Pelotudez y crueldad

Pelotudez y crueldad

Por Carlos Barragán.

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Por Carlos Barragán

En estos días nos enteramos (nosotros, que buscamos información como los locos buscadores de oro de las películas) de que los despidos, ajustes y otras injusticias han provocado tres muertes. Esteban, de la Biblioteca Nacional; Yolanda, docente de Mar del Plata; y Melisa, del INTA de Chaco. Se podría ahondar en el drama y la tragedia, el golpe bajo está servido para cualquiera, pero tratemos de no hacer amarillismo con nuestro propio sufrimiento.

Estas tres personas murieron por las políticas inhumanas que implementa el neoliberalismo cuando coloniza un país. Es lícito preguntarse si son sólo estos tres casos o si habrá más muertos por la misma razón pero quedaron silenciados, quizá porque sus familiares prefirieron evitarse el reconocimiento de la sucia mano que mató a sus seres queridos. Y esto es apenas la punta del iceberg.

Habrá que agregar que las políticas de laissez faire al mosquito del dengue también atacan directamente las vidas de todos. Y debemos tener en la memoria lo que ocurre con los más frágiles de la sociedad, los chicos que ya no reciben carne, ni leche, ni fruta en los comedores de las escuelas. Y, mientras tanto, el titular del Poder Ejecutivo nacional se reúne con sus ministros y les pide “no engancharse con las críticas”. Y como medida estratégica contrata a un psicólogo experto en alegría que les explica qué es la pobreza con esta frase: “Todos somos pobres por lo que nos falta y ricos por lo que podemos dar”.

Pelotudez y crueldad se dan la mano en un combo inesperado. Michetti aporta lo suyo cuando no hace diferencia entre “los pobres y la gente normal” porque ambos grupos sufren el problema de las drogas, tema que la preocupa porque, “si la pastillita es tan chica, ¿cómo se controla eso?”.

Pastillitas, mosquitos, las cosas chicas son difíciles de controlar. La pelotudez y la crueldad del gobierno de Cambiemos funcionan como un coctel que nos confunde, porque todavía nos sorprende que la banalidad sea suficiente para hacer el mal. El ministro de Educación nos regala otro ejemplo cuando reflexiona “El boleto educativo no es prioridad si todavía hay estudiantes que no saben leer”. Pelotudez y crueldad docente, la de alguien que no se pregunta cómo hace el estudiante para ir a aprender a leer si vos no lo ayudás a llegar a la escuela.

Y si uno abre La Nación podrá ver a un periodista que cobró 14 millones del Gobierno macrista de la Ciudad de Buenos Aires hablando con entusiasmo de Mani Pulite, sin mencionar en ningún momento las cuentas offshore del presidente. En ningún lugar de ese diario que maneja desde hace meses toda la información sobre el caso Panamá Papers aparece nada, absolutamente nada sobre el tema.

Mani Pulite. La pelotudez y la crueldad amalgamadas en un mismo proyecto donde la política está excluida de la discusión. Las frases estúpidas, hondamente estúpidas, reemplazan a la razón política y nos dejan sin palabras. Las respuestas frente a la muerte, frente a las víctimas de esta manera de hacer política, siempre son estúpidas, evasivas, disolutivas de la razón, pervirtiendo de cuajo la noción de causa y efecto.

Pelotudez y crueldad, que no es sólo el tamaño de la pastillita: también aplican la misma regla cuando hablan de regresar al mundo, de la bonanza del segundo semestre, de los cientos de miles de ñoquis, del dólar futuro, y sobre todo de la “corrupción K” como el más imbécil Deus ex Machina que explica las calamidades provocadas a diario. Calamidades que ya no son novedad, como no es novedad que la tarea de revertir el reparto de la riqueza viene junto con la demolición de la política. Pero ahora habremos de agregarle la demolición del sentido, un vacío que nos deja absortos.

Me recuerda a aquella categoría de los no-lugares, tan gastada en los noventa. Porque uno vislumbra que el país que propone Cambiemos es un shopping donde algunos compran mucho sin saber por qué ni para qué, y otros se quedan afuera lamentando no pertenecer a ese vacío sin sentido.

Por eso tendremos que llenar cada espacio hueco y estúpido que vayan dejando a su paso, denunciando cada pelotudez y crueldad que emprendan, con o sin la ayuda de su experto en alegría.


 

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