Por Roberto Álvarez Mur

“Se ha perdido más del doble de poder adquisitivo en los sectores más vulnerables de la sociedad”. Esa es una de las principales conclusiones que el economista e investigador del CONICET, Demian Panigo, pone de manifiesto en su trabajo “Impacto Asimétrico de la Aceleración Inflacionaria en la Argentina”, con respecto de los primeros meses de la economía de Mauricio Macri. En una entrevista con Contexto, habla respecto de las características fundamentales del nuevo proceso inflacionario nacional, los intereses que involucra y el impacto real sobre los modos de vida y consumo de los trabajadores y trabajadoras.

-En una reciente investigación, explicás cómo el proceso inflacionario se aceleró en detrimento de los ingresos de los sectores más vulnerables desde la llegada de Cambiemos. ¿Cuál es la clave para entender este giro abrupto en la economía argentina?

-Durante la década anterior, sobre todo desde 2005 en adelante, el motor inflacionario se depositaba en los servicios, que son los que aumentan cuando aumentan los salarios. Durante la década anterior, los salarios aumentaron mucho, por ende, el aumento inflacionario estuvo en los servicios. Con una particularidad: los sectores de mayor gasto de servicios son los sectores de más altos ingresos; por ende, durante la década anterior, el aumento inflacionario afectaba a los sectores de más altos recursos. Por el contrario, el redoble inflacionario que estamos viviendo desde octubre de 2015 a la fecha es de raíz cambiaria. Es decir, aumento en el tipo de cambio, eliminación de las retenciones y, por supuesto, el aumento de las tarifas públicas.

-Dado que ha habido procesos de inflación previos, ¿cuál es la característica principal de este nuevo modelo inflacionario?

-Ese motor es muy distinto al de la década anterior y con una característica opuesta extra: los bienes que aumentan con el dólar y aumentan cuando se elimina la retención son los alimentos, y quienes más consumen estos bienes son, justamente, los sectores con menos recursos. No solamente se ha acelerado la tasa de inflación –hoy es en promedio el doble de lo que era hacia octubre de 2015–, sino que además cambió el patrón de la inflación. Ahora lo que aumenta, lamentablemente, son los bienes que consumen los sectores populares, como es el caso de alimentos o alquileres.

[pull_quote_center]No solamente se ha acelerado la tasa de inflación –hoy es en promedio el doble que en octubre–, sino que además cambió el patrón de la inflación: ahora lo que aumenta son los bienes que consumen los sectores populares, como es el caso de alimentos o alquileres.[/pull_quote_center]

-¿Cuáles son los cambios que traerá este proceso, eventualmente, en el estilo de vida del trabajador promedio?

-Creo que ya está cambiando fundamentalmente el patrón de consumo. En los primeros meses los trabajadores van a intentar resistirse de distintas maneras. Supongo que, en primer lugar, a través de las paritarias, pidiendo una compensación de sus salarios a causa del aumento en su canasta de consumo. Algunos lo sostendrán, otros no, y en caso de que no puedan compensar este aumento de precios, lo que veo es que va a venir una modificación en el patrón de consumo en desmedro de lo que tiene que ver con los servicios esenciales: esparcimiento, transporte, educación privada, todo eso que uno consume cuando tiene las necesidades básicas satisfechas –alimentación, vestimenta, energía, alquiler–. Lo básico nunca se va a poder dejar de gastar y, ante el aumento de precio, lamentablemente los sectores trabajadores que habían comenzado no solamente a sobrevivir sino a sostener consumos que no son solamente los básicos van a tener que retrotraerse a otro nivel de vida más básico.

-Teniendo en cuenta el escenario internacional actual, ¿existe un interés estratégico del actual Gobierno en adoptar este tipo de medidas?

-A nivel de contexto internacional, el mundo está estancado. Casi no hay contacto internacional, los países toman medidas proteccionistas. En ese panorama particular de mundo, las políticas que trata de imponer el nuevo Gobierno son un tanto extrañas y contradictorias.

-¿Por qué?

