Por Contexto

De un tiempo a esta parte, los actos de homenaje, recuerdo o pedido de justicia para los desaparecidos de la última dictadura cívico-militar tienen un significado especial. No está escrito en ningún lado, pero se siente en el aire, en cada frase, en cada gesto. Tiene que ver con el contexto hostil que se ha generado desde la asunción de Mauricio Macri en el ámbito de la Memoria, la Verdad y la Justicia.

Y este jueves no fue la excepción cuando cuatro Facultades (Periodismo, Agronomía, Veterinaria y Exactas) y dos gremios (docentes y no docentes) participaron de la señalización de una casa en un predio de la Universidad Nacional de La Plata. El acto tuvo el objetivo de marcar el inmueble donde operó la Concentración Nacional Universitaria (CNU), un grupo paramilitar que perseguía y asesinaba a militantes peronistas y de izquierda.

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La casa que fue señalizada y será preservada

El lugar se encuentra en el barrio El Mondongo, en la esquina de diagonal 113 y calle 64. En concreto, la jornada significó la puesta en práctica de una resolución de la Universidad para preservar el lugar, tras haber realizado una investigación preliminar que permite inferir que allí actuó, al menos tres veces, el grupo nacionalista. Si eso se comprueba finalmente, la edificación será convertida en un monumento histórico.

El coordinador de la organización de la convocatoria, Alejandro Varela, explicó: “Varias Facultades estaban investigando lo que se había hecho en este lugar y buscamos la manera de preservarlo para saber lo que pasó”. También destacó la celeridad con la que se accionó: “Esta inquietud empezó en febrero y ahora la UNLP tiene una declaración para que no se toque hasta que haya más testimonios”.

Verónica Cruz, prosecretaria de Derechos Humanos de la UNLP, explicó que el trabajo de recopilación tuvo como fuente principal el informe periodístico llevado adelante por Daniel Cecchini y Alberto Elizalde Leal sobre el accionar de la CNU en la capital bonaerense. “La Universidad pública no puede resignar su aporte en el conocimiento de la verdad”, dijo.

“Esto es un paso importante para la vida democrática, aunque todavía hay mucho trabajo para hacer y esto es sólo el comienzo”, comentó Cruz, quien, a pesar de la congoja, se entusiasmó con esta “respuesta de la sociedad en el marco de este retroceso que estamos experimentando”.

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Elizalde Leal en el micrófono y Cecchini, al lado

Cecchini y Elizalde Leal estuvieron presentes y fueron los oradores principales. “Estoy seguro de que se va a transformar en un sitio de la memoria, porque cuando avancen los juicios va a quedar claro que a esta casa trajeron gente para torturarla”, remarcó Cecchini.

“La CNU secuestraba, mataba y tiraba los cuerpos en la calle para sembrar el terror. Después, los militares cambiaron esa lógica y escondían los cuerpos. Por eso la CNU no tenía centros clandestinos de detención. Esta casa es el único lugar que queda para decir que la CNU existió, hizo esto y aquello”, agregó. También celebró que sean Facultades las que lleven adelante la iniciativa. “El 50% de las víctimas fueron docentes, no docentes y estudiantes”, explicó.

A su turno, Elizalde Leal comentó la dificultad que significó seguir el rastro de la CNU, porque “había poco libro y poco testimonio, y había un páramo informativo”. Al mismo tiempo, se quejó de la lentitud de los tribunales platenses para detener a sus integrantes y llevar a juicio sus delitos.

En tanto, invitó a la concurrencia a realizar una reflexión: “La distancia de la CNU con el resto de los paramilitares es que se formó primero como un grupo ideológico y luego se trasformó en una patota al servicio de los milicos. Por esto hay que tener cuidado con lo que sucede en Mar del Plata, donde hay grupos fascistas que por ahora parecen grupos marginales”.

20160331_172941Como cierre, se descubrió una placa en el frente de la casa. Cuando todavía le duraba la emoción, Araceli Rocca compartió con Contexto la satisfacción que le generaba esta demarcación. “A mi hermano lo mató la CNU el 23 de marzo de 1975. Lo acribillaron cuando entraba el auto a mi casa y lo remataron con dos tiros en la nunca”, relató. Araceli escribió Silencio de familia para explicar por qué durante veinte años nadie habló “por el miedo y por la paranoia”.

Hernán Rocca jugaba en La Plata Rugby Club y tenía veintiún años cuando el genocidio se lo llevó. Era militante de base de la Juventud Peronista. “Era un líder natural, y lo asesinaron para darle un mensaje al resto del grupo, de sus compañeros”, contó Araceli. “Vivíamos en total felicidad y de repente llegó lo peor, el terror, la crueldad”, describió.