Por Javier Tucci

El presidente estadounidense, Barack Obama, llegará al país en medio de un escenario de provocaciones políticas y económicas, internas y externas, justo para la jornada en la que se conmemorarán los 40 años del golpe cívico militar de 1976. Invitado por el presidente Mauricio Macri, delineará los pasos a seguir en un posible ingreso de Argentina al “Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica”, y seguirán uniendo las fuerzas -según Obama- contra la postura “antiestadounidense” del Kirchnerismo. Días atrás, el Nóbel de la paz sostuvo en una entrevista para la CNN en español que “Las políticas del gobierno de Cristina Kirchner fueron sistemáticamente antiestadounidenses”. Como si esto fuera poco, casi en simultáneo con esas declaraciones, la Prefectura naval Argentina hundió un buque pesquero ilegal chino.

Obama visitará el país entre el 23 y 25 de marzo próximo con el objetivo de reencausar las relaciones carnales, una modalidad bilateral que en los ’90 nos mostraron Carlos Saúl Menem junto a Bush padre y Bill Clinton, mientras la patria se subsumía en la peor crisis que recordemos. También lo hará para dejar bien en claro las diferencias entre Macrim, a quien Obama calificó como “portador del cambio” y “la vieja política”, que endilgó a Cristina Fernández de Kirchner. “Creo que Argentina es un buen ejemplo de cambio en cuanto a las relaciones de Estados Unidos con otros gobiernos”, afirmó Obama en la entrevista con CNN. Y agregó: “Creo que ella (por CFK) recurría a una retórica que data probablemente de los años 60 y 70 y no a la actualidad”.

Ya no sólo debemos esquivar las industrias culturales que el imperio destila desde su taller Disneylandia para constituirnos como sujetos soberanos, sino también lidiar con sus manotazos de ahogado, desde donde pretenden digitar los pasos a seguir, tanto en lo económico como en lo político. Esta atmósfera se da en temas como tratados de libre comercio, la incumbencia de buitres que quieren hipotecar el futuro de nuestra nación, como así también la inoculación de excusas como la lucha contra el narcotráfico y las provocaciones que persisten en el tiempo a lo largo y ancho del planeta, de ocupación militar, económica e ideológica.

A OBAMA Y LOS DUEÑOS DEL MUNDO LES MOLESTA NO HABER PODIDO PLANTAR EL ALCA EN 2005. TAMBIÉN QUE ARGENTINA, VENEZUELA, BRASIL, ECUADOR, BOLIVIA Y OTRAS REPÚBLICAS DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE HAYAN DEJADO DE SER POR UN LARGO PERÍODO EL PATIO TRASERO DE WASHINGTON.

Al Presidente de los Estados Unidos y a los dueños del mundo les molesta no haber podido plantar el ALCA en 2005. También les molesta que la Argentina, Venezuela, Brasil, Ecuador, Bolivia y otras repúblicas soberanas de América Latina y el Caribe hayan dejado de ser por un largo período el patio trasero de Washington. Pero los negocios y los ataques perpetrados por sus organismos cómplices, sean medios de comunicación, bancos o representantes de la incultura, son los enviados especiales para recuperar el terreno perdido.

OBAMA LLEGARÁ AL PAÍS EN MEDIO DE UNA OLA DE DESPIDOS, DEVALUACIÓN E INFLACIÓN GALOPANTE, REPRESIÓN DE LA PROTESTA SOCIAL, CAÍDA DEL SALARIO REAL, TARIFAZOS EN TRANSPORTE Y SERVICIOS PÚBLICOS.

Obama y su oxímoron: traidor leal

Siendo el sexto Presidente estadounidense durante el ejercicio de su mandato, después de Roosevelt (1936), Eisenhower (1960), Bush (1990), Clinton (1997) y Bush (h) (2005), Obama llegará al país en medio de una ola de despidos, devaluación e inflación galopante, represión de la protesta social, caída del salario real, tarifazos en transporte y servicios públicos, un esquema revestido de CEOs de empresas que durante los primeros cien días del macrismo en el poder han sido muy eficaces en empezar a dejar atrás un proyecto nacional y popular que repartía la torta en post de las clases populares, no como ahora donde existe una clara transferencia de recursos que van del trabajador hacia las hacendosas clases pudientes.