-Porque plantea bajar el salario de los trabajadores para que los sectores exportadores sean más competitivos para poder exportarle al mundo, en un momento en el que el mundo no le compra a nadie. Entonces, ¿por qué bajaríamos los salarios?, no sólo con el costo que eso implicaría en lo social, sino también en la reducción del consumo y, por lo tanto, reducción de la demanda interna. En ese sentido, la salida que se estaba pensando que podía llegar a servir en verdad no va a ser tal porque el mundo no está comprando a ningún otro país. Están cayendo las exportaciones e importaciones mundiales, están cayendo los precios internacionales, el mundo está haciendo políticas restrictivas en materia de comercio. Es particularmente contradictorio lo que está pasando.

[pull_quote_center]El mundo está estancado. Casi no hay contacto internacional, los países toman medidas proteccionistas. En ese panorama particular de mundo, las políticas que trata de imponer el nuevo Gobierno son un tanto extrañas y contradictorias.[/pull_quote_center]

-Si a simple vista las políticas se presentan como arbitrarias o contradictorias, ¿cuál es el verdadero objetivo que subyace en ellas?

-Creo que no tiene tanto que ver con una estrategia –como está planteada– para salir adelante con la economía, sino con una marcada presión de los sectores concentrados del poder, que buscan una recomposición de ganancias. Y, por supuesto, con estas medidas lo han logrado: no tienen que pagar más retenciones, ni los agroexportadores ni los mineros, las familias de altos ingresos no tienen que pagar impuestos a los autos de alta gama. A eso se suma la modificación en el impuesto a las ganancias, que beneficia sólo a los trabajadores de altos ingresos. Si uno toma todo eso, lo que se ve es una recomposición de tasa de ganancias y de ingresos de sectores medios altos y grandes grupos concentrados.

-¿Cuáles son las consecuencias de estas maniobras para la economía real del país?

-Ya lo hemos visto: Argentina vuelve cíclicamente a estos puntos, donde los sectores más ortodoxos plantean más o menos las mismas medidas. Ya pasó en la década del setenta. La idea es recomponer las tasas de ganancias y el costo es casi siempre el mismo: aumento en la desigualdad a corto plazo, y más a largo plazo suele desembocar en una economía con pérdida de soberanía política e independencia. Lo que trae aparejado siempre este tipo de procesos es un fuerte endeudamiento externo para poder mantenerse a pie.

[pull_quote_center]Argentina vuelve cíclicamente a estos puntos, donde los sectores más ortodoxos plantean más o menos las mismas medidas. Ya pasó en la década del setenta. La idea es recomponer las tasas de ganancias y el costo es casi siempre el mismo: aumento en la desigualdad.[/pull_quote_center]

-¿Qué significa para el país volver a las viejas recetas de endeudamiento que parecían superadas?

-Es de una tristeza incomparable. Incluso todo esto que mencioné recién como cuestiones distributivas o aumentos de precios, todo eso con nuevas regulaciones o cambios de gobierno se puede resolver más rápidamente, pueden recomponerse los ingresos de la gente, se puede mejorar el nivel de vida de los sectores más vulnerables. Pero cuando viene un gobierno sin demasiado consenso social, de la noche a la mañana, e impone rápidamente la necesidad de un proceso de endeudamiento, el problema es que eso queda para siempre.

-Si bien no es la primera vez que Argentina se enfrenta a un proceso de endeudamiento y especulación financiera externa, ¿qué riesgos sociales y culturales estamos enfrentando en este nuevo escenario particular?

-Esto cala profundo, porque es la primera vez que en un Gobierno democrático se instala el proceso de endeudamiento. Los anteriores procesos que nos dejaron de rodillas ante los capitales internacionales y con enormes problemas sociales eran siempre claramente ilegítimos, porque han estado planteados desde Gobiernos dictatoriales. Esta vez es un Gobierno democrático, que ganó por muy poco, pero que ganó, y que está tiñendo de cierta legitimidad algo que va a perjudicar al conjunto de los argentinos en el mediano y largo plazo. Yo espero que eso no prospere, porque todo lo que hemos ganado en este proceso de desendeudamiento de los últimos diez años puede revertirse y puede tener consecuencias mucho más difíciles de modificar en el mediano plazo.