Por Héctor Bernardo

La visita del presidente norteamericano Barack Obama a la mayor de las Antillas y su encuentro con el presidente de Cuba, Raúl Castro, conforman un punto fundamental de la nueva estrategia de la Casa Blanca hacia América Latina. Sin embargo, desde el gobierno de la revolución dieron señales claras de que no se desandará el camino recorrido.

Luego de 88 años un presidente norteamericano visitó Cuba. Las expectativas del encuentro entre los dos presidentes eran muy altas, pero ambos mandatarios dejaron en claro que, si bien se han dado pasos importantes, todavía hay muchas trabas por sortear. “Destruir un puente es fácil y requiere poco tiempo, reconstruirlo es una tarea más larga y difícil”, señaló Raúl.

Tras la reunión bilateral, ambos mandatarios brindaron una conferencia de prensa en la que mostraron su buena voluntad, pero también sus diferencias. El presidente de Estados Unidos hizo hincapié en la necesidad de trabajar más sobre los derechos humanos, la libertad de expresión y la libertad de reunión en Cuba.

Por su parte, el presidente cubano remarcó la imposibilidad de muchos estadounidenses de acceder a la educación y a las coberturas de salud, como así también la necesidad de concretar el fin del bloqueo que Estados Unidos aplica sobre Cuba, el cierre definitivo de la prisión ilegal de Guantánamo y la devolución de ese territorio a Cuba.

Raúl Castro aseguró: “Defendemos los derechos humanos, consideramos que los derechos civiles, políticos, económicos sociales y culturales son indivisibles, interdependientes y universales. No concebimos que un Gobierno no defienda y garantice el derecho a la salud, a la educación, a la seguridad social, a la alimentación y al desarrollo, el salario igual y los derechos de los niños”.

Pocos días antes de su viaje a Cuba, el presidente Obama concedió una entrevista a la cadena CNN en Español. En ella, aseguró: “Esto es el punto cúlmine del mucho trabajo que hemos hecho en América Latina. Consideré que, cuando asumí la presidencia, el prestigio de Estados Unidos en la región era muy bajo, con figuras como Chávez y el ALBA en ascenso. Había muchas sospechas respecto de las intenciones de Estados Unidos, y mi política fue entablar una relación con base al interés mutuo, el respeto mutuo. En vez de entrar en competencia de insultos con Chávez, dimos un paso atrás para atraer tanto a los amigos como a los adversarios en la región”.

No casualmente, pocos días antes de la llegada del presidente norteamericano a la isla, se difundieron imágenes del encuentro entre el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y el líder de la revolución, Fidel Castro. Cabe recordar que, casi en la misma fecha que se anunciaba el restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, Barack Obama emitía un decreto en el que declaraba a Venezuela una “amenaza extraordinaria e inusual a la seguridad nacional y política exterior estadounidenses”.

La política de Estados Unidos hacia Cuba no se desprende de la política hacia el resto de América Latina. Aflojar la cuerda por un lado y tensionar por el otro. “Dar un paso atrás”, en ocasiones, para rectificar un camino, en otras, solo para tomar impulso.