Por Roberto Álvarez Mur

Momentos antes de integrar, junto a Carlos Barragán y Cynthia Ottaviano, uno de los espacios de debate y reflexión bajo el lema “Rumbo al Congreso Nacional de la Coalición por una Comunicación Democrática”, el periodista y escritor Jorge Halperín conversó con Contexto de los principales temas de discusión de la actualidad política. En un panorama marcado por la represión, el ajuste económico y la necesidad de generar un contrapeso político, Halperín asevera: “La detención de Milagro Sala es un ejemplo claro de ese mandato de venir a castigar”.

–En vistas del nuevo escenario político que se está marcando en Argentina, ¿cuál es el rol que se reserva para los medios de comunicación el periodismo? ¿Cómo se posiciona en ese lugar la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual?

–Lamentablemente, la concentración mediática que correctamente intenta impedir la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual no se ha podido detener. Más aun bajo este nuevo gobierno, donde se ha profundizado aceleradamente. Ya era evidente que este sector de los medios venía en una etapa de decadencia con la aparición de los medios gratuitos y el impacto que eso tuvo en las condiciones de trabajo de los periodistas. A eso se suma el despido de profesionales calificados porque eran salarios más altos y eran reemplazados por jóvenes con menos experiencia y muy mal pagos. Con el desplazamiento de lo periodístico hacia un rol de complemento de una estructura de negocio.

Eso pasó con los grandes grupos económicos que tenían tradición de familias periodísticas –el caso Clarín es quizás el más claro– pero que fueron paulatinamente convirtiéndose en un grupo de multinegocios donde lo periodístico tiene que estar al servicio de un conglomerado de negocios que representan. La aparición de empresarios de otros rubros que compraron medios periodísticos que coyunturalmente junto con el kirchnerismo fueron acompañantes, pero que tienen comportamientos empresarios rapiñeros, propiciando muy malas condiciones de trabajo para los periodistas.

tras la derrota del Frente para la Victoria, estamos viendo incluso que algunos medios que apoyaban al kirchnerismo están atravesando situaciones muy difíciles, en algunos casos cerrando con ventas truchas o sospechosas.

Todo este cuadro, agravado por las tensiones que se desataron entre los grupos económicos y sus voceros mediáticos frente a los que apoyaban al anterior gobierno, fue redundando en un escenario decadente en la práctica periodística y los medios. No casualmente, tras la derrota del Frente para la Victoria, estamos viendo incluso que algunos medios que apoyaban al kirchnerismo están atravesando situaciones muy difíciles, en algunos casos cerrando con ventas truchas o sospechosas.

–¿Esta nueva etapa política, entonces, se presenta como un fuerte retroceso para el periodismo argentino?

Yo siempre dije que la década ganada, que realmente lo fue en cuanto a los avances en las condiciones de vida de los sectores vulnerables de los trabajadores y de todos en general, no fue década ganada para el periodismo. Rotundamente no pudimos experimentar los avances, ventajas y ampliación de derechos –característica de la década ganada– en el plano de los periodistas. A los periodistas se nos achicaron las condiciones.

–Dado ese panorama, ¿cómo puede pensarse la posibilidad de construir una comunicación democrática y popular, un periodismo plural?

–Estamos en el peor momento para esa pregunta. Sobre todo al instalarse un gobierno que todavía goza de mucho apoyo popular. Yo tengo una sospecha propia de que no sólo goza de apoyo popular para las cosas buenas que anunció desde lo discursivo: también goza de un gran apoyo popular para la represión que está ejecutando. Yo creo que una gran parte de los votantes del macrismo le dio un mandato tácito, no confeso. El año pasado se fueron caracterizando, además del discurso de la paz y el diálogo, por poner al kirchenrismo en un lugar mafioso, criminal. Y naturalmente, desde esa caracterización, se postularon a ellos mismos como un partido que venía a limpiar toda esa mafia y corrupción. Y están haciendo cosas donde no se toman el mínimo decoro para cuidar la legalidad de lo que hacen. La detención de Milagro Sala es un ejemplo claro para satisfacer ese mandato no dicho abiertamente de venir a castigar.

