Por Héctor Bernardo

Los rumores de que en noviembre la canciller argentina Susana Malcorra se convertirá en la secretaria general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) son cada vez más fuertes, pero no por ello menos llamativos. No muchos pueden explicar cómo una ingeniera que desarrolló la mayor parte de su carrera en empresas de servicios logró ocupar cargos de enorme trascendencia en Naciones Unidas, luego se convirtió en la jefa de la diplomacia argentina, sin ser de ninguno de los partidos que conforman la alianza Cambiemos, y –con más sombras que luces en su corta carrera en la diplomacia internacional– ahora es candidata a conducir el órgano de mayor relevancia mundial, la ONU.

Tal vez se pueda echar un poco de luz sobre quién es realmente Susana Malcorra y a qué intereses responde al seguir los pasos de su extraño recorrido.

Nació en 1954 en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe. Estudio Ingeniería Eléctrica y en 1979 comenzó a trabajar en la empresa estadounidense IMB. En 1994 se fue a trabajar a Telecom, y misteriosamente en 2004 paso a ocupar un cargo de enorme relevancia en la ONU.

En sus comienzos en la diplomacia internacional, Malcorra se desempeño como subsecretaria general en el Departamento de Apoyo a las Actividades sobre el Terreno (DAAT) para ayudar al despliegue de las misiones de paz de la ONU en todo el mundo. La DAAT tiene un presupuesto de miles de millones de dólares y maneja más de 120 mil personas, entre militares, policías y civiles.

Cuatro años después, y a pesar de que su desempeño no parece haber sido muy destacado, se convirtió en la jefa de Gabinete del secretario general, Ban Ki-moon. En ese recorrido, a muchos analistas les resultó llamativo el vínculo que tenía con Susan Rice, actual consejera de Seguridad Nacional de Barack Obama y quien entonces se desempeñaba como embajadora de Estados Unidos en la ONU.

Según denunció el periodista Santiago O’Donnell en el diario Página/12, “A pesar de los problemas logísticos y administrativos de las distintas misiones de paz pero sobre todo la de Darfur, Malcorra supo mantener durante sus años al frente de la DAAT una excelente relación con el gobierno de Estados Unidos. Tal es así que cuando funcionarios de ese país le sugirieron que nombre a ciudadanos estadounidenses en puestos clave bajo su organigrama administrativo, Malcorra se mostró más que dispuesta a complacer dichos requerimientos”.

En un cable revelado por Wikileaks que da cuenta de una reunión entre Rice y Malcorra se muestra la enorme disposición que la funcionaria argentina tenía hacia los pedidos de la norteamericana. El cable señala que “Malcorra le dijo a la Embajadora Rice que el ciudadano estadounidense Tony Banbury era su candidato preferido para subsecretario General Adjunto en el Departamento de Apoyo a las Actividades en el Terreno. Malcorra dijo que tenía un alto concepto de Banbury del tiempo que pasaron juntos en el Programa Mundial Alimentario y que actualmente estaba en la ‘lista corta de un solo nombre’ para ocupar el puesto. La Embajadora Rice dijo que la ONU tendría muchas dificultades para encontrar a un candidato mejor calificado. Rice le dijo a Malcorra que Estados Unidos también estaría interesado en ver a un fuerte estadounidense en el puesto de Representante Especial Adjunto del Secretario General de la ONU en la Misión de Asistencia en Afganistán. Malcorra respondió que el proceso de selección para ese puesto ya había empezado, con un candidato estadounidense, Richard Wilcox, en la lista corta. Ella dijo que otros nombres podrían ser considerados si el Gobierno de Estados Unidos deseaba proponerlos pero que ‘tenemos que movernos rápido’ si ese fuera el caso. Malcorra también se mostró dispuesta a considerar candidatos estadounidenses para llenar cuatro vacantes a nivel de director en su departamento: recursos humanos, logística, tecnología y finanzas”.

