Por Mariana Gras

Dicen que cuando uno es parte de procesos históricos es difícil darse cuenta, pero la verdad que en estos momentos en nuestro país todo está muy claro. El lunes volvió, y ya en ese momento, en Aeroparque, se empezó a vislumbrar que miles de personas fueron felices al encuentro con la política, porque de eso se trata.

¿Qué es lo que hace diferente a Cristina Fernández de Kirchner de otros dirigentes? Son varias cosas, desde ya, pero, en síntesis, ella respira política, aunque desde el absoluto convencimiento del bien común, desde lo colectivo y no desde el individualismo, y milita para ser parte de la historia y de la memoria del pueblo, no para la tapa de los diarios.

El miércoles, en Comodoro Py, fue evidente. Más de 200.000 personas fueron a buscar a su conducción política y nuevamente la encontraron. Cristina, sin ningún atisbo de análisis personalista, centrada en la realidad que está viviendo nuestro pueblo, de la quita de medicamentos y de salud para nuestros jubilados y jubiladas, de la entrega de la soberanía económica, de los despidos de los sectores públicos y privados, de la crisis en las economías regionales y su impacto, de la persecución política a los jóvenes, de los tarifazos en los servicios indispensables como luz, gas, electricidad, transporte.

para que exista libertad tengo que poder elegir, trabajar, permitirme soñar y tener un contexto político y social que nos permita concretar esos sueños

No sólo le habló a los argentinos y argentinas convencidos de que el modelo económico y social de los últimos doce años es el que queremos para nuestra patria, sino que se centró en el 51% que eligió otro camino. Y aclaró que el problema es que les mintieron, que les prometieron que iban a vivir cada día un poco mejor. Pero claro, el problema no está en quienes creyeron, sino en quienes mintieron.

Y aquí es donde nos habló de amor, de felicidad y de libertad, pero no desde un lugar romántico, sino concreto: para que exista libertad tengo que poder elegir, trabajar, permitirme soñar y tener un contexto político y social que nos permita concretar esos sueños; así podremos ser felices y volver a sentir que el amor y la igualdad son parte de nuestra idiosincrasia.

Como siempre, a CFK no le tocan tareas fáciles: estamos en una coyuntura política donde se visibiliza a aquellos dirigentes leales al poder, el frente de acomodaticios, y donde la oligarquía, hoy llamados CEO, persigue su sueño de retroceder el reloj y volver a una Argentina preperonista, con un pueblo sin conciencia de lucha por sus derechos.

Nos toca construir la historia. Cristina interpreta acertadamente que el momento histórico nos convoca a romper los esquemas tradicionales de representación, nos convoca a un sueño.

Lo intentaron en el 55 y en el 76. Pero hoy es diferente, porque están legitimados por el voto popular, y su violencia es indirecta, es decir, cultural y mediática. El objetivo de ellos es instalar el miedo como dispositivo paralizante y disciplinador.

Esto evidentemente ella lo sabía, nos los dijo: “No vienen por mí, vienen por sus derechos”. O, como nos recordó el miércoles 13 de abril: “Si ven un dirigente que no responde, agarren sus banderas y marchen adelante”. Ella sabe que cuando aparecen los traidores también se visibilizan los leales.

Nos plantea que la política es amor y no revancha. Efectivamente, construimos desde el amor. Y esto requiere unidad. La construcción de un frente ciudadano no es ni más ni menos que eso, unidad del pueblo en todos sus frentes con todas sus identidades, peronistas, radicales, socialistas, comunistas, sindicalistas, empresarios, jóvenes, estudiantes, mujeres, comunidad LGTB, artistas, ONG, pueblos originarios, organismos de derechos humanos, migrantes.

Nos toca construir la historia. Cristina interpreta acertadamente que el momento histórico nos convoca a romper los esquemas tradicionales de representación, nos convoca a un sueño. Y sabemos que, tanto ella como Néstor, los sueños siempre los cumplen.