Por Héctor Bernardo
El triunfo electoral que llevó a Cambiemos al Gobierno de Argentina, la aprobación en la Cámara de Diputados de Brasil del impeachment contra Dilma Rousseff y el primer paso que la oposición venezolana dio para concretar el referendo revocatorio del presidente Nicolás Maduro llevaron a los movimientos populares de la región a refugiarse en el bastión que la derecha nunca les pudo arrebatar: la movilización callejera.
En Argentina, el 13 de abril de este año, la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner tuvo que presentarse a declarar ante la Justicia. A pesar de que la acusación no tiene fundamentos legales, varios analistas políticos aseguraban que el juez federal Claudio Bonadio tenía lista la orden de detención contra la ex mandataria.
Esa mañana, más de 300 mil personas marcharon hasta las puertas de los tribunales de Comodoro Py en apoyo a la ex presidenta. Cristina Fernández estuvo sólo treinta minutos en el juzgado y el juez tuvo que desactivar cualquier intento de detenerla que tuviera preparado para ese día.
Frente a la política de ajuste del Gobierno de Cambiemos y los más de 120 mil despidos que se han producido tanto en el ámbito estatal y como en el privado, algunos legisladores comenzaron a impulsar una ley para frenar los despidos. El presidente Mauricio Macri amenazó con vetarla y este viernes 29 de abril cientos de miles de personas acompañaron una marcha convocada por todas las centrales sindicales del país. Ante la prepotencia del Gobierno, el pueblo y algunos dirigentes volvieron a demostrar que pueden estar unidos para enfrentar la medidas neoliberales.
En Brasil, mientras un centenar de diputados (la mayoría de ellos acusados en casos de corrupción) festejaban la aprobación del impeachment contra Dilma Rousseff, cientos de miles de personas se manifestaban en las calles y señalaban el carácter golpista de ese proceso encabezado por el presidente de la Cámara, Eduardo Cunha, y su socio político, el vicepresidente de la nación, Michel Temer. Desde ese día, las manifestaciones callejeras a favor de Rousseff no han cesado.
Poco tiempo antes, en una nueva arremetida judicial contra Luiz Inacio “Lula” Da Silva, el juez Sergio Moro hizo que la Policía llevara por la fuerza al ex presidente para que le tomasen declaración. El show mediático frente a las cámaras del grupo hegemónico Rede Globo, que pretendía desprestigiar Lula, generó el efecto contrarío. Casi de inmediato miles de manifestantes del Partido de los Trabajadores (PT) salieron a las calles. Lula fue liberado luego de tres horas de interrogatorio y recibido por una multitud. Varias encuestas señalan que la imagen positiva del ex presidente no ha parado de crecer desde ese día.
Recientemente, la oposición venezolana agrupada en la Mesa de Unidad Democrática (MUD) consiguió dar el primer paso para concretar el referendo revocatorio contra Nicolás Maduro. Sumado a eso, se conoció un documento del Comando Sur de Estados Unidos titulado “Venezuela Freedom 2 – Operation” en el se señalan doce pasos para generar de manera violenta el final anticipado del gobierno bolivariano.
En respuesta a ello, el presidente venezolano convocó a la movilización callejera y afirmó: “Es preciso, compatriotas, prepararnos para ganar la guerra no convencional, para darle una poderosa base a la paz que necesita Venezuela”.
El proceso popular en Venezuela que comandó Hugo Chávez y que hoy continúa Nicolás Maduro fue iniciado por el levantamiento popular del 27 de febrero de 1989, conocido como “El caracazo”. Luego, dicho proceso popular fue refrendado el 4 de febrero de 1992 mediante el levantamiento comandado por Chávez y consolidado el 6 de diciembre de 1998, cuando fue elegido presidente. Siempre con el pueblo en las calles. El mismo pueblo que desactivó el golpe del 11 de abril de 2002 y que ahora Maduro convoca para resistir la arremetida de la derecha.
En Brasil, las inmensas manifestaciones obreras y populares que llevaban como referente a Lula Da Silva fueron las que pusieron al PT en el Gobierno y las que tienen que evitar que el golpe contra Dilma Rousseff se concrete.
 
En Argentina, con el estallido social del 19 y 20 de diciembre de 2001, el pueblo en la calle expulsó al Gobierno neoliberal de Fernando de la Rúa y Domingo Cavallo. Durante los doce años de gobierno kirchnerista, las manifestaciones de apoyo fueron multitudinarias y constantes, hasta llegar al punto de frenar el proceso desestabilizador desatado con “el conflicto con el campo”, el lockout patronal de los grandes productores rurales desatado en 2008. Hoy las manifestaciones callejeras vuelven para respaldar a la ex presidenta y ponerle un freno al avance neoliberal del Gobierno de Mauricio Macri.  
 
La calle es la última trinchera de los procesos populares. Desde allí se resiste el avance brutal de la derecha, desde allí se puede pasar a la ofensiva y recuperar el lugar que esos procesos nunca debieron ceder.