Por José Welschinger

La liberación del tipo de cambio y la devaluación súbita, primeras medidas económicas de Cambiemos, redundaron en una ganancia fuera de serie para el sector financiero. Sólo en el mes de enero, los bancos ganaron 5.000 millones de pesos, la cereza de un postre de 60.000 millones que registraron como ganancia durante todo el período anual de 2015. Más que un dato aislado, la cifra da cuenta de un cambio de rumbo en el modelo económico que se aleja de la anterior tendencia hacia la productividad, para inclinarse nuevamente hacia la especulación financiera. “Dejar todo librado a la suerte del mercado en una economía tan concentrada como la argentina es no entender ni lo más básico de cómo funciona”, sentenció a Contexto el economista Agustín D’Attellis.

“En los últimos años el sector financiero viene obteniendo enormes ganancias, que hasta ahora provenían en gran parte de la especulación, pero también del nivel sostenido de consumo. El gobierno anterior, que estaba percibiendo esta situación, había intentado hacer algo al respecto fijando límites a las tasas de créditos, interviniendo en el mercado para frenar que suban las tasas a los depósitos, pero todo eso ahora comenzó a desarmarse porque la actual administración del Banco Central cree que no debe intervenir para no distorsionar el funcionamiento del mercado. Entonces, los bancos comenzaron a subir las tasas de interés y nuevamente se inclinaron hacia la especulación en operaciones dentro del mercado cambiario”, explicó D’Attellis.

“DEJAR TODO LIBRADO A LA SUERTE DEL MERCADO EN UNA ECONOMÍA TAN CONCENTRADA COMO LA ARGENTINA ES NO ENTENDER NI LO MÁS BÁSICO DE CÓMO FUNCIONA. ES UN CAMBIO DE 180°, QUE VA A IMPACTAR NEGATIVAMENTE SOBRE EL CONSUMO, EL SALARIO Y EL EMPLEO.”

Para el economista de La Gran Makro, este es el resultado natural de una economía librada al dominio de los sectores más concentrados. “Dejar todo librado a la suerte del mercado en una economía tan concentrada como la argentina es no entender ni lo más básico de cómo funciona”. Como si eso fuera poco, la suba de tarifas, la liberación del mercado, la eliminación de controles y la desregulación del techo para las tasas de interés forman un paquete de medidas económicas que, en conjunto, significan un cóctel para que el actual índice inflacionario del 4% mensual continúe incrementándose, sin variables que lo frenen. “Es un cambio de 180°, que va a impactar negativamente sobre el consumo, el salario y el empleo”, aseguró.

Para el especialista, lo que ocurrió con la devaluación fue una enorme transferencia de recursos con la particularidad inédita de que fue preanunciada por quien la iba a realizar. El ministro Prat-Gay, previo a los resultados de diciembre, avisó al sector bancario que iba a eliminar las restricciones con tiempo suficiente para que se capitalizaran mediante distintos intrumentos (como el dólar futuro), para asegurarse las enormes ganancias registradas al cierre de 2015.

Consultado respecto del rumbo de una economía que transita por estos caminos, D’Attellis no dudó en considerar que nos dirigimos hacia un esquema de endeudamiento para financiar la fuga. “Nadie puede poner las manos en el fuego para asegurar que el compromiso con los buitres implica obtener préstamos para generar obras de infraestructura o mejorar la capacidad productiva, o la capacidad de generar dólares por el canal comercial”, sostuvo. Y apuntó: “Además, leyendo e interpretando el conjunto de medidas que ha tomado este gobierno, claramente se prepara la fuga de capitales de los sectores que (trasladando sus costos a los precios) van a presentar altos índices de rentabilidad, girar el dinero al exterior, y luego dejar al país con la productividad completamente paralizada: es decir que, en definitiva, vamos a terminar con una economía igual o peor, pero nuevamente endeudada”.

Devaluación, retenciones y la alegría del sector concentrado

Para el economista, la devaluación de la moneda de la que se favorecieron los bancos formó parte de una serie de medidas orientadas en función de garantizar la transferencia de recursos a los sectores más concentrados.

