Por Leandro Gianello

El ex presidente de Brasil, Luis Inácio Lula da Silva, declaró hace unos días sus intenciones de ser candidato para las elecciones presidenciales de 2018 si el Partido de los Trabajadores (PT) así lo consideraba necesario.

Sin embargo, el inefable juez federal brasileño Sergio Moro, a cargo de la megacausa por corrupción en la estatal Petrobras, impulsó la detención por la fuerza del ex mandatario y su traslado desde su domicilio a la fiscalía para que declare compulsivamente, maniobra que muchos analistas calificaron como un espectáculo mediático al que está acostumbrado el magistrado que lleva el caso.

Observadores locales indicaron que la detención tiene que ver más con la presión de los medios de comunicación y con una parte díscola de la Justicia que con la intención de esclarecer la causa Lava Jato, ya que hace dos semanas el ex presidente había solicitado y conseguido postergar su declaración para preparar mejores elementos para su defensa.

La idea de desprestigiar la imagen del líder brasileño, así como la del gobernante Partido de los Trabajadores de cara a las elecciones presidenciales de 2018, no es novedosa, pero destaca por la virulencia del accionar de la Policía Federal y ahora “la situación de Lula es comprometida jurídicamente, porque se dio un paso atrevido y osado que fue llevarlo a declarar bajo la figura de la conducción coercitiva, que es casi una detención”, indicó a Contexto Darío Pignotti, periodista de la Agencia ANSA y colaborador de Pagina/12 en Brasil.

Cuando la Policía Federal se aboca a ejercer su caracter de brazo represor del Estado, puede ser eficaz y cumplir con la tarea de garantizar el orden establecido, pero cuando se mete en cuestiones políticas, comete las torpezas que cometió hoy, porque hasta el público independiente se dió cuenta de que trasladar a Lula por la fuerza es una barbaridad.

-¿Qué consecuencias trae este accionar?

-Cuando la Policía Federal se aboca a ejercer su caracter de brazo represor del Estado, puede ser eficaz y cumplir con la tarea de garantizar el orden establecido, pero cuando se mete en cuestiones políticas, comete las torpezas que cometió hoy, porque hasta el público independiente se dió cuenta de que trasladar a Lula por la fuerza es una barbaridad.

-¿Por qué pasó esto?

-Sucede que la de Brasil es una Policía Federal educada en un “gorilismo” muy primario, un “antipetismo”, que no es distinto al de otras Policías federales de Estados conservadores y deslegitimadores de América Latina. Esta fuerza y el Poder Judicial están administrados por fundamentalistas políticos que creen que todo se trata de apretar a un individuo para hacerlo sangrar. En el caso privado puede ser efectivo, pero al tratarse del mayor líder popular de Brasil de la mitad del siglo XX en adelante hay que ser más cuidadoso.

-¿Hay una base concisa en la acusación?

-Parece muy endeble lo que se planteó. Y hay ejemplos que describen a la perfección el armado, encabezados por la red O Globo y el diario Fohla. Son noticias con las que se “taladra” al público; el sistema de concentración mediática en Brasil es absurdo y único en latinoamérica. No hay otro país de la región con estas características, ni la Venezuela pre chavista, ni el México de Televisa y TV Azteca, que tienen una pluralidad de voces enorme en comparación con lo que pasa acá. Con esta base, es muy fácil construir prontuarios o biografías y decir cualquier cosa; es toda una construcción mediática para tratar de minar el capital simbólico de Lula.

-¿Hay un nexo entre el ataque recibido por Lula con los otros gobiernos populares de la región?

-No hay duda. Hay intención clara y no sólo es especulación, interpretación ni hermenéutica, es una consecuencia del espionaje de la NSA (la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, que interceptó, almacenó y analizó ilegalmente las comunicaciones electrónicas y telefónicas de la Presidenta Rousseff) y uno de los motivos por los cuales Dilma no fue a Estados Unidos en octubre de 2013.

Lula da Silva es uno de los Presidentes mejor valorados y con más imagen positiva en la historia de Brasil, y su gestión, entre otras cosas, logró sacar de la pobreza a millones de ciudadanos y avanzar con el desarrollo del gigante sudamericano.

En este marco, la detención formaría parte de una maniobra para impedir que se presente en las elecciones presidenciales de 2018, ya que el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) intenta volver al poder para ejecutar políticas neoliberales, un accionar similar a los que se están dando con Cristina Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia y Nicolás Maduro en Venezuela, indicaron analistas políticos del país vecino a diferentes medios internacionales.

La causa

Según la Policía Federal del país vecino, doscientos agentes y treinta auditores cumplieron durante el viernes los mandatos judiciales de búsqueda, aprehensión y conducción coercitiva en las ciudades de Río de Janeiro, São Paulo y Bahía.

Esta operación forma parte de la indagatoria por corrupción y lavado de dinero por más de 2 mil millones de dólares de la estatal Petrobras, y los allanamientos tuvieron lugar un día después de las supuestas declaraciones de un senador oficialista, que vinculó a la Presidenta Dilma Rousseff al acusarla de trabar la investigación y a Lula de estar al tanto de las coimas.