Por Maximiliano Ceci

“Nos hemos propuesto no parar. Cuando se para se retrocede y hay que ir adelante”, era el lema de Juanita, la Madre de Plaza de Mayo más longeva, que falleció ayer a sus 101 años. El 14 de febrero hizo su última marcha, a paso lento sin bastón, con la misma convicción de cada jueves. “Como decimos siempre las Madres, ella no se fue: se cambió de casa. Y a pesar de que sus cenizas no serán llevadas a la Plaza, ella estará (allí) todos los jueves”, expresó Madres en un comunicado firmado por Hebe de Bonafini, presidenta de la asociación.

La vida de ama de casa de Juana Meller de Pargament se interrumpió la madrugada del 10 de noviembre de 1976. Esa noche, una patota vestida de civil irrumpió en la casa donde su hijo Alberto José vivía con su esposa embarazada de seis meses y lo secuestró. Al día siguiente, Juanita partió de su casa a las seis de la mañana y regreso pasada la medianoche. Recorrió cuarteles, comisarías e iglesias, pero las respuestas se repetían: “A su hijo no lo conocemos”, “Acá no lo vimos”. En su búsqueda conoció a madres y familiares y se sumó a aquel grupo encabezado por Azucena Villaflor de Vicenti, que dio origen al movimiento de Madres de Plaza de Mayo el 30 de abril de 1977.

“Nos planteamos que, si no es un pedido individual, entonces unámonos, caminemos juntas pero reclamando por todos”, recordaba Juanita de los momentos de desesperación personal que se convirtieron en una lucha colectiva y solidaria que reivindica la memoria de los 30.000 desaparecidos que dejó la dictadura.  “Tomamos una determinación única en su género, que fue socializar la maternidad”.

Juanita fue la histórica tesorera de la Asociación Madres de Plaza de Mayo. Sus primeros pasos empezaron cuando las primeras Madres debían juntar dinero para publicar una solicitada en reclamo por sus hijos y ocupó esa tarea hasta los últimos días de su vida. El accionar de Juanita fue vital desde el comienzo. Abrió las puertas de su casa para reunirse con sus compañeras sin temer la persecución política que ejercía la dictadura. Además, ocupó un rol clave para dar a conocer las denuncias en el exterior por su fluido inglés y sistematizar las cartas y presentaciones judiciales.

Hoy despedimos a la mujer que cada mañana abría la puerta de la “Casa de las Madres”. Juanita, a sus 101 años, “cambió de casa” pero nunca renunció a su lucha. A paso lento y con su voz carrasposa mantuvo la misma firmeza durante los 39 años reclamo de justicia y memoria luego de que la dictadura argentina le arrebatara un hijo.


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