Por Héctor Bernardo

La Cámara de Diputados de Brasil aprobó el impeachment (juicio político) contra la presidenta Dilma Rousseff el pasado 17 de abril de 2016. Ahora, será el turno del Senado brasileño que deberá decidir si convalida la decisión de Diputados y, de ser así, la presidenta deberá dejar su cargo mientras dura el proceso. Si es declarada culpable, Rousseff será destituida y no podrá completar su mandato. En ese caso el vicepresidente Michel Temer ocuparía su lugar hasta el 1º de enero de 2019.

A pesar de lo que muchos medios quisieron hacer creer, Rousseff no está acusada de corrupción, sino de ocultar el déficit fiscal, mediante maniobras político-económicas. El hecho de que una mandataria pueda ser juzgada por decisiones políticas, fue duramente criticado por la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), por la Organización de Estados Americanos (OEA), por especialistas en Derecho Político y por presidentes y ex presidentes de la región.

Fue la propia Dilma Rousseff quien alertó que el proceso desatado en Cámara de Diputados era en realidad un golpe de Estado.

Los denunciantes, los impulsores del juicio, los diputados que estaban acusados de corrupción, los medios de comunicación y otros varios factores más se combinaron para este ataque a democracia brasilera.

Un actor clave en este golpe parlamentario fue el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha.

¿Quién es realmente Eduardo Cunha?

El Partido de los Trabajadores (PT) llegó al gobierno en alianza con el Partido del Movimiento Democrático de Brasileño (PMDB). La formula presidencial estuvo compuesta por Dima Rousseff (PT) como candidata a presidente, y Michel Temer (PMDB) como candidato a vicepresidente.

En la repartición de puestos estratégicos entre los dos partidos el PMDB se quedó con la presidencia de la Cámara de Diputados. Ese cargo lo pasó a ocupar, Eduardo Cunha. En ese rol, él era quien debía decidir si aceptaba o no la apertura del juicio político contra Rousseff. El 2 de diciembre de 2015, Cunha no sólo aceptó el pedido de impeachment, sino que se convirtió en uno de los principales impulsores de la destitución.

Este legislador que exige el juicio político contra Rousseff acusándola de haber ocultado el déficit fiscal, tiene varias causas en su contra, algunas de ellas han llegado la Corte Suprema de Justicia de Brasil.

En marzo de este año, la Corte Suprema de Brasil acepto la denuncia contra Cunha por su supuesta participación en el caso de corrupción de la petrolera brasileña, Petrobras. Está acusado de haber cobrado sobornos por cerca de 5 millones de dólares.

Por otra parte, Cunha tiene que responder ante el Tribunal de Ética del Congreso, por no haber declarado cuatro cuentas que tendría en Suiza. En dichas cuentas se sospecha podría estar el pago de los sobornos por los que fue denunciado penalmente.

Además, Cunha también está acusado de lavado de dinero, acusación en la que también está involucrada la ex diputada Solange Almeida.

Por si fueran pocos todos esos antecedentes, recientemente la investigación conocida como “Panamá Papers”, reveló que Cunha tendría una empresa off shore de nombre Penbur Holding, que no había declarado hasta el momento. Cabe recordar que muchas de estas empresas en paraísos fiscales se utilizan para evadir impuestos o lavar dinero proveniente de ilícitos.

El binomio Temer-Cunha

La alianza entre el vicepresidente, Michel Temer, y Eduardo Cunha no es ningún secreto. Los dos son integrantes del PMDB y si Cunha consigue la destitución del Rosseff, Temer será presidente hasta 2019. En esa condición el hoy actual vice de Dilma podría ayudar a Cunha a frenar los procesos en su contra.

Según se señaló en la señal de noticia Telesur, recientemente “el juez Marco Aurelio Mello, del Supremo Tribunal Federal (STF), informó recientemente que Temer podría ser sometido a impeachment por los mismos cargos que enfrenta la dignataria, acusada de ‘adulterar las cuentas durante dos años para disimular el déficit fiscal’, debido a que, según la autoridad judicial, ambos firmaron los mismos documentos condenatorios”.

Esto valió la reacción del presidente de la Cámara de Diputados que amenazó con abrir otros pedidos de juicio político contra Dilma. Cunha afirmó que “si esta decisión del juez de la Corte tiene que ser implementada, no me quedan dudas de que todos los pedidos de juicio político contra la presidenta deberán ser abiertos también”.

No perder el foco

Más allá del nefasto rol que cumplan en esta trama personajes oscuros como Eduardo Cunha o Michel Temer, no hay que perder el foco de lo que pasa en la región. Para ello es bueno recordar lo que recientemente, señaló la ex presidente argentina, Cristina Fernández de Kirchner en el Teatro ND Ateneo.

En el encuentro que la ex presidenta tuvo con organizaciones sociales y políticas argentinas afirmó: “Hace pocos días pudimos ver en vivo y en directo a través de la televisión brasileña lo que sucedía cuando se le hacía juicio político a Dilma Rousseff, y uno escuchaba a los que votaban y no entendía cuál era la razón por la cual se le hacía juicio político. Es más, el 60% de los que estaban votando tenían procesos o estaban enjuiciados por corrupción. Esto es una matriz. Una matriz política, mediática y judicial que ha sido diseñada no en estas latitudes. Esto obedece a un diseño desarrollado en otras latitudes, como le decía ayer a los compañeros del arte, nadie puede pensar que quienes no pueden articular oraciones o confunden los gerundios, los adverbios, los verbos, los tiempos, el sujeto y predicado, pueden pensar o diseñar una estrategia de esta naturaleza. No es una visión conspirativa de la historia, pero si uno ve lo que sucedió en el plebiscito del compañero Evo Morales en Bolivia, todo lo que se desarrolló como campaña previa a la votación del hermano pueblo de Bolivia, y ve características similares”.

La expresidenta luego agregó: “Este diseño regional, esta envestida contra los gobiernos nacionales y populares ya no tiene alzamientos militares, como hubo otrora, ahora los alzamientos son o de carácter judicial y mediático, o una combinación de alzamiento mediático y judicial que, por supuestos, como tiene que ser, es motorizado por ciertos sectores de la dirigencia política de un país. Es un modus operandi de estos tiempos para la región”.

En el ataque a los procesos populares de la región, los peones y alfiles pueden tener muchas caras y muchos nombres. Pueden verse como personajes oscuros, como Temer y Cunha, o disfrazarse de blancas palomitas, pero la mano que mueve las piezas es siempre la misma. Solo hay que repasar la historia de la región y los hechos y los rostros saldrán a la luz con claridad.


Anteriores:

Brasil: el odio y la nada

 

Cuatro pasos para cocinar un golpe blando