces que van a usar su propia vara moral para decir qué es bueno y qué no. La función es otra”, completó.

“Esto casi induciría a la privatización del humor”, dijo a Contexto Beltrán Besada Romero, director de la revista dedicada al humor político La Negra del Sur. “La revista Barcelona puede gustarte más o menos, pero es una revista que habla desde el humor, y tiene muchas aristas. Puede ser cínico, ácido, o más coloquial. Con lo cual no podés sancionar una arista del humor”, completó.

“Tomemos la tapa de Noticias donde publicaron una foto trucada de Cristina simulando un orgasmo. Alguno podría haber tomado alguna acción respecto de eso, entonces. Ahí es donde podemos ver las varas con las que se mide la identidad de distintos medios”, subrayó Romero.

El modo ácido y chocante de la sátira que presenta la publicación se contrapone al sentido común construido desde el discurso moral que gravita en los medios hegemónicos. Beltrán Romero observa allí un modo legítimo de construir un contrarrelato que pueda responder al entramado ideológico que, en este caso, representaría la figura de Cecilia Pando.

“Si algo tiene el campo popular es que logra reírse de sí mismo y a partir de ahí tiene absoluta autoridad para ridiculizar al que nos oprime”, aseveró el director de La Negra del Sur.

Por su parte, el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) ya emitió un comunicado de repudio ante la decisión de la jueza Nóvile, donde alerta sobre “el riesgo que implica para la libertad de expresión el antecedente de semejante fallo para el pleno ejercicio del derecho a la libertad de expresión que comprende, entre otros, al derecho a la sátira, que es lo que habitualmente hace la Revista Barcelona”.

Cien años de humor

El humor político en medios gráficos posee un amplio terreno de antecedentes en Argentina, y cada etapa de su errática trayectoria estuvo marcada por el tire y afloje con el poder de turno. En su ensayo La prensa de humor político en Argentina, la socióloga e investigadora del CONICET María Elisa Burkart explica: “La prensa de humor ha ocupado históricamente un lugar marginal en el campo periodístico, sin embargo, esa marginalidad no ha impedido que en Argentina se haya desarrollado una larga tradición en este tipo de prensa que se remonta previo al uso de este nombre para el país”.

La licenciada de la UBA remarca que ya hacia principios de siglo las restricciones a estos medios para expresarse eran frecuentes desde el poder político.

“[la revista] El Mosquito sufrió presiones que dejaban en evidencia, por un lado, que la revista no adoptaba una posición dócilmente oficialista; y por otro, que en la élite dominante había diferencias y poca tolerancia hacia la libertad de expresión. Uno de esos casos involucró al intendente de Buenos Aires que se quejaba por unas caricaturas sobre el vicepresidente Pellegrini y advertía sobre una posible suspensión de la publicación si esta continuaba en esa línea”.

Burkart agrega: “En los todos los casos, la prensa de humor político conoció el poder de la censura. Esto arroja luz sobre el poder que se le adjudica a las imágenes –caricaturas– y al humor”.