Por Manuel López Melograno

Las puertas del Ministerio de Educación de la Nación volvieron a ser el escenario del reclamo de continuidad del Programa Nacional de Coros y Orquestas Infantiles y Juveniles de todo el país, en un acto organizado ayer al mediodía en el que participaron alumnos, padres y los trabajadores que esperaban ser recibidos por el ministro Esteban Bullrich, algo que no sucedió ni ayer ni hace dos semanas, cuando fue la anterior protesta, el 29 de marzo.

El colectivo que nuclea a los trabajadores que convocaron la medida de lucha, con el apoyo de los principales gremios del sector, continúa sin una respuesta oficinal al reclamo por la continuidad del proyecto que alcanza a miles de niños y adolescentes, que arrancan entre los diez y once años y aprenden a tocar en sus barrios toda clase de instrumentos y a leer música. Ellos van tres veces por semana a clases, muchos desde hace años y sin tener que rendir exámenes, pasar de niveles o “recibirse”: pueden tocar o cantar el tiempo que quieran. Algunos de los más antiguos regresan como docentes, en un círculo virtuoso de crecimiento y educación permanente.

Hay coros en ciudad, en provincia y en nación. Existen hace más de quince años, pero todos tienen realidades muy distintas. Los trabajadores de Orquestas y coros del Bicentenario, que suman unos trescientos, iniciaron hace ocho años. Carolina Perez se sumó hace dos años, es docente en dos coros.

El colectivo que representa a los trabajadores nace hace dos años para reclamar por sus derechos laborales y mejorar un estado de precarización, pero a fin de año, ante la inminencia del cierre del Programa, cambió el objetivo, que pasó a ser mantener las fuentes de trabajo y garantizar la continuidad.

Los trabajadores que están organizados y comunicados con compañeros del resto de las provincias reconocen la autoridad nacional y reclamaron ayer “por la continuidad de todos y cada uno de los 161 coros y 140 orquestas en todas las provincias y municipios”, y repudiaron el “vaciamiento del Programa a través de la fragmentación por provincia y la desvinculación del Ministerio nacional”.

Sólo en provincia de Buenos Aires hay cincuenta orquestas y veinte coros que están en su mayoría con contrato hasta febrero, por lo que trabajaron marzo y abril sin cobrar, para sostener el Programa a la espera de que el Ministro se pronuncie. De hecho, muy pocos tienen el contrato hasta abril inclusive, y para el 1º de mayo ya nadie tiene contrato. El Programa depende de la Dirección Nacional de Políticas Socioeducativas, dependiente de la cartera educativa nacional, y nada tiene que ver el Ministerio de Cultura. Tiene fondos acreditados hasta mayo y, más allá de rumores tanto de continuidad como de cierre, no hay respuestas ni información oficial.

Los fondos para la continuidad son una gran intriga y la expectativa crece, luego de que se dijo que pasarían a la órbita de las provincias, algo complejo a juzgar por el estado de sus economías, y más aun en Buenos Aires, que debería absorber alrededor del 15% del total.

Por otra parte, en el caso del basto y complejo territorio del Quilmes de Martiniano Molina, donde funcionan cuatro orquestas y dos coros, recibieron los fondos de Nación para todos los sueldos de este año, pero no los pagaron, según los mismos profesores, que tiene una copia del decreto. Diciembre lo cobraron, pero después de protestar en las puertas de la Municipalidad y de varias conferencias de prensa junto a los gremios que levantaron algunos medios y dieron visibilidad al tema.

Carolina Pérez trabaja de profesora de instrumento para la orquesta que funciona en una escuela de Don Bosco, con chicos de la Villa Itatí, que está a dos cuadras. Vive estos días con preocupación junto al equipo docente. Desde las puertas del Palacio Pizzurno, reclama junto a sus alumnos y los padres que no se interrumpa este proyecto educativo musical tan necesario.