Por Alejandro Palladino

Con amenazas y aprietes, la Municipalidad de La Plata suspendió el pasado viernes la realización de un corso comunitario, independiente, familiar y autogestionado, organizado por la agrupación Carnaval Itinerante y la murga Tocando Fondo, con el pretexto de impedir la venta de alcohol, espumas, comidas y gaseosas en la vía pública, y por no contar con la cantidad de empleados municipales para cortar las calles 19 y 41, donde se realizaba la fiesta. Desde las agrupaciones desmintieron vender alcohol y afirmaron a este medio que sus iniciativas no tienen fines de lucro, sino que venden espumas, comidas y bebidas sin alcohol para conseguir los fondos necesarios para reinvertirlos en otros corsos y festivales populares que ellos mismos hacen y que recorren sucesivamente distintos barrios del Gran La Plata.

Los promotores del corso en el barrio La Loma dijeron a Contexto que “los mensajes más intimidantes de la charla que tuvimos con ellos (por Control Urbano) fue que durante doce años hicimos lo que hicimos y esto tenía que cambiar, y que la suspensión del corso era una medida ‘aleccionadora’ porque ‘de acá en adelante las cosas van a ser de otra manera’”.

“El mensaje más intimidante de la charla que tuvimos con Control Urbano fue que ‘durante doce años hicimos lo que hicimos y esto tenía que cambiar’.”

corso tapaLos organizadores también dijeron que fueron amenazados por Control Urbano por tener una lista con sus nombres, en referencia a la nota que presentaron desde Tocando Fondo y Carnaval Itinerante a la Municipalidad para tener el visto bueno para hacer el corso, aval que nunca llegó desde Control Urbano. “Ya tenemos sus nombres, nos dijeron”.

Por si fuera poco, y por las dudas, los artistas informaron que el sábado por la tarde dos móviles de Control Urbano y dos autos particulares con policías acudieron al club Estrella, donde ensayaron lo artistas, para cerciorarse de la prohibición efectiva del corso.

En un primer momento los referentes de las agrupaciones hicieron una presentación formal de su propuesta a la Secretaría de Cultura, donde obtuvieron la aceptación, pero posteriormente Control Urbano prohibió el corso.

“La Municipalidad tiene un doble discurso, porque desde la Secretaría de Cultura dicen estar a favor de la iniciativa, que van a garantizar todo, y después Control Urbano los pasa por arriba y no nos deja hacer el corso”, dijo a Contexto Ainara Lizarribar, integrante de Carnaval Itinerante.

“La municipalidad tiene un doble discurso, porque desde la Secretaría de Cultura dicen estar a favor de la iniciativa, que van a garantizar todo, y después Control Urbano los pasa por arriba.”

“El Estado debería garantizar las condiciones necesarias para realizar este tipo de actividades. Sobre todo para garantizar el corte de calle y los puestos sanitarios, que son dos cosas más difíciles de hacer por parte nuestra”, agrega Cecilia Lizarribar, de la murga Tocando Fondo, quien también apunta que todos los demás requerimientos de infraestructura para hacer el corso, como sonido, escenario y demás, lo gestionan ellos mismos gracias a la venta de espuma y comidas en el mismo corso.

“Nos acusaron de que somos un negocio. Esto es una bajada de línea para arrasar y destruir lo que tiene que ver con la cultura popular no mercantilista. No les cierra que los vecinos se junten, se movilicen. Les molesta que haya expresiones artísticas y culturales en la calle”, agregó Lizarribar. “Si no se corren de esa lógica mercantilista de la cultura, nunca van a entender lo que hacemos”, reclamó.

Se hace igual

El corso se hará de todas maneras el sábado 20 de marzo. Por el momento, para Carnaval Itinerante y la murga Tocando Fondo la fiesta está suspendida, y estas dos semanas de postergación las utilizarán para comunicar la prohibición y los motivos que señaló Control Urbano.

MARZO 20“El carnaval en la calle es un derecho y los vecinos así lo entienden. Si tuvimos tantas adhesiones de artistas y vecinos es porque nos implica a todos; hoy nos pasó a nosotros, pero le puede pasar a otro. Los vecinos estaban muy entusiasmados con la realización del carnaval. Es un barrio con mucha historia carnavalera y que de un tiempo a hoy se cortó, por eso significa resignificar aquellos viejos tiempos en los que salían a festejar carnaval en la calle; no queremos dejar de hacerlo”, explicó Lizarribar.

“Necesitamos de la participación de todos, agrupaciones carnavaleras, artistas y por sobre todo de los vecinos del barrio, el alma de todo festejo popular. La cultura popular no se negocia, no cedemos”, sostienen los organizadores en un comunicado vía Facebook.

“Quieren usar nuestro corso para intimar a la sociedad en general. Bajan línea política de que si no entrás en sus políticas mercantilistas no formás parte; no te permiten hacer arte y cultura callejera. Y ese peligro lo queremos combatir, que la gente no se meta en la casas con miedo, ya sabemos lo que pasa si vivimos así”, dijo Lizarribar.

corso3Previendo la coyuntura política que se avecinaba, hostil contra las expresiones culturales populares abiertas al público en la calle, y para reunir mayores fuerzas para defender este tipo de iniciativas, artistas de La Plata conformaron a principios de enero la comisión Cultura en la calle y la asociación de Trabajadores Organizados por la Cultura, ambas independientes. Bajo la órbita de estas entidades, que reúnen artistas de distintos campos, Carnaval Itinerante y la murga Tocando Fondo llevaron a cabo sus corsos por diversos puntos de La Plata hasta toparse con la prohibición del gobierno de Julio Garro.

Mientras Cambiemos en sus distintas jurisdicciones “barre” con los manteros que venden en la calle y los excluye así a los rincones de las ciudades, crea protocolos de seguridad para restringir la protesta social y reprime murgas populares como la del Bajo Flores el 29 de enero pasado, Julio Garro sigue los pasos de su partido utilizando el Estado para achicar la participación en el espacio público.

Medidas que, con respecto a la festividad popular, traen a la memoria colectiva el Decreto 21.329/76, que durante la última dictadura cívico-militar prohibió los feriados de carnaval y toda actividad que los represente, hasta su restitución recién en 2010, durante el segundo gobierno de CFK.