Por Luciano Altamirano

Humorista, guionista y escritor para radio, televisión y teatro, Adrián Stoppelman es uno de los artistas más reconocidos del ámbito. Su trayectoria lo ha llevado a escribir y actuar junto a Adolfo Castelo, Carlos Abrevaya y Jorge Guinzburg en La Noticia Rebelde, el mítico programa de ATC, heredero de Semanario Insólito. Definió su relación laboral con Víctor Hugo Morales como un matrimonio. El humor, como arte, es cosa seria para Adrián Stoppelman.

– ¿Cuándo arrancaste con el show?

– Con este show empecé en octubre y lo reformulé todo en enero debido al cambio de situación política. Se llama “Con Sumo Humor”, pero podría llamarse “Resistiendo con humor”, que también tiene mucho que ver con lo que pasa, con lo que la gente consume. La sociedad de consumo genera con ese tipo de conducta que tiene la gente que se deja llevar por la publicidad que le venden ideas como si fueran cosas y cosas como si fueran ideas.

El show dura alrededor de una hora y cuarto, y depende mucho de la interacción que se genere con la gente. Está bueno porque uno invita a la gente que piensa como uno. Ese espacio está para tomarse las cosas con humor. Hace bien juntarse con gente que piensa igual.

– ¿Es un show de stand up?

– Yo no hago stand up, no como lo que acá se entiende como stand up. Yo estoy más ligado a lo que podríamos denominar como monólogo humorístico político, más parecido a lo de Adolfo Stray o Tato Bores. Por supuesto que hoy todo es stand up, hay elemento y estructura de los chistes, pero no me gusta catalogarme como “estandapero”.

– Está de moda el género…

– Es un género que se ha puesto de moda por muchas razones, algunas equivocadas.

– ¿Por qué?  

– En Argentina no hay jerarquías. Yo creo que los mismos standaperos saturan el mercado, y se junta alguien que recién empezó con alguien que hace mucho que está, y cobran la misma entrada.

Los rotativos hacen que la gente no sepa lo que va a ver y eso tarde o temprano tiene un fondo.

Hoy se vive un boom que se va a terminar de acomodar solo.

El stand up surgió acá en 2001, la crisis lo trajo, por su bajo costo: es lo más barato que hay para hacer. En algún momento, quien no pueda bancar el seguro de sala, dejará.

no es lo mismo que vos veas a alguien que hace humor sobre si el papel higiénico va para arriba o para abajo que si te habla de la realidad que vivimos. Puedo hacer humor de ese tipo, pero en estos momentos hay un sector del público que necesita escuchar otra cosa, y eso es lo que tiene mi show.

– Ya que nombramos la crisis, ¿es propicio un estado de crisis para que surja el humor?

– El humor es catártico, para eso está. Sirve para la catarsis, para sobrellevar las cosas; por eso se cuentan chistes en los velorios, para sobrellevar la tristeza o el dolor de ese momento. Por eso es catártico un show de humor. De todas maneras, no es lo mismo que vos veas a alguien que hace humor sobre si el papel higiénico va para arriba o para abajo que si te habla de la realidad que vivimos. Puedo hacer humor de ese tipo, pero en estos momentos hay un sector del público que necesita escuchar otra cosa, y eso es lo que tiene mi show.

– Esta nueva crisis en ciernes lo obliga al humorista a desempolvar su papel. Vos viste varias crisis. Hablamos de Kanal K y la audacia con que armaban los guiones.

Si el humor no transgrede, no es humor. El humor tiene muchos condimentos, entre ellos la transgresión, la hostilidad, tiene que tener esas cosas. Cada uno hace lo que le sale, a algunos no les podés pedir que se pongan a hacer otra cosa, como Corona o Hugo Varela, que son unos genios en lo que hacen. Pero esto tiene que ver con el lugar donde te sientas cómodo, inclusive hasta con una postura.

La experiencia juega un papel importante. Una cosa es un show donde todo está probado, un material que fuiste probando y corrigiendo. En “Con Sumo Humor”, tengo media hora sin red, porque es la actualidad de la semana, y lógicamente va cambiando. Y uno va construyendo un oficio para saber qué cosas pueden funcionar, cómo decirlas. Muchas veces un gesto puede ser mucho mejor que mil palabras. Un ruido, un error. Capitalizar la energía del público, son mil cosas que se ponen en juego.

– ¿Es una trinchera el humor?

– ¡Qué pregunta! Sí, se va a convertir. Hoy no sé si lo es. La trinchera me suena a guerra. Para mí el humor es un lugar desde donde ver la vida. Si estoy deprimido es lo que me ayuda a sobrellevarla. Es como el que toca la guitarra y lo necesita, si no, se muere. El arte es una trinchera, justamente en esta sociedad de consumo.

– Uno tiene como un momento en donde construye sus ídolos y se construye como humorista. ¿Quiénes son tus preferidos del humor? 

– Yo creo que es al revés: uno empieza a ver y entonces se siente humorista. Yo empezaría por Woody Allen, Les Luthiers, Tato Bores (un largo etcétera). Yo veía de todo cuando era chico. Veía La Tuerca, Olmedo, Operación JaJa, veía todo lo que había en la tele. Veía Telecómicos, un programa de Aldo Camarota. Veía mucha tele y lo que más me gustaba eran los programas de humor, los veía todos, algunos me gustaban más que otros. Yo creo que de ahí viene un poco la cosa.

Hay algunos más modernos que me gustan, George Carlin, Louis CK que está muy bien ahora, Seinfeld, Larry Davis, Richard Louis. Chris Rock es una aplanadora. De acá, no quiero ser injusto, muchos son amigos. Haría la lista de los que no me gustan.

– El ambiente del humor es un ambiente sensible…

Todos los ambientes son sensibles. El humor es una rama más del arte en ese sentido.

– El humor como crítica envuelve al humorista creando un halo de protección…

– Bernard Shaw decía: “Si vas a decirle la verdad a una persona, decísela con humor o te matará”.

Una vez fui a ver a unos amigos que hacían stand up. El show era un horror, y no tenía escapatoria a la salida para evitar la pregunta de qué me había parecido. Para colmo eran tres. Por ende, en medio de la desesperación, se me ocurrió decirles “Menos mal que no pagué entrada, porque si hubiera pagado los cagaba a trompadas”. Fue todo risa, y yo les dije mi verdad. Para eso está el humor.

El humorista en un programa político puede decir cosas en serio que no lo son, aunque algunos hayan cruzado el límite. Mentían tanto que uno no sabía qué era humor y qué no. Un periodista serio no va a hacer las cosas que un humorista. Nosotros tenemos ciertos permisos y está bien que así sea. Si todos se dedicaran al humor, nosotros tendríamos que hacer otras cosas.