La Iglesia dialoga con sectores económicos para frenar el ajuste

La Iglesia dialoga con sectores económicos para frenar el ajuste

Hay una preocupación cierta desde la Conferencia Episcopal y desde los barrios. Los curas despliegan una estrategia para evitar que crezca malestar social debido a los despidos y suba de precios.

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Por Contexto

Con cautela, sin demasiado alboroto, la Iglesia comenzó a desplegar una estrategia para ayudar a evitar que el descontento social, más que nada dentro de los sectores más vulnerables, por la suba de precios y tarifras llegue a mayores. Ahora con línea directa con el Vaticano, la curia no apuesta a la caridad ni al mero acompañamiento, sino al diálogo con los sectores económicos para que no se avance con el ajuste. Si bien los sacerdotes no quieren hablar de estallido social, como sí lo hacen los intendentes del Conurbano, no le restan gravedad al asunto y prefieren, valga la expresión, pecar de exagerados.

Las figuras principales de este operativo son monseñor Jorge Lozano, titular de la Pastoral Social (algo así como un Ministerio de Desarrollo Social del clero), y el obispo de Chascomús, Carlos Malfa, integrante de la Conferencia Episcoal Argentina, conocido como el Episcopado.

Aunque no tuvo demasiada cobertura mediática, este lunes Lozano hizo una movida muy fuerte en este sentido, una señal innegable de que la Iglesia está preocupada por la situación económica: recibió a representantes de las centrales sindicales que se movilizaron el viernes para rechazar las líneas centrales del proyecto macrista.

Se trató de una misa por el Día Internacional del Trabajador que se realizó en la sede de Acción Católica, en Capital Federal. Durante la ceremonia, Lozano señaló que “el trabajo es sagrado y la inequidad es una ofensa al creador”, y pidió que “todos puedan ganarse el pan”.

Según el portal Infogremiales, al término de la jornada, opinó sobre la coyuntura lejos del tono parroquial: “Existe en la Iglesia preocupación por los ámbitos golpeados, como la construcción, la siderurgia, el sector de vehículos y los empleados públicos”. Tampoco descartó un apoyo a la ley de emergencia ocupacional que la Casa Rosada rechaza.

Por otro lado, Malfa es por estas horas, directamente, quien comenzó contactos directos con empresarios grandes, medianos y pequeños para evitar que no haya despidos. Según una nota de Ariel Maciel para el diario especializado BAE, la CEA “convocó a empresarios pymes y de grandes firmas a redoblar esfuerzos para contener una escalada de conflictividad en las calles”.

Jorge Lozano, titular de la pastoral social: “Existe en la Iglesia preocupación por los ámbitos golpeados, como la construcción, la siderurgia, el sector de vehículos y los empleados públicos”.

Los prelados, básicamente, llevan el mensaje de que el país no resistirá por mucho más tiempo la ola de despidos, y advierten que en sus comedores ya se siente un aumento de la demanda de alimentos. Por eso, otra de las demandas es que las grandes firmas aumenten el caudal de donaciones.

En ese camino, Malfa recibió a Marcelo Fernández, titular de CGERA (Confederación General Empresaria), una institución que desde 2007 se presenta como la voz “de un numeroso grupo de cámaras pymes de todo el país que venían trabajando en conjunto y necesitaban de una entidad que las contenga y represente”.

“Es importante que desde la Iglesia se puede favorecer el diálogo y el encuentro entre los distintos sectores de la sociedad argentina. Sobre todo para las pymes, que son los grandes generadores de trabajo en todo el país”, aseguro monseñor Malfa, según la página oficial de CGERA.

Según el mismo sitio, Fernández “describió algunas de las principales preocupaciones del sector, como la caída en las ventas y pedidos, el aumento de las tarifas de servicios, la falta de financiación y la ausencia de una política de apoyo a las pymes por parte del Estado”.

Dicho encuentro se desarrolló en la sede de la CEA y contó además con la participación Roberto Yacuzzi, presidente de la Unión de Comerciantes e Industriales de San Lorenzo (Santa Fe), Sebastián Raspa, presidente de la Federación de Cooperativas de Trabajo 1° de Mayo (Quilmes), y Raúl Zylbersztein, secretario general de CGERA.

Desde las pymes hasta los barrios

Consultado por Contexto, Yacuzzi dijo que “es importantísimo que la Iglesia le dé participación a las pymes, porque son las que ahora están sosteniendo el empleo”. El dirigente santafesino aclaró que el encuentro fue para “avisar antes, para poner la luz amarilla antes de la roja, porque ya se vivieron otros casos complicados en el pasado”.

“Queremos que nos escuchen. Nos juntamos para aportar una mirada, no para generar ninguna interna ni para poner palos en la rueda, como se dice. Creemos que la Iglesia tiene el poder de llevar nuestras inquietudes a otros lugares”, aclaró.

Para Yacuzzi, después de las medidas tomadas a nivel macro es momento de apuntar las acciones al crecimiento. “El Estado tiene que estar presente para que la cosa no pase a mayores, medidas para nuestro sector para que podamos generar trabajo”, reclamó.

Roberto Yacuzzi, dirigente Pyme: “El Estado tiene que estar presente para que la cosa no pase a mayores, medidas para nuestro sector para que podamos generar trabajo”.

Por último, pidió saber con exactiud “en qué parte del río está y cuándo vamos a llegar a la orilla”. Para el empresario, “más que decir que en el segundo semestre se va a crecer, hay que explicar cómo llegar” al segundo semestre. “ Estamos subsistiendo”, cerró.

Otro brazo de la Iglesia busca generar contención en los barrios populares y las villas, donde las consecuencias económicas se palpan en los alrededores de las parroquias. “Son los curas los que cuentan que cada vez se acerca más gente a los templos”, dijo a Contexto Washington Uranga, investigador, docente y periodista especializado en cuestiones eclesiásticas.

“Dicen que tienen más gente en los comedores, que cada vez les piden más ayuda y que Cáritas volvió a convertirse en una referencia”, agregó. Uranga quizá es más cauteloso con respecto a la relación entre estas respuestas y Francisco. “Hay que despejar esto de que Bergoglio maneja todo desde Roma”, prefiere decir.