Por Jorge Halperín

Tuve una experiencia reciente un poco traumática sobre las redes cuando me dijeron públicamente que revisaban mis twits. Esto me hizo pensar un poco en el tema. Las redes sociales han ampliado los límites de la democracia, y un luminoso ejemplo de eso son las numerosas convocatorias de una militancia no partidaria que se reune en las plazas y que hoy es el fenómeno más llamativo. Hablo de los muchos grupos que mantienen viva una militancia cuando las otras militancias no están muy visibles, la de las dirigencias políticas está en veremos. No son una militancia ciudadana opuesta a la de los partidos, pero están sumando maravillosamente en un momento en que hay muchos silencios.

Pero, justamente porque las redes son un instrumento de esta expresión democrática, desde el Gobierno se quiere convertir las redes en rejas.

Lo que nos pasó al grupo de periodistas despedidos de Radio Nacional, y a mí en particular, cuando la nueva directora dijo que revisaban mis twits, es una muestra de un Gobierno que confecciona listas negras y se propuso ejercer una Policía mediática para espiar y perseguir a los más críticos del macrismo, y no sólo a los más críticos, sino a otro de sus blancos predilectos, que son los empleados públicos, en particular los contratados en la última década.

Los medios no te lo recuerdan, pero hace apenas un año y medio la Corte Suprema produjo un fallo ejemplar, condenando como un delito federal lo que hacía un ex marido espiando el Facebook de su mujer.

Concretamente, la Corte Suprema de Justicia de la Nación consideró que es un delito federal revisar conversaciones ajenas a través de las redes sociales, celular o mails. Dijo que quien lo hace puede llegar a ser condenado con prisión de entre quince días a seis meses –lo que, es cierto, lo hace una pena excarcelable–, aunque puede extenderse a un año si se prueba que el autor le da difusión al contenido a través de un tercero.

Alguien puede decirme: “Pero si vos abrís una cuenta de Twitter o Facebook estás abriendo una comunicación, te ponés a la vista de muchos”. Es cierto, el delito se refiere a la intrusión en los mensajes privados. ¿Y por qué para la Corte es un delito?: porque las cuentas de correo electrónico y de Facebook, e imagino que se extiende a los twits, constituyen una “comunicación electrónica” o “dato informático de acceso restringido”. De hecho, las reglas de Twitter y Facebook permiten al titular de la cuenta bloquear a aquellos con quienes no desea mantener el contacto.

Me paso bloqueando trols e insultos de cuentas falsas y verdaderas. Es decir, nadie está imposibilitado de acceder a mi cuenta de Twitter a menos que yo, soberanamente, no quiera.

¿cuál es la diferencia entre acceder y “revisar”? No soy un especialista, pero la diferencia consiste en que ingresar a mi cuenta para espiarme con el propósito de echarme de un trabajo o acosarme, o ejercer algún tipo de perjuicio sobre mí, es “revisar” mi Twitter, y eso es delito.

Ahora, ¿cuál es la diferencia entre acceder y “revisar”? No soy un especialista, pero la diferencia consiste en que ingresar a mi cuenta para espiarme con el propósito de echarme de un trabajo o acosarme, o ejercer algún tipo de perjuicio sobre mí, es “revisar” mi Twitter, y eso es delito.

El artículo 73 de la Ley de Contratos de Trabajo es muy claro al respecto. Su título es “Prohibición. Libertad de expresión” y dice: “El empleador no podrá, ya sea al tiempo de su contratación, durante la vigencia del contrato o con vista a su disolución, realizar encuestas, averiguaciones o indagar sobre las opiniones políticas, religiosas, sindicales, culturales o de preferencia sexual del trabajador. Este podrá expresar libremente sus opiniones sobre tales aspectos en los lugares de trabajo, en tanto ello no interfiera en el normal desarrollo de las tareas”.

Se entiende que las redes están para garantizar y ampliar la libertad de expresión, y quien me perjudique por el ejercicio de esa libertad está avasallando la Constitución.

Y, aun si no estuviera configurado como un acto prohibido, es inmoral producirle un daño al otro por sus opiniones.

El Gobierno de Macri espía y opera perversamente en las redes. Daniel Filmus, cuando era candidato en 2007 a jefe de Gobierno de la ciudad, sufrió el acoso de los call centers de Jaime Durán Barba, propagando mentiras injuriosas sobre el padre de Filmus.  El propio fiscal Nisman procesó a Macri por las escuchas telefónicas en 2009, y ¿saben qué?, en ese mismo año se conoció que Macri como jefe de Gobierno de la ciudad envió un “Gran hermano” a las empresas radicadas en esta ciudad exigiendo que aplicaran un interrogatorio a todos sus empleados. Ese cuestionario tenía preguntas habituales cuando se ingresa a una empresa, pero también indagaba sobre adicciones, alcoholismo, drogas, juego. Y se puede imaginar uno que no era para desarrollar programas de ayuda a los que sufren adicciones.

