Un frente en construcción

Un frente en construcción

Sin temerle al pragmatismo, Cristina llama a convocar a todos los sectores para formar un Frente Ciudadano. El trabajo urgente está en la provincia de Buenos Aires, donde ya se sienten las consecuencias del macrismo.

675
0

Por Mariana Gras y Flavio Rapisardi

Bajo una lluvia que no cedía, igual al 17 de octubre de 1945, Cristina Fernández de Kirchner nos habló a una multitud, y en ella a cada un* de nosotr*s. Sin amagues, con su claridad meridiana y en tono no sólo de respuesta a la vergonzosa citación de un juez pistolero, sino reponiéndose a esa provocación fascista y mentirosa, tendió un puente al futuro que clavó mojones en territorio enemigo, propio leal y no tanto:

“Se que hay muchos argentinos enojados con otros compatriotas que dicen ‘por culpa tuya que lo votaste a mí me echaron o no me alcanza para los alimentos’. Ir al supermercado se ha convertido en una odisea. Yo les digo que no se enojen ni con su amigo ni con su vecino por cómo votó, eso no sirve. Creo que no se puede acusar a alguien de haber creído. Porque, en definitiva, le creyeron… Hoy les propongo, esencialmente, formar un gran frente ciudadano en el cual no se le pregunte a nadie a quién votó, de qué partido es o en qué sindicato está, sino que se le pregunte ‘¿Cómo te está yendo?, ¿mejor o peor que antes?. Ese es el punto de unidad de los argentinos: reclamar por los derechos que nos han arrebatado.”

El pragmatismo tiene mala fama. Sin embargo, cuando uno lee a John Dewey o al más contemporáneo representante Richard Rorty, podrá coincidir o no, pero lo que no se puede negar es la agudeza de algunas de sus observaciones al devaneo idealista y al craso empirismo con el que distintos partidos políticos esperan un paraíso o que nos conformemos con el hambre y la desigualdad como lo que debe ocurrir.

Tonteras insostenibles, pero ya nos avispó Arturo Jauretche, productivos guiones que a grandes sectores de nuestro país les resulta un cómodo modo de ver el mundo, ya que viene enlatado en instituciones que el Gobierno macrista se está encargando de desmantelar sin agradecer los servicios prestados: nos referimos a los sectores de la educación (docentes, investigadores e instituciones educativas) que no se cansan de repetir la historia liberal, investigar lo que al pueblo no nos interesa, y a las asociaciones profesionales que suelen guardar un silencio que forma parte de los intentos de restauración neoliberal y neoconservadora.

Intentos porque las manifestaciones de Comodoro Py y del 29 frente el edificio de una de las CGT muestra la vitalidad del sector social que deberá ser columna de proyecto nacional y popular: la clase trabajadora, de la que por suerte personajes como Barrionuevo se autoexcluyeron. Pero también se vieron allí las urgencias: el titubeo de algún*s dirigentes, la urgencia de un armado de cuadros y la necesidad de una conducción que sepa articular.

La vuelta de Cristina y su convocatoria a un frente ciudadano, y los trabajadores y organizaciones sociales en la calles, es un excelente comienzo para recrear ese movimiento que puso a nuestro país de pie al menos tres veces en la historia.

Tenemos que volver a convocar a amplios sectores de la clase media que consideran la política una dimensión ajena, un gasto improductivo de tiempo o un nicho de corrupción: aunque parezca de nuevo tontera, hay que salir a sumar a la política a much*s indiferentes en este momento en que sus billeteras sólo son estación de paso rápido que no compra nada, que ven surgir la inseguridad en sus barrios como en los años noventa, aun con protocolos y tarjeta blanca que les dieron a las fuerzas represivas de las malditas Policías.

Lo mismo que a l*s indiferentes, debemos enamorar a l*s desencantad*s, los que saben lo que se juega en la política, pero que por inexperiencia o soberbia de no ampliar nuestra base social o de propuestas propias no supimos sumar a nuestro frente: sectores religiosos, movimientos y agrupaciones. Pero nada de esto es posible si no articulamos en una mesa amplia a tod*s l*s que en distintas etapas del proceso que se abrió en el año 2003 nos fuimos sumando a ese movimiento.

Ese es el desafío. Y la provincia de Buenos Aires es una prioridad, porque allí los efectos del modelo ya están arrasando con miseria y corrupción desenfrenadas, mientras somos gobernados por un peligroso personaje con cara de feliz cumpleaños, donde intendentes propios y ajenos están disputando modelos.

Los tiempos son cortos, pero sabemos lo que fue capaz de hacer nuestra fuerza militante. A esto nos convoca la historia de la lucha popular: vamos sí o sí a crear ese frente que derrote en la urnas de 2017 a la derecha que poco a poco nos muestra sus grietas que tanto dicen combatir, pero en realidad son los desgarros que les produjimos o que ellos tienen porque su modelo es tan old fashion que no resistirá el acontecimiento de una fuerza que le devuelva su verdadera imagen, tan lejos a l*s asesor*s de la alegría.


 

COMPARTE