Por Alejandro Palladino

La serie de spots que se encuadran bajo el título “#Ceder la palabra”, que se emiten desde febrero en Canal Encuentro, la Televisión Pública y Radio Nacional, y que el diario La Nación definió como “spots antigrieta”, significaron un desembarco explícito de la propuesta cultural macrista en estos medios públicos.

El titular del Sistema de Medios Públicos Hernán Lombardi reunió a referentes del deporte, la ciencia, el periodismo y la cultura para hablar ante la cámara invitando a los argentinos a construir el diálogo a través de la tolerancia, el respeto y la convivencia. Todas palabras que resuenan en el discurso macrista de derecha new age que no se condicen en absoluto con las políticas económicas realizadas hasta hoy, en las que los sectores concentrados de la economía fueron claros beneficiarios: agropecuarios y mineros exportadores, Grupo Clarín y sectores financieros de crédito. Con todo esto, que no es herencia sino decisión política reciente, ¿cómo hablar tan amistosamente a la cara de los televidentes cuando amplios sectores de la sociedad vieron enflaquecer sus bolsillos de manera abrupta, relegados a la pobreza por la inflación o directamente sin trabajo?

Al hablar sobre los spots, Lombardi sostuvo que contribuyen a la “pluralidad” y a la construcción de una idea no monopólica de la palabra. La distancia entre lo dicho y lo hecho acá también es abismal: echó masivamente trabajadores del CCK, Radio Nacional (donde, según sus trabajadores, borró de un plumazo una programación entera y relegó a periodistas K a horarios de menor audiencia) y otros medios de ideología kirchnerista. A su vez, los medios no oficialistas privados como el Grupo 23 están en crisis, y los medios privados anti kirchneristas protegen al Gobierno. Un cerco de una sóla voz que se vale de figuras de la cultura para hacer sposts que invitan a la convivencia pacífica.

“Cuando hay conflicto es porque hay discusión sobre cómo se tienen que hacer las cosas. La idea de terminar con el conflicto y cerrar la grieta es silenciar aquello que la genera. La grieta es diferencia entre beneficiarios y perjudicados.” (Ari Lijalad)

“Macri trae la promesa cultural de una sociedad bien ordenada, de jerarquías”, dijo el sociólogo Alberto Quevedo, director de FLACSO Argentina y especialista en medios de comunicación, en una entrevista concedida a Página/12 en diciembre. Los spots van en esa línea de mantener el statu quo mediante la pacificación social, con términos despolitizados como “vivir en un mundo mejor”, “que el encuentro con el otro esté signado por la paz”, o “la libertad de uno termina donde comienza la del otro” (suena a protocolo).

Esta pacificación es posible por la concentración de medios en manos del Gobierno: “La manera de legitimar la política económica del macrismo es, entre otras cosas, que todo lo que hacen no se lea ni se escuche en los medios”, sostuvo a Contexto Ari Lijalad, politólogo, periodista y ex trabajador de Radio Nacional, echado por las nuevas autoridades del medio.

La intención de calmar las tensiones políticas que provoca la grieta es un fin a perseguir por el Gobierno. De manera unívoca, los spots van en ese sentido, a “calmar” cualquier postura política activa que no cumpla con esa voz monóloga que transmiten, siempre interpelando individualmente a los televidentes. Los periodistas Germán Paoloski y Tití Fernández; los actores Oscar Martínez, Carolina Papaleo y Germán Gianola; el doctor Daniel López Rosetti y el filósofo Santiago Kovadloff, entre otros, lanzan los mensajes de mesura para cerrar la grieta. Nunca se habla de conquistas de derechos ni de participación en la esfera pública, ni de conflictos o penurias económicas.

“el macrismo no tiene vocación de ceder la palabra ni de dialogar, porque, cuando uno mira el protocolo de seguridad  que inauguró Patricia Bullrich, todo aquel disidente lo primero a lo que tiene que atenerse es a la represión.” (Roberto Caballero)

“Las teorías políticas que plantean que se anule el conflicto apuntan a que se mantengan los beneficios de unos pocos”, afirma Lijalad. “Cuando hay conflicto (no en términos de amigo-enemigo, sino en el sentido de aceptar las diferencias políticas) es porque hay discusión sobre cómo se tienen que hacer las cosas. La idea de terminar con el conflicto y cerrar la grieta es silenciar aquello que la genera. La grieta es diferencia entre beneficiarios y perjudicados”. Y asevera: “Cerrar la grieta es que haya un discurso único”, que enmascara “el verdadero diálogo que tiene Macri, que es con los sectores poderosos de la economía”.

Por su parte, el periodista Roberto Caballero, en una línea similar, definió los spots como “desafortunados”, “autoritarios” y “lejanos a la realidad”, que “pinta al Gobierno como lo que es: incorporan voces disidentes sólo para justificar su relato”.

“Los spots expresan una política comunicacional autoritaria porque el que cede la palabra es quien tiene su monopolio”, continuó. “En los últimos años, por el contrario, nosotros pensamos en pluralizar la palabra no cediéndola, sino mediante políticas públicas para que aparecieran esas voces. Y, a su vez, había una ley que respaldaba esas voces, la ley de LSCA”.

Caballero sostuvo también que “el macrismo no tiene vocación de ceder la palabra ni de dialogar, porque, cuando uno mira el protocolo de seguridad que inauguró Patricia Bullrich, todo aquel disidente lo primero a lo que tiene que atenerse es a la represión”.

“No hay canales de expresión que representen a aquellos sectores que no responden ideológicamente a sus intereses”, finalizó, dando el ejemplo de la intervención del Gobierno en el portal web Infojus, que sufrió un vaciamiento de las notas cargadas, de temáticas de derechos humanos y violencia de género, y los despidos en masa de los trabajadores de Radio Nacional.