Por Roberto Álvarez Mur

Luego de treinta años de trabajo y compromiso, el sueño de Carlos Cajade se mantiene intacto: el hogar que lleva su nombre vuelve a impulsar nuevas fuentes de trabajo y producción. En este caso, se trata de un nuevo impulso para la imprenta de la institución, que aumentará el sueldo de sus trabajadores y va en busca de establecerse como una fuente de empleo autosuficiente y sustentable.

“La imprenta estaba fundida. Desde 2001 no nos pudimos recuperar, venía en declive y durante un año se cerraron sus puertas. Fue en 2013 que, mediante un proyecto mantenido entre Naciones Unidas y la Facultad de Periodismo, nos elijen como institución beneficiaria. La iniciativa surgió de la propia Facultad”, dijo a Contexto Mariana Tártara, trabajadora y miembro de la organización del Padre Carlos Cajade, que alberga a niños y jóvenes vulnerables y que tiene hogares de día y una residencia permanente.

“La imprenta estaba fundida. Desde 2001 no nos pudimos recuperar, venía en declive y durante un año se cerraron sus puertas. Fue en 2013 que, mediante un proyecto mantenido entre Naciones Unidas y la Facultad de Periodismo, nos elijen como institución beneficiaria. La iniciativa surgió de la propia facultad.”

Desde entonces, el Hogar comenzó el trabajo para recuperar el espacio y la maquinaria necesaria para reactivar la imprenta, una de las bases de la labor social que compone la obra de Carlos Cajade, iniciada hace tres décadas. La Obra tiene en la zona de La Plata cuatro hogares de día, La Casa de los Bebés, la de los Niños, el Hogar Chispita y la Casa Joven, y además cuenta con una residencia en las afueras de La Plata donde viven en forma permanente unos cuarenta jóvenes.

“Una vez que las máquinas fueron arregladas se decidió no abrir directamente al público, pero empezar a trabajar estrictamente para pagar el sueldo a las trabajadoras de la Obra, que no están reconocidas como trabajadoras de la educación, pero son las que están todos los días con los más de trescientos chicos que están en el hogar”, puntualizó Tártara.

Asimismo, el próximo objetivo que llevará adelante la imprenta será la edición del próximo número en papel de la revista La Pulseada, publicación local dedicada a la cultura, la política y temas de agenda vinculada a los derechos humanos y lo popular, y que fue iniciada por el propio Cajade. La Pulseada, camino a cumplir quince años, hoy continúa su publicación a través de la imprenta del hogar Pelota de Trapo, de Avellaneda, y todas las expectativas están depositadas en llevar su edición a la imprenta del Padre Cajade.

“Por ahora, estamos buscando la independencia económica. Faltan muchos pasos por delante. Pero el objetivo principal es lograr la estabilidad y sustentabilidad de la imprenta”, explicó a Contexto Daniel Cajade, principal referente de la organización y sobrino del propio sacerdote. “La imprenta se encuentra en pleno proceso de crecimiento y esto es un proyecto que debe crecer. Estamos en ese camino para avanzar, buscando a cualquiera que quiera imprimir afiches, talonarios o libros, para poder generar ganancias y salir adelante cuanto antes”, explicó Cajade.

“La importancia de esto es que finalmente la Obra logre una herramienta de trabajo sustentable. Con la imprenta intentamos dejar de lado la idea de proyecto social, para pasar a ser un proyecto productivo. Antes era netamente social, sin importar las ganancias.”

En lo que compone la Obra del Padre Cajade conviven alrededor de cincuenta puestos de trabajo, entre cocineras, coordinadores y equipo técnico. En la imprenta hay siete personas a quienes se suman voluntarios y colaboradores.

“La importancia de esto es que finalmente la Obra logre una herramienta de trabajo sustentable. Con la imprenta intentamos dejar de lado la idea de proyecto social, para pasar a ser un proyecto productivo. Antes era netamente social, sin importar las ganancias”, aseveró Tártara.

Carlos Cajade nació en Ensenada en 1950 y creció en la zona platense de Villa Argüello, donde comenzó su activismo social como militante del peronismo en la década de los setenta. Años después, al ingresar en la práctica clerical al calor de la iglesia San Francisco de Asís de Berisso, se dedicó de lleno a dar amparo a los chicos de la calle. Fue secretario de derechos humanos en la Central de los Trabajadores Argentinos en la provincia de Buenos Aires, e integró la Comisión Provincial por la Memoria. Durante el menemismo, dedicó su vida a combatir la desolación económica y social dejada por el neoliberalismo en Argentina. Falleció en 2005 como víctima de un repentino cáncer y su legado sigue vivo.