Hay una obsesión por controlar a los ciudadanos, y no es un invento de Macri. Lo de él se inscribe en una peligrosa tendencia mundial: los especialistas dicen que hay varias formas en que se puede espiar en las redes. Una de ellas es la lectura de los mensajes privados en Facebook o Twitter mediante la asistencia de un “keylogger”, que captura las contraseñas.

También existen múltiples troyanos, es decir, software que permite administrar una computadora de forma remota como si se estuviese frente a ella. Ya hay muchos de esos programas en la red; por ejemplo, hay una búsqueda en Google con los términos “espiar pc pareja” que sólo necesita un solo click para bajar un programa.

Un tercer seguimiento puede hacerse mediante la geolocalización del teléfono móvil de otro.

Los smartphones son un avance tecnológico y desde hace tiempo hay en el mercado software para smartphones (principalmente Apple y Android) que permite localizar un teléfono y, entonces, saber dónde está su dueño. En el caso de Apple, está “Find my Iphone”, y para Android, “Android Device Manager”.

Una cuarta alternativa es leer el WhatsApp del otro. Mucha gente cree que por borrar una conversación ya está a salvo de que pueda ser descubierta. Pero una herramienta llamada Recover Messages permite hacer dos cosas: recuperar los mensajes borrados y troyanizar el WhatsApp de una pareja

Ese es el mundo que imaginó Orwell en su relato 1984, pero ya no es ficción. Macri no inventó nada.

están ocultando el uso creciente de compañías privadas para espiar las vidas digitales de sus ciudadanos.

El 16 de julio de 2014, unos días después del fallo de nuestra Corte Suprema, la Oficina de Derechos Humanos de la ONU denunció que “Gobiernos en todos los continentes están ocultando el uso creciente de compañías privadas para espiar las vidas digitales de sus ciudadanos.

Sabemos lo que hace el Gobierno norteamericano con Google, Facebook y todos los grandes servidores, y lo mismo los Gobiernos de las potencias europeas.

Y siete meses antes, el 20 de noviembre de 2013, la Asamblea General de Naciones Unidas habló sobre el derecho a la privacidad en la era digital. Y, textualmente, “Exhorta a todos los Estados a que: a) Respeten y protejan el derecho a la privacidad, incluso en el contexto de las comunicaciones digitales; b) Adopten medidas para poner fin a las violaciones de esos derechos y creen las condiciones necesarias para impedirlas, como cerciorarse de que la legislación nacional pertinente se ajuste a sus obligaciones en virtud del derecho internacional de los derechos humanos”.

No sé si el Gobierno macrista emplea alguna de esas siniestras tecnologías, pero no dudo de que pesquisa y espía a quienes caracteriza como militantes, empleados públicos despedibles o tontos como yo, que digo en los micrófonos que su proyecto es una vuelta a los noventa con un peligroso componente autoritario y policial.

Cuando la directora de Radio Nacional dijo suelta de cuerpo que me revisan los twits estaba mostrando que para este Gobierno está bien pesquisar o espiar a la gente que considera indeseable –o sea que no es consciente de una grave falla ética–. Y es así porque sabemos que varios ministerios pesquisan a los empleados en las redes. Y lo que están haciendo forma parte de una aberrante cultura empresaria en la que es común espiar a sus empleados con la idea de controlarlos y disciplinarlos, porque están convencidos de que las personas que trabajan con ellos son de su propiedad.

La anécdota concreta es que yo le había enviado un mensaje de Twitter unos días antes que ella calificó de agresivo. Resulta que ella había hablado por la radio diciendo que a los despedidos no tenían obligación de notificarnos porque eran contratos vencidos. Entonces le envié un mensaje pidiéndole que se pusiera en mi lugar. “¿Qué tal si cuando trabajabas en Clarín te despedían y no te notificaban? ¿Contratos vencidos? ¡Joda! Trabajo en Radio Nacional hace 8 años”. ¿Ustedes ven algo de agresivo en ese mensaje?

Y es evidente que mostró ese mensaje a otros funcionarios del equipo del “pluralista” Lombardi. Pero, aun en el caso de que hubiera sido agresivo, ¿eso justifica dejar sin trabajo?

Esta gente está a cargo de los medios de comunicación, instrumento de la democracia, y tiene una grave desviación como policías mediáticas y como autoritarios y responsables de listas negras. Y veo esa desviación en línea con el pensamiento de su jefe, Mauricio Macri.

El atropello contra la Ley de Medios, contra sus instituciones y contra un grupo de periodistas de la radio pública muestra a una derecha paranoica y autoritaria. Quiero creer que los 33 años de democracia y la década de ampliación de derechos que hemos vivido nos han preparado para ponerle freno a este gobierno desbocado. ¡Cuánta tarea hay por delante!