–Más allá de una coyuntura actual tan crítica, Argentina viene de diez años de avances en materia de derechos humanos, el nacimiento de una nueva militancia política, entre otros elementos. En ese sentido, ¿existe la herencia en la sociedad de esas conquistas, en un plano cultural e ideológico? ¿Existe la posibilidad de un contrapeso contra el poder?

–Por supuesto que es posible. Hay un sector enorme de la sociedad, de hecho casi la mitad, que no lo votó a Macri, por lo tanto puede inferirse que no querían políticas represivas, no querían despidos masivos, no quería transferencia brutal de riquezas hacia los sectores más concentrados, no querían  el alineamiento automático con Estados Unidos ni un apoyo sin condiciones a los buitres. Hay una mitad de la sociedad que está en ese lugar. Lo que pasa es que estamos en el peor momento políticamente, ya que están haciendo a toda velocidad sus políticas, inteligentemente como les conviene, aprovechando que el FpV está sumido en una interna con debates sobre motivos de la derrota, quién tuvo la culpa o quién va a ejercer el liderazgo, sin mucha capacidad de respuesta. A eso se suma que los sindicatos están en una posición pasiva, ya que los más fuertes están siendo sobornados por la promesa de la plata de las obras sociales y el Congreso aún está en receso. No obstante, esto no es eterno, la pasividad del FpV se va a ir licuando para definirse liderazgos, líneas de acción, y los sindicatos van a empezar a manejarse de manera más orgánica. Por eso no van a dejar tan sola a esa militancia espontánea que se ve en las plazas y en las calles, que es un fenómeno maravilloso que apareció en el momento en que más se necesitaba. De manera que yo veo este momento como terrible porque aún no parece haber una respuesta orgánica y suficientemente fuerte a los atropellos que está cometiendo este gobierno.

–En estos meses de macrismo persiste una acción simultánea entre políticas represivas y aplicación de medidas económicas. ¿Esa dinámica es una característica propia del macrismo o es una figura repetida en la historia?

–Desde ya que se ha repetido en otros momentos de la historia argentina. Por ejemplo, uno puede ubicar el menemismo, que tiene afinidades enormes en su idea de políticas económicas neoliberales y de ajuste, pero que se caracterizaba por feroces persecuciones. Hizo un desastre del país, con una deuda externa inabordable, pero no aplicó al mismo tiempo una fuerte política represiva. Quizás no le fue necesario porque se venía de otras condiciones. Se venía de un gobierno que había caído en el medio de una hiperinflación y un enorme temor de la gente de caer en el abismo. Por su parte, uno ya podía observar las políticas de represión del macrismo en episodios como el del hospital Borda o el San Martín.

–¿Qué consecuencias tienen en el imaginario social estas políticas?

–Estas políticas tienen una limitación muy grande. Pensemos en el gobierno de Duhalde cuando tuvo dos muertos bajo la ejecución de la Policía, cuando venía diciendo “vamos a reprimir con toda la fuerza”. Y lo decía porque una parte de la sociedad estaba indignada con los cortes de calle. Es decir, siempre hay un sector muy amplio de clase media y también de otros sectores sociales, que pide represión y después no se hace cargo que la pidió. Los asesinatos de Kosteki y Santillán fueron el límite para eso. Esta gente está planteando otra vez un Protocolo de Seguridad que libera a las Fuerzas Armadas al uso de armas y está jugando con fuego. Yo creo que la sociedad está lo suficientemente madura para no tolerarlo, y tengo la impresión de que estos grupos mezclan cierta astucia en cuanto a las movidas políticas en un momento de pasividad general, con torpeza en la realidad con cosas que lo hacen recular. Un claro ejemplo es el caso del anuncio de (Esteban) Bullrich, que luego debieron desconocer ellos mismos; es una muestra de que son muy torpes.