Por Santiago Fernández

Hace un puñado de semanas atrás, cuando comenzaba a rodar la pelota en el torneo oficial del fútbol argentino de Primera División, nos indignábamos por el criterio del nuevo Gobierno para repartir y ceder los derechos de transmisión de los partidos.

Es que algo nos hacía ruido, más allá de la indignación por la decisión. Ayudamemoria: América, Telefé y Canal 13 fueron beneficiados con la transmisión y comercialización de los partidos de los equipos grandes, sacándolos así de la pantalla de la TV Pública.

Lo analizamos, entendimos el propósito de darle un negocio a los canales de aire que, desde su pantalla, por lo menos hasta junio, iban a jugar de custodios mediáticos para estos primeros meses de políticas hostiles al bienestar de la gente.

Nos indignamos nuevamente, nos alertamos y presagiamos que eso podía ser una señal de algo que la semana pasada comenzó a confirmarse. Porque los tufillos que molestan al olfato, en ciertos contextos de políticas nacionales, son muy fáciles de detectar.

El Estado nacional posee los derechos desde el año 2009, momento en el que se creó el programa FPT, y le devolvió a la gente la posibilidad de disfrutar los partidos por tele de manera gratuita. Tal contrato termina en 2019, pero el nuevo Gobierno avisó que no tienen ningún interés en seguir “gastando” dinero en eso, y, por ende, informó que al finalizar este torneo licitará los derechos. A partir de ahí, afinaron el oído un par de empresas privadas y se acercaron al fogón.

¿Cual será el destino de los derechos televisivos en manos de empresas privadas? ¿Será la firma del “certificado de defunción” de aquel gran derecho adquirido? ¿Seguiremos viendo los partidos en pantalla abierta, sin tener que abonar servicios especiales ni caer en el “pagar para ver”?

Los principales dirigentes de AFA están avisados y oliendo lo que se puede llegar a venir. Se pusieron de acuerdo y tendrán como estrategia romper de común acuerdo el contrato con el Estado y encabezar esa licitación o participar de las ganancias de la diferencia de dinero que podría ingresar, debido a que existe una lista de empresas dispuestas a, por lo menos, triplicar el monto del contrato para quedarse con “la gallina de los huevos de oro”.

Fox Sports (Torneos), ESPN, IMG, TBS (Grupo Turner), Artear (Clarín) y la española MediaPro picaron en punta para los primeros acercamientos.

Otro rumor importante, que jugará fuerte, es el que dice que en calle Viamonte no quieren volver a estar vinculados con el Grupo Clarín (recordemos que están en litigio judicial por aquella recisión de contrato).

Los dirigentes del fútbol abrieron el juego y se sumergieron en  una patriada explosiva de acá a junio. Los condimentos son la puja política interna para definir el próximo presidente de la asociación (donde políticos, sindicales y empresarios juegan sus cartas) y, al mismo tiempo, afrontar el acuerdo con el Estado, que puede terminar en una cruel pelea disfrazada de licitación.

Si bien el pescado todavía no se vendió, en el transcurso de estos días no podemos evitar hacernos algunas preguntas: ¿cual será el destino de los derechos televisivos en manos de empresas privadas?, ¿será la firma del “certificado de defunción” de aquel gran derecho adquirido?, ¿seguiremos viendo los partidos en pantalla abierta, sin tener que abonar servicios especiales ni caer en el “pagar para ver”?

¿Existe alguna manera de no retroceder como sociedad en materia de derechos sobre nuestra propia producción cultural?

Más allá de todo análisis que se pueda hacer sobre lo que significa el fútbol en nuestra sociedad, sólo espero que palabras sueltas como “entretenimiento”, “pertenencia”, “pasión”, “cultura”, entre otras, sean más pesadas que el simple “negocio privado”.