Para ellos gobierna Macri, para ellos lo hace Obama, quien ha salido a decir en los últimos días que recibe la apertura al mundo que lleva adelante el actual mandatario argentino, el mismo que amenaza abiertamente con que “si no arreglamos con los buitres, se viene el ajuste o la hiperinflación”, o el mismo que, según este escriba, manda a hundir a un pesquero ilegal chino, utilizando la excusa de la violación de las 200 millas marinas para desligarse de a poco hasta romper relaciones con el socio estratégico del Kirchnerismo, y así poder retomar la apertura de mercado junto a su socio ideal.

[quote_recuadro]El pueblo puede decir basta[/quote_recuadro]

A continuación un compendio sobre Presidentes y representantes de los EE.UU. que pisaron suelo argentino desde 1936. Anécdotas históricas de repudio y entrega en celeste y blanco:

El justo grito “¡Muera el imperialismo yanki!”

Roosvelt y Agustin P Justo
Roosvelt y Agustin P Justo

En noviembre de 1936, en plena década infame, el Presidente número 32 de los Estados Unidos y el primero en visitar nuestro país, Franklin Roosevelt, fue recibido por el mandatario de facto Agustín Justo, quien le preparó una movilización multitudinaria en su honor. Pero fue su hijo, Liborio Justo (alias Quebracho o Lobodón Garra), quien en la apertura de la conferencia en el Congreso Nacional pasó a la historia por haber gritado “¡Muera el imperialismo yanki!, mientras Roosevelt daba su discurso. Todo quedó grabado por los micrófonos de Radio Nacional.

Braden o Perón

Braden o PeronEl 19 de mayo de 1945 arribaba a Buenos Aires el nuevo embajador estadounidense Spruille Braden, con la idea fija de que había sido elegido por el destino para derrocar al “régimen Farrell-Perón”, por concebirlos como la encarnación argentina del fascismo. Tras varias semanas de asedio, el 13 de octubre de ese año, Perón era arrestado y conducido a la isla Martín García, para luego, el 17, ser devuelto a la Plaza más gloriosa que el pueblo trabajador recuerde. Meses después Perón arrasaría en las urnas convirtiéndose en Presidente de la Nación.

La misión de Eisenhower frente a la revolución cubana

En febrero de 1960, meses después de la entrada triunfal de Fidel Castro y el ejército rebelde cubano a Santiago de Cuba, el republicano Dwight Eisenhower visitó nuestro país con el objetivo de promover el gobierno representativo, la libre empresa y reformas económicas, con la decisión de advertir el posible avance del comunismo en el continente, en épocas de guerra fría. Quien lo recibió fue el radical Arturo Frondizi.

Las FAR echaron al enviado de Nixon

En épocas de Ongañato y Cordobazo Nelson Rockefeller fue realmente malvenido (permítasenos el neologismo) cuando en plena gira de junio y julio de 1969, enviado por Richard Nixon para “restablecer” las relaciones con América latina, se generaron grandes manifestaciones de repudio en casi todos los países de la región. En nuestro país hubo toma de  Universidades, la CGT convocó a un paro general y se incendiaron 13 supermercados Minimax, propiedad de la familia Rockefeller. Otra de las demostraciones contra el también presidente de la Standard Oil y gobernador de Nueva York por aquel entonces, fue la muestra plástica “Malvenido Mister Rockefeller” que se inauguró el 30 de junio de 1969 en la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos (SAAP), organizada por León Ferrari, Ricardo Carpani y Luis Felipe Noé, y de la que participaron 62 artistas plásticos. La muestra fue cerrada al día siguiente, en plena dictadura de Juan Carlos Onganía y las obras fueron destruidas, robadas o desaparecidas.

Menem con Bush y Clinton, las relaciones carnales

Ni bien cayó el muro de Berlín el mundo se unilateralizó alrededor de los Estados Unidos. Ya sin el peso de la ex URSS en la balanza, el por entonces Presidente de la Nación Carlos S. Menem recibió con bombos y platillos a George Bush (Padre), con quien trazaría el primer eslabón de la entrega de la patria. De aquella visita de 1990 quedaron varias anécdotas, pero sin lugar a duda hubo una protagonizada en el Congreso Nacional por el diputado Luis Zamora, quien invitó a Bush, que se encontraba sentado junto a Eduardo Duhalde, a retirarse del palacio.