El triste rol de Malcorra respondiendo a las directivas de la política exterior de Estados Unidos no se limitó sólo la designación de funcionarios en puestos claves. En un artículo publicado en el periódico Miradas al Sur, el periodista Walter Goobar habla sobre “el nefasto papel jugado por la actual canciller argentina, Susana Malcorra, cuando se desempeñaba como jefa de Gabinete del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon. El veredicto de un panel de tres jueces independientes nombrado por Ban Ki-moon –al que ha tenido acceso Miradas al Sur– responsabiliza a Malcorra –entre otros funcionarios de alto rango– del ocultamiento de un caso de abuso sexual a menores perpetrado por Cascos Azules de la ONU y de la persecución sufrida por el funcionario sueco Anders Kompass, quien filtró la noticia a las autoridades francesas para poner fin a los abusos”.

Según el artículo, “En lugar de preocuparse por los casos de abuso infantil, la jefa de Gabinete de Ban Ki-moon quería silenciar el escándalo y para eso concertó con otros funcionarios de alto rango de la ONU una estrategia para obligar a Kompass (el funcionario que denunció los abusos a menores) a que renunciara”.

Goobar asegura que cuando se lee el lapidario veredicto de los jueces “sobre el triste papel jugado por Susana Malcorra en los intentos de silenciar el escándalo de la ONU, se comprende perfectamente que el ofrecimiento de Mauricio Macri le vino como anillo al dedo. En caso contrario, es probable que a esta altura hubiese tenido que presentar su renuncia a la ONU, pero no precisamente para encabezar la diplomacia argentina”.

Su nombramiento al frente de la Cancillería llamó la atención de muchos analistas. “Malcorra no viene del PRO y tampoco fue sugerida por el radicalismo”, señaló en un artículo de Página/12 el periodista Martín Granovsky, en lo que denominó al nombramiento de Malcorra como “la designación más sorpresiva” del gabinete de Mauricio Macri.

En otras ocasiones, el propio Macri ha explicado cómo eligió a algunos de sus funcionarios. Es posible, teniendo en cuenta los antecedentes y el contexto, que este caso sea similar. Sólo a modo de ejemplo es bueno recordar que cuando Macri asistió al programa “Tres Poderes” (emitido por el canal América TV el 23 de noviembre de 2009), al ser consultado por la designación como jefe de la Policía Metropolitana de Jorge “El Fino” Palacios (involucrado con el encubrimiento en el atentado a la AMIA y con el escándalo por las escuchas ilegales), explicó: “Fuimos a la embajada de Estados Unidos y a la de Israel y les dijimos: ‘Queremos que nos recomienden cuál es el mejor policía’, y los dos, sin hablar entre ellos, dijeron: ‘El señor Palacios’”. Luego, el actual presidente remarcó: “Fue una recomendación de dos servicios de inteligencia extranjeros”, refiriéndose a la CIA y el Mossad.

En este contexto, no parece raro lo expresado por el diputado del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Diosdado Cabello, sobre la actual canciller argentina. Durante un programa de televisión, el diputado venezolano aseguró en referencia a Malcorra: “Estuvo aquí, la recibí yo en mi oficina, es la CIA misma, se la nombraron de canciller al señor (Mauricio) Macri”.

Más allá de la consabida afinidad ideológica, no parecen casuales los elogios que figuras como el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, ha tenido hacia la nueva política exterior argentina.

Los reiterados ataques hacia el gobierno de Venezuela que el presidente argentino y su canciller han hecho cada vez que tuvieron la ocasión (Cumbre del MERCOSUR, visitas de otros mandatarios, giras por Europa, etcétera) no parecen responder a una agenda de intereses de Argentina, sino a la de la Casa Blanca (que en diciembre de 2014, mediante un decreto del Barack Obama, declaró que Venezuela era “una amenaza extraordinaria e inusual” contra los Estados Unidos).

Sólo cuatro meses lleva Susana Malcorra al frente de la Cancillería argentina, y sus pocos méritos han sido despedir a más de cien trabajadores, vaciar de contenidos las áreas de participación social, reemplazando las organizaciones sociales por Organizaciones No Gubernamentales (ONG), atacar a Venezuela y enviar una carta para que el Estado argentino deje de ser parte de la cadena de noticias Telesur.

Pocas luces y muchas sombras en el extraño recorrido que llevó a una ingeniera en electricidad a ser candidata a secretaria general de la ONU.