“Se hizo una eliminación de retenciones sobre el stock, es decir, sobre la cantidad de granos acumulados en silo bolsas que el sector agroexportador estaba reteniendo, especulando durante toda la temporada con una eventual victoria de Cambiemos para venderlo a mejor precio. Eso fue como hacerles un regalo por haberlos apoyado durante la campaña, y además porque son los sectores que representan, porque no hay ninguna clase de ventaja para el país con esta situación”, explicó. Y completó: “Estamos hablando de seis o siete empresas gigantes, que se llevaron toda esa ganancia. Tiene sentido si se lo piensa como una medida tomada por el propio sector, pero desde el punto de vista de las finanzas públicas, distributivamente es algo completamente regresivo”.

Para D’Attellis, este es el retorno a un modelo económico de especulación financiera. Según explicó, la liberación del mercado cambiario genera que la tendencia hacia la producción se revierta hacia la especulación. La regulación de la economía por parte del anterior gobierno sólo pretendía inclinar la balanza hacia el capital productivo, “pero ahora se regresó a una lógica de corte netamente especulativa”, aseguró.

“CON EL MERCADO LIBERADO LA MEDIA DOCENA DE GRANDES JUGADORES DE LA AGROEXPORTACIÓN SE APODERARON DEL CONTROL DE LA ECONOMÍA Y TIENEN LOS RECURSOS PARA INFLUIR TANTO SOBRE EL VALOR DEL DÓLAR COMO SOBRE LA TOMA DE DECISIONES. NADIE LOS PUEDE FRENAR.”

“Con el mercado liberado, la media docena de grandes jugadores de la agroexportación se apoderaron del control de la economía y tienen los recursos para influir tanto sobre el valor del dólar como sobre la toma de decisiones. Nadie los puede frenar. Ellos van deslizando el tipo de cambio hasta que obtienen la máxima rentabilidad por sus granos y cereales; el mismo Prat-Gay anunció que ese sector no había cumplido el compromiso de liquidar esas exportaciones cuando les liberó el dólar”.

Lentamente, el sector financiero presionó para que el valor de la moneda norteamericana subiera de $13,50 hasta casi 16 pesos en menos de dos meses. “Mientras haya inflación alta, que es algo asegurado, el tipo de cambio no va a bajar y para fin de año ya se está pensando en un piso de 19 pesos por dólar”, consideró el especialista, y agregó: “Es más, eso en un escenario ideal dentro del cual efectivamente ingresan divisas a cambio de endeudamiento; pero si los préstamos llegan a demorarse, ahí sí que nadie sabe hasta qué valor treparía”.

“MIENTRAS HAYA INFLACIÓN ALTA, QUE ES ALGO ASEGURADO, EL TIPO DE CAMBIO NO VA A BAJAR, Y PARA FIN DE AÑO YA SE ESTÁ PENSANDO EN UN PISO DE 19 PESOS POR DÓLAR.”

Para terminar de asegurar el camino hacia la recesión, el gobierno de Macri anunció una nueva emisión de bonos, por un valor superior al 50% de las actuales reservas del país. “El gobierno emite estos bonos para afrontar el pago a los holdouts. Es una emisión de deuda para pagar una deuda que sirve para pagar más deuda; y terminamos hablando de cifras de 15 mil millones de dólares, luego otros 10 mil millones para pagarles a los prestamistas que tienen atrasos, y así. Entonces serían 15, 20, 30 o hasta 40 mil millones de dólares: es un nivel de deuda inimaginable, y nadie cree que se la vaya a utilizar para acrecentar la capacidad productiva del país”.

Para el economista, es de sentido común que con estas medidas lo último que va a suceder es que ingresen divisas por medio de las exportaciones. “Decir eso sería desconocer completamente el marco financiero mundial en estos momentos”, sostuvo. Y agregó: “Con la recesión en Brasil, la caída de los precios en las materias primas y la suba de las tasas de interés en la reserva federal de Estados Unidos, nadie podría creer que la economía puede mejorar con una devaluación o con la liberación del tipo de cambio”. Para finalizar, Agustín D’Attellis consideró que la única mejoría generada hasta el momento fue el incremento de la rentabilidad para los sectores exportadores. “Pero sólo en aquellos grandes propietarios rurales que tienen la capacidad para guardar su cosecha en silo bolsas, ni siquiera en los medianos productores”.