Clinton no tuvo su 17 de octubre

En la víspera del 52 aniversario de la revolución peronista que se cumplía en aquel año 1997, la ciudad de Buenos Aires recibía al mandatario estadounidense Bill Clinton. La pizza y el champagne ya habían afianzado el plan de convertibilidad que se extendería hasta la crisis de 2001 en manos del ex ministro de economía de Menem y De La Rúa, Domingo Cavallo. En ese contexto la periodista Stella Calloni, que era corresponsal del Diario La Jornada de México en Buenos Aires, sintetizaba en una de sus crónicas aquellos días felices para el riojano y para las empresas que habían desembarcado luego de la era privatizadora. “Vidrieras rotas, bancos incendiados y caos a lo largo de la avenida Santa Fe, una de las más importantes de esta capital, fueron el resultado de graves desmanes producidos aquí durante esta noche, mientras los cientos de policías que estaban en las calles adyacentes a los sucesos dejaban actuar, como si fuera una consigna. Miles de efectivos policiales controlaban todas las calles para proteger la visita del presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, e incluso se exigía documentación a quien ingresara en las zonas bajo control”. Y agregaba que Estados Unidos, dijo Carlos Menem, “es sinónimo de democracia en el mundo, y se destaca en el cumplimiento de la ley y los derechos humanos”.

2005: odisea de la patria grande y el grito de ALCA al carajo

En 1998, en tiempos donde fukuyama bendecía al mundo con la muerte de las ideologías, el Comandante Hugo Chávez iniciaba la segunda independencia de nuestra patria grande para luego patear el tablero del imperialismo y sepultar el ALCA en Mar del Plata, con Lula, Kirchner y Evo, en noviembre de 2005. Y otra vez un Presidente estadounidense en la escena: George W. Bush, un acérrimo defensor del Whiskey y la tortura, el último en visitar nuestro país, esta vez no para una reunión bilateral sino en el marco de la Cumbre de las Américas.

Sin lugar a duda todo el arco político estadounidense recordará la escena en la que Néstor Kirchner se le adelantaba a Bush y le tocaba la piernita, demostrándole que estaba en su tierra y que aquí se respeta la soberanía de los pueblos de la patria grande. Afuera, en ese estadio donde se desarrolló la III Cumbre de los pueblos, con la participación de Hebe de Bonafini, un Evo Morales que ya se perfilaba para llegar a la presidencia de Bolivia, Diego Maradona y la llegada triunfal de Hugo Chávez, significó la ruptura de cadenas, luego de casi dos siglos de dependencia imperial. El resto de la historia ya la conocemos.

Obama y la paradoja de perseguir la paz a través de la violencia

Estados Unidos siempre ha querido imponer su protección, sea cultural, económica o política, hambreando y asesinando a nuestros pueblos. Se da cuenta que ya no es aquella potencia post segunda guerra mundial. Y ya no lo es porque los pueblos libres del mundo patearon el tablero y refundaron sus democracias y generaron su propios modelos económicos, políticos y culturales, luego de sufrir en carne propia persecución, desapariciones, muertes y atraso, generados justamente por su accionar. Pero el imperio contraataca, ya no con Darth Vader y las fuerzas de élite del Imperio Galáctico, sino con un pseudo representante de la paz, un afrodescendiente que ya ha cometido más crímenes que su antecesor, el representante del Ku Klux klan de Texas, George W. Bush.

¿Es un Oxímorón, paradoja o ironía que Obama pida perdón como jefe de Estado de los Estados Unidos por los crímenes digitados en la Escuela de las Américas y llevados adelante durante la última dictadura cívico militar en nuestro país y América Latina entera?  Claro que nunca lo haría-muy pocas personalidades, sin el mote de Nóbel lo hicieron, como Néstor Kirchner- tendría que dar un discurso de por lo menos tres horas pidiendo perdón en nombre del Estado por su implicancia en las ciento de guerras en las que su país participó desde 1776 hasta la fecha.

Nos quedamos con la frase de la mejor estadista que ha dado estas tierras en los últimos años, la cual podría aplicarse a los dos mandatarios que el próximo 24 de marzo se reunirán en Olivos, La Rosada o el hotel llao llao, todavía no lo sabemos: “lo que no puede hacer ningún presidente es someter a su país y a su pueblo a una extorsión semejante”, CFK.