Por Carlos Barragán

Es domingo a la noche y se vive un clima raro. El Gobierno macrista sigue comportándose como si la Revolución de la Alegría hubiese sido real, como si después de mucho luchar hubiesen logrado echar a un dictador, a un asesino, a un Gobierno criminal que hubiese sembrado el país con las más aberrantes desgracias.

Lo cierto es que este Gobierno de derecha golpista (no me voy a cansar nunca de repetir que son golpistas) ganó las elecciones con una diferencia mínima, y comenzó su gestión brutal con medidas brutales para restaurar aquel país donde los poderosos mandan y hacen negocios a costas del pueblo que sufre y obedece. La restauración quieren hacerla definitiva, no quieren tener que volver a esforzarse para darle un golpe a un gobierno nacional y popular, ni quieren tener que volver a romperse la cabeza y a gastar mucho dinero para juntar votos y ganar una elección. Este gobierno quiere la Solución Final a su problema. Y esa solución definitiva es acabar para siempre con el kirchnerismo. (Tranquilos los partidos de izquierda que la derecha no los ataca, no sé si eso les genera alguna comodidad o dudas). Terminar para siempre con la única opción verdadera de un Gobierno que represente los intereses populares, y capaz no sólo de representarlos sino de llevar a cabo políticas contrarias al interés de las corporaciones y el establishment internacional. El kirchnerismo es esa única opción. Una fuerza política que de manera increíble –y ahora es cada vez más increíble– se mantuvo durante doce cortos o largos años en el Gobierno quitándole al verdadero poder algunos pedazos de su riqueza para que el reparto fuese un poco más justo. Eso fue todo. Riqueza que las corporaciones sienten que les pertenece, y derechos que el poder real está convencido de que el pueblo no se merece. El kirchnerismo (¿tienen ganas de que diga “con sus imperfecciones, con sus errores, con todo lo que le faltó”? Bueno, ahí se los dije) es la fuerza política que les disputó esos privilegios, la única que hoy o mañana podría volver a disputárselos. ¿Y qué es el kirchnerismo hoy? Cristina.

Aunque seguramente Cristina no estaría de acuerdo conmigo, y diría que el kirchnerismo es más que una persona, hoy el kirchnerismo sin Cristina sería un recuerdo y una ansiedad. Sólo ella puede hacer que ese nombre con K sea una realidad concreta y que sea una fuerza política. Y volvamos a leer la palabra “fuerza”, que es la clave. Es por eso que en el plan restaurador de la derecha la líder del kirchnerismo es el principal enemigo a destruir. Más allá de los Papeles de Panamá, y de si el momento es más o menos propicio. Siempre para ellos será Cristina el principal problema. Aunque un buen amigo acaba de mandarme un video donde ella dice anticipándose a todo esto que “el problema no voy a ser yo, el problema van a ser ustedes”. Que es real en un sentido, porque el miércoles para el Gobierno el problema no va a ser Cristina en el tribunal, sino los miles que vayamos a darle nuestro apoyo. Pero es ella la que nos motiva a movilizarnos. Es ella la que puede liderar este enorme sector que tuvo casi la mitad de los votos hace apenas cuatro meses. Y es ella la que puede organizar y desplegar estrategias para volver a ser Gobierno. Nosotros somos el problema y Cristina es la que genera el problema.

De por qué está llamada a declarar, de cómo se armó la causa por la que está acusada, de cómo la runfla judicial la persigue, de la supuesta corrupción mafiosa que ella encabezó… ya se habló demasiado de todo eso y ya conocemos cómo funcionan estas cosas desde hace décadas. Hoy yo quería hablar de por qué es importante que vayamos a abrazar a Cristina. De por qué hay que decirle al Gobierno y sus jueces de cartón que vamos a abrazarla porque no queremos más corrupción. No queremos más la verdadera corrupción. La de un país manejado por sus dueños, los que fugan el dinero que le quitan a los trabajadores, los que fabrican deuda para llevarse dólares que pagaremos todos. La corrupción de dejar a los comedores escolares sin comida. La corrupción de dejar al Estado sin herramientas que fomenten el desarrollo humano, la inclusión, el trabajo, la salud y la educación. Esa es la corrupción que nos preocupa, la de verdad. La corrupción de tener un ministro de Energía que representa intereses petroleros extranjeros. La corrupción de tener controlando el lavado de dinero a los que lavan dinero. La corrupción de tener un ministro de Comunicación que silencia voces opositoras. La corrupción de tener un ministro de Trabajo que gerencia miles de despidos y no generó un solo laburo nuevo. La corrupción de tener jueces desbordados de impunidad y venalidad, capaces de hacer y deshacer vidas a su antojo y a pedido. Esa corrupción que ahoga a los pueblos del mundo para robarles la plata y jugar en la ruleta del casino financiero global. Esa corrupción que impone planes económicos para concentrar cada vez más el dinero en poquísimos mientras millones se mueren de hambre. Esa corrupción es la que nunca lleva a nadie preso, esa corrupción es la que se llama a sí misma “liberal”, de libre, de libertad, esa libertad que no se merecen ni nos merecemos. Porque la libertad de los expertos en robarnos todo es lo que nos llevará a la cárcel. La cárcel de verdad, con barrotes y candados, o a la cárcel de la pobreza, la incultura, la violencia, el hambre y la tristeza. Por eso marcharemos. Para darle a Cristina todo nuestro apoyo, que es lo mismo que reclamar un país sin